miércoles, 30 de marzo de 2011

LOS GRADOS DE LA RIQUEZA




LOS GRADOS DE LA RIQUEZA

POR ©GIUSEPPE ISGRÓ C.


Decía Paramahansa Yogananda: -“Aquél que busca a Dios es el más sabio de los hombres; quien Le ha encontrado es el más exitoso entre todos”-.
La riqueza mayor, es la de encontrar a Dios en todo y convertirle en norte de la propia existencia. Dentro y fuera de sí, todo está regido por la ley cósmica. Esta es una emanación de la sabiduría de los valores universales, o atributos divinos.
Encontrarle fuera, en todo lo que existe, es percibirle como armonía universal, regido por un propósito evolutivo, de etapa en etapa, que le otorga sentido a la propia existencia, al ubicarse en el engranaje cósmico como elemento coadyuvador del plan divino de la Creación.
La naturaleza es un libro abierto, en el que todo está trazado con el pincel divino. Es preciso aprender el lenguaje cósmico de los sentimientos de los valores universales. Los valores constituyen el abecedario cósmico. El lenguaje lo conforman los sentimientos que corresponden a cada valor, en su doble polaridad: positiva-negativa. Las obras que utilizan los valores como abecedario y los sentimientos como lenguaje, perduran en el espacio y en el tiempo, labrando los propios estados de conciencia, por la que percibimos la realidad universal. La de antes, la de ahora y la que sigue, por medio de las tendencias y de las inquietudes según los tiempos, en el ahora, siempre.
Detrás de todo este proceso, se encuentra el motor universal: Dios. Él es la fuente, el maestro y la voluntad ejecutora. Se expresa por medio de cada ser en los cuatros reinos naturales: el humano, el animal, el vegetal y el mineral.
Él, el Creador Universal, es anhelo de ser; todo lo que existe, en los cuatro reinos, es la expresión de su voluntad. Es preciso colocarse, dócilmente, bajo la guía divina, percibiendo la inspiración sublime del plan de la creación. Asumiendo la decisión de secundar al Creador Universal en la Gran Obra Cósmica, de acuerdo al respectivo grado de conciencia, se activa la FUERZA FUNDAMENTAL, que aporta la potencia necesaria y oportuna para llevar a cabo la acción constructora-creadora de la mente.
Las necesidades que se perciben, y se afrontan con decisión y confianza, generan la potencia creadora equivalente para su propia satisfacción. Dios es la voluntad universal que se expresa en todo acto creador mediante la fuerza de empuje, y la de bloqueo, para estar a tiempo en el lugar correcto, haciendo la cosa adecuada al plan divino. El director de orquesta es Dios. El instrumento: cada ser.
Al encontrar a Dios en todo, en la vida del día a día, y ponerse bajo su dirección divina para la ejecución de la cuota de la gran obra asumida como objetivo existencial, se habrá encontrado la fuente de la riqueza mayor: EL SALARIO CÓSMICO. Haz la cosa y tendrás el poder. Presta el servicio que resuelva las situaciones antepuestas a tu atención, afrontando las aparentes adversidades de la vida, y aprovecharás la riqueza mayor que Dios te brinda, día a día.
Descubre la riqueza mayor en las adversidades existenciales: en realidad, son las grandes oportunidades que la vida te brinda, disfrazadas como problemas por resolver, que alguien debe asumir: ese alguien eres tú. Ríndete útil, desinteresadamente, y deja que el pago lo haga Dios: el salario cósmico; es la riqueza mayor.
La riqueza esencial, es encontrarse a sí mismo. Es preciso percibir que somos instrumentos de la voluntad divina en los cuatro reinos naturales. Expresamos: “el anhelo de ser, de Dios”. Somos una emanación espiritual de su misma naturaleza. Siempre hemos estado allí, lo que ha ido cambiando es nuestro grado de conciencia, y de percepción, en el eterno presente, del cero grado de progreso hasta el infinito, sin límites algunos, en la espiral evolutiva.
Estamos dotados, potencialmente hablando, del poder creador de Dios, que expresaremos en el eterno presente, en grado análogo a la magnitud de las situaciones por resolver afrontadas. Mientras más elevado sea el grado de adversidad, o necesidad, experimentada, en ese mismo nivel se manifiesta el poder para resolverla, o satisfacerla.
La primera parte de la riqueza esencial: es adquirir conciencia de la posesión de ese poder potencialmente infinito que poseemos. Luego, creer en su manifestación oportuna, sin abandonar en los momentos menos fáciles, en cada etapa de la existencia.
La segunda parte, es: percibir que estamos dotados de los mismos atributos divinos del Creador Universal, representados por los valores universales, soportes de los principios cósmicos y bases esenciales de: la ley cósmica.
Esos atributos divinos se encuentran plasmados en la propia conciencia, la cual es una réplica exacta de la de Dios. Es en ella donde se expresa la enseñanza divina de Dios: por medio del lenguaje de los sentimientos en análoga correspondencia con los valores universales, en su dualidad de polaridades. Por eso es que cada ser sabe, en su propia conciencia, lo que es junto o injusto, lo que es hermoso y lo que no lo es, que es el bien y el mal, sin que nadie tenga que decírselo y pese a desconocer todo tipo de legislación del derecho positivo. Es Dios que deja oír su voz en la conciencia como acción pedagógica. Él es el Pedagogo Universal. Su inspiración permite conocer el objetivo que nos toca realizar en el plan divino y la riqueza inherente, como salario cósmico.
Descubrir la propia conciencia, y los sentimientos inspirados por Dios dentro de ella, como guía, es la riqueza esencial. Para ello es necesario callar externamente, retraerse al interior, abstrayéndose del ego, y haciéndose sensible a la voz divina que orienta y asiste en todos los actos existenciales. Aún cuando parezca que todo está perdido, en los momentos menos fáciles,  jamás se debe abandonar la confianza a pesar las apariencias en contra. Si persistimos, aceptando la realidad, como prueba de vida, sometiéndonos a la voluntad divina y aceptando que ese es el escenario correcto que Dios ha elegido para aportar la enseñanza necesaria de acuerdo al plan divino, emergerá la energía suficiente que habrá de conducirnos al nuevo orden que corresponda, en el esquema cósmico, de acuerdo a la propia suma existencial.
En la rueda del destino somos nosotros mismos, por nuestros actos precedentes, quienes hemos puesto en movimiento los acontecimientos que nos circundan por los pensamientos, por los sentimientos, por las palabras y por los actos,, cosechando de acuerdo con la siembra efectuada. Es la ley de acción y reacción, de causa y efecto, del karma y del vipaka, de la siembra y recogida. Todo este mecanismo es regido por la ley de afinidad, por la de justicia, por la de igualdad, por la de compensación, por la de bondad y por la del amor; esta última, síntesis de la ley cósmica.
La riqueza necesaria: encontrando el propio lugar en el mundo. De acuerdo a la suma existencial alcanzada por incontables ciclos de vidas, y de acuerdo a la ley de afinidad y las demás leyes cósmicas que les son inherentes, enunciadas en el parágrafo anterior, la vida va ubicando, a cada ser, en el orden que le corresponde en el concierto de todas las cosas. Allí, de acuerdo al plan divino, y a la ley del karma y la del vipaka, él encuentra el lugar su propio lugar, que deberá asumir, para realizar lo siguiente:
Primero: La cuota que le corresponde en la gran obra cósmica, de acuerdo al plan divino y a su propio nivel evolutivo.
Segundo: El aprendizaje que precisa, de los valores universales, para regir su acción creadora en el logro de esos objetivos existenciales, usando la energía o fuerza fundamental puesta a su disposición.
Tercero: Recibir la compensación de la cual es acreedor de sus incontables ciclos de vida anteriores.
Cuarto: Aportar la compensación que debe, también como consecuencia de esos innumerables ciclos de vida pasados.
Quinto: Recibir el salario cósmico por su trabajo realizado en cada etapa existencial.
Sexto: recibir las nuevas misiones de vida a las cuales se hace acreedor por sus avances evolutivos y mayor capacidad de hacer o de asunción de objetivos de mayor envergadura. A estas alturas, el ser está conciente de que, únicamente, podrá encontrar su lugar en el mundo, por medio del servicio en cualesquiera de las vertientes mencionadas y en muchas otras que se les irán haciendo claras, gradualmente.
La ley del servicio hace uso del grandioso principio de DAR, antes, para recibir. Es preciso sembrar para poder cosechar.
En este camino del dar y recibir, la vocación es la que va señalando el sentido direccional, ordenando la propia existencia.
La necesidad es la que expresa el grado de poder creador inherente a su satisfacción. La ley del karma y la del vipaka, establecen las prioridades esenciales de acuerdo a las cuales se irán abordando las tareas en base a su orden de importancia, o urgencia, ubicando cada cosa en su respectivo lugar y oportunidad.
Dentro de este bagaje existencial, la riqueza más importante es su propia mente, como parte de la mente universal, mediante la cual puede llevar a cabo cualquier objetivo que sea capaz de concebir, asumiéndolo como propósito, enunciándolo por escrito, y estableciendo el tiempo máximo dentro del cual debe ser plasmado como resultado satisfactorio, en el mejor o en el menos favorable de los casos.
Los recursos necesarios más importantes, los constituyen las ideas; éstas, tienen fuerzas de atracción y de repulsión, atraen a los elementos coadyuvantes y repelen los contrarios. Son las semillas de todas las realizaciones. Teniendo las ideas claras de los objetivos que se desean realizar, se tiene el recurso más importante. Lo demás vendrá por añadidura, ya que todo proyecto forma parte de la ley de la oferta y de la demanda. Toda oferta crea su propia demanda y toda demanda, su propia oferta, de acuerdo a la Ley de Say.
Las ideas como semillas, sembradas y sostenidas en la propia mente, -tierra cósmica-, que forma parte de la mente universal, -la del Creador-, atraen a las sustancias –elementos esenciales- que habrán de coadyuvar a su desarrollo. Esas ideas, y sus logros inherentes, formarán parte de la ley de la demanda y de la oferta cósmica.
Toda semilla sembrada en la tierra adecuada, regándola durante el tiempo que sea preciso, oportunamente germinará, dando los frutos, las flores o la madera, o cualesquiera sean los resultados apetecidos, según la especie. Quién lo duda?
Dominando el mecanismo de las ideas, de su siembra como semillas, de la programación de los resultados apetecidos, enunciándolos por escrito, en un plan de acción realista, exigente, que implique un reto, para generar motivación suficiente, y alcanzable, en el espacio y en el tiempo adecuados, que justifiquen el esfuerzo de su puesta en practica, se habrá dado el primer paso. Asumiendo los objetivos como propósitos existenciales, que serán visualizados en la pantalla mental, en la quietud interior del ser, como si ya estuviesen alcanzados satisfactoriamente, constituye el segundo. Luego, poner manos a las obras, haciendo la parte que a cada quien le corresponda, y permitiendo que Dios, haga la suya, sin obstaculizarle su acción coadyuvadora: el tercero.
La fuerza fundamental de Dios, actuando por medio del propio ser, oportunamente, realiza todas las obras esenciales que deber ser logradas, en el espacio y en el tiempo, definidos.
Tienes el poder; haz la obra que te corresponda de acuerdo con el plan divino y tendrás lo que mereces. la riqueza, en sus diversas vertientes de: mayor, esencial y necesaria, en calidad de salario cósmico.
Adelante.


miércoles, 23 de marzo de 2011

MORO, EL PERRO DE FERNÁN NÚÑEZ



MORO, EL PERRO DE FERNÁN NUÑEZ

©POR GIUSEPPE ISGRÓ C.



En el año 2006, todas las semanas viajaba a la ciudad de Córdoba, en Andalucía. El conductor del autobús, que ya se había hecho amigo mío, me contó una interesante historia.
En el pueblo denominado Fernán Núñez, que se encuentra a pocos minutos antes de llegar a Córdoba, en el año 1970, apareció un perro pastor alemán, de color negro.
De las dos hipótesis que existen, la primera, de que fue dejado en una gasolinera, por un camionero, y la segunda, la que sostiene de que fue llevado allí por un trabajador del campo, a destajo. Esta última opinión tiene mayor sustentación, por cuanto al desencarnar aquel hombre, el perro le acompañó, junto a su cuerpo inerte, durante algunos días, hasta que en esas condiciones fueron encontrados ambos.
A partir de entonces, el perro Moro deambulaba por las calles de Fernán Núñez, y los vecinos del pueblo les acariciaban y le daban comida.
A partir de cierto momento, la gente comenzó a notar varias cosas que se convirtieron en una constante en el perro Moro.
La primera: Cada vez que en el pueblo iba a desencarnar alguna persona, dos días antes Moro se apostaba en las cercanías de la casa del futuro viajero a la dimensión espiritual y ya no se movía de allí, hasta que ocurría el suceso.  
La segunda: Ocurrida la desencarnación de la persona en particular, cuando se efectuaba el traslado de los restos a la última morada, el perro acompañaba a los familiares y al cortejo, hasta ese lugar, colocándose entre ellos y el vehículo que le transportaba. Después se regresaba al pueblo junto con la gente.
La tercera: Cuando alguien pasaba a mejor vida en un lugar distante, y trasladaban sus restos a Fernán Núñez, el perro Morro, con antelación de varias horas, se apostaba a la entrada del pueblo esperando a que el carro que le traía, llegara.
La cuarta: Moro se trasladaba a la casa en que le velarían, después de lo cual, le acompañaba, junto con el cortejo, hasta la última morada.
La historia cuenta que esto se repitió en torno a 600 veces, desde 1970 hasta 1983, fecha ésta en la que unos chavales enviaron a mejor vida a Morro después de propinarle inhumanos golpes.
Las hipótesis son de variado cuño, desde la que señala que Morro buscaba multitud de gente con la esperanza de recibir comida y cariño. Pero, esta opinión se cae por su propio peso, ya que Moro no asistía ni a las bodas ni a otros eventos que atraían multitudes.
Se sostiene que un empleado del Ayuntamiento, por esa época, de nombre Manuel, colocaba unos banderines en las casas en que habían ocurridos desencarnaciones, y que Moro le acompañaba. Después de lo cual, siempre recibía de Manuel: comida y cariño. Se quiere explicar el hecho de que relacionaba las desencarnaciones con ese aporte de comida y cariño, y dado que por algún sentido extrasensorial percibía la proximidad de la desencarnación de las personas, se apostaba en el lugar, esperando que llegase Manuel a que le diese, precisamente eso: comida y cariño.
Esta hipótesis, también resulta insuficiente, ya que no explica el acompañamiento hasta la última morada, ni la espera a la entrada del pueblo cuando llegaba alguien que había pasado a mejor vida en las afueras.
Se cuenta que, en diversas ocasiones, Moro fue puesto en algunos camiones y trasladado a Granada y Ciudad Real, y abandonado allí. Empero, al poco tiempo, volvía a Fernán Núñez por sus propios medios.
Evidentemente, la conducta de Morro creaba cierto temor en gran número de personas, sobre todo cuando se acercaba a sus casas y había en ellas algunos familiares con salud precaria.
Una mujer de Fernán Núñez, de nombre Carmela, lo cuidaba y fue la que le puso por nombre “Moro”.
Sin duda los perros, y los animales en general, tienen las mismas facultades espirituales que los seres humanos, y las especies vegetales, como lo prueban incontables investigaciones científicas, como las de la Sociedad de Investigaciones Psíquicas, de Londres, y las de Ernesto Bozzano, en su libro: LOS ANIMALES TIENEN ESPÍRITU? Y la de Leo Talamonti, intitulada: PARAPSICOLOGIA E MISTERI DEL MONDO ANIMALE. Talamonti cuenta el caso de la perra Dora, que después de dos años y medio de haber sido regalada, al haberse ausentado su dueño, vuelve a su antigua casa, unos días antes de que éste regrese de su larga ausencia. –Cómo sabía Dora de que su antiguo amo, a quien le tenía gran afecto, iba a regresar?
-Cómo regresó a Fernán Núñez, el perro Moro, desde Granada y Ciudad Real, después de haber sido abandonado allí y sin saber por que camino había sido llevado?
El autor de este artículo ha reseñado la historia de una gata de nombre María Dondena, que después de ocho meses, y recorriendo 400 Km., regresó a su antigua casa. También ha reseñado otros importantes casos en un artículo intitulado INTELIGENCIA ANIMAL.
La percepción espiritual de los animales es más profunda y lúcida que la de los humanos. Ellos ven cosas y las entienden en un grado mayor de que los humanos piensan.
Sin duda el velo que impide ver en la dimensión espiritual, a los humanos, no existe para algunos animales o para todos ellos, lo que le hace percibir, prediciendo sucesos, con su conducta, que se corroboran días después, indefectiblemente. Ellos saben cosas que a los humanos se les escapan. –Por qué?
La Parapsicología, el Espiritismo, las Ciencias Psíquicas, y las Ocultas, el Chamanismo, y algunas otras corrientes de pensamiento, ofrecen estudios que aportan respuestas a gran número de inquietudes que cada día atraen más la atención a nivel masivo, y en el mundo entero.
El perro Moro yace en su última morada en las cercanías de un paredón, en un Parque de Fernán Núñez, el cual, al caerse en forma inexplicable, conformó una especie de monumento encima de la misma.
El artista oriundo de Fernán Núñez, Juan Polo, realizó una hermosa escultura del perro Moro, que refleja el sentimiento, la serenidad, la bondad y la inteligencia de este noble animal, el cual monumento, por encargo de las autoridades locales, se encuentra en el Parque de Las Fuentes, en Fernán Núñez.
La fama de Moro alcanzó proporciones nacionales e internacionales, y la televisión y la prensa de diversos países, entre ellos Alemania, han realizado interesantes documentales sobre él. Por méritos propios ha pasado a engrosar la historia y la leyenda animal, llamando la atención sobre facultades que precisan ser mejor estudiadas por el ser humano.
Adelante.

lunes, 21 de marzo de 2011

PODER ABUNDANTE PARA VIVIR




PODER ABUNDANTE PARA VIVIR
   ©GIUSEPPE ISGRÓ C.


Cada día tiene su afán, dijo el poeta, y constituye una nueva oportunidad para avanzar en el logro de metas predeterminadas.

Es necesario utilizar el poder creativo que reside en el ser interior para abordar únicamente el "afán propio de cada día", dejando al pasado las cargas obsoletas, y al futuro, las que vendrán, una a una.

Posees todo para triunfar. Enfoca tu poder creativo a la solución de las cosas prioritarias y esenciales que verdaderamente te competen, abandonando a momentos propicios las cargas innecesarias con las cuales cada persona suele comprometerse.

Elimina todas aquellas actividades y compromisos discordantes con las propias metas en la vida, para rendir más fácil el esfuerzo de alcanzarlas.

"El ser humano, -decía A. Saint-Ives DÁlveydre-, debe dejar de murmurar en contra del destino, porque éste, es casi siempre la ley que el mismo puso en movimiento".

Existe cierta guía direccional interior que pone en contacto, a cada quien con las experiencias, personas o circunstancias que, constituyendo, a la vez, pruebas fundamentales, propician el intercambio y avance evolutivo.

La síntesis de los factores externos e internos, permiten, a toda persona, forjarse la concepción clara de la visión existencial, con sus oportunidades y limitaciones, con las aptitudes y carencias, las cuales imprimen, a su vida, el sentido direccional que constituye la verdadera misión en la vida, seleccionando las áreas de servicio vocacional u objetivos, como estrategia fundamental, que le indican donde está y en que dirección quiere ir, dedicando el despliegue de su poder creativo para vivir y auto-realizarse, como canal de la inteligencia divina, cuyo poder representa, y expresa, gradualmente.

Planeando tácticamente cómo y en cuánto tiempo llegar a la meta, la persona, logra su objetivo con el menor esfuerzo y empleo de recursos y energía, independientemente de cuantos obstáculos se le interpongan o del número de veces que deba reemprender la respectiva acción. La determinación y voluntad de vencer, dando un paso a la vez, con tenaz persistencia y sin desviaciones, conducen certeramente a la meta. Todo se logra, oportunamente.

Confucio, dijo: -"No hay que vanagloriarse de nunca caer sino de levantarse cada vez que se cae"-.
Conoce las leyes naturales y aplícalas para vivir en armonía contigo, con tus semejantes y con el universo.
La sabiduría divina existe dentro de ti, como guía certera, si son escuchadas las intuiciones del ser interior.

Oportunamente se resuelven las situaciones. Actúa con paciencia y efectividad, teniendo claro, en la mente, el resultado final. Paga el precio respectivo, con lo cual, las leyes naturales funcionan adecuadamente.

Da las gracias, a la divina Providencia, por todas las cosas buenas que posees: Vida, con un espíritu inmortal; luz, experiencia, familia, amigos, salud, voluntad de triunfar, tenacidad, auto-confianza, "know how" o conocimientos técnicos y/o profesionales, cultura, ciertos recursos, etcétera.

El poder de la gratitud conecta la propia dínamo psiconsciente con la fuente de donde emana todo poder genuino, el Gran Ser Supremo, con cuya unión armónica experimentas, automáticamente, las más sublimes manifestaciones de conciencia cósmica, energía y plenitud de vida.

Llena, la mente, de admiración y respeto por las leyes universales que impecablemente rigen todo, como "la dirección invisible" a que hacía referencia Adam Smith, en su obra "Las Riquezas de las Naciones", cuando decía: -"Todo individuo trata de emplear su capital de tal forma que su producto tenga el mayor valor posible. Generalmente ni trata de promover el interés público ni sabe cuanto lo está promoviendo. Lo único que busca es su propia seguridad, sólo su propia ganancia y al hacerlo, una mano invisible lo lleva a promover un fin que no estaba en sus intenciones. Al buscar su propio interés, a menudo promueve el de la sociedad más eficazmente que si realmente pretendiera promoverlo"-.

El amor, la humildad, la sinceridad de propósito, la paz y el orden interior, son elementos que es preciso cultivar, asiduamente, en el ascenso del progreso y la propia contribución a la riqueza del mundo.

La regla de oro es efectiva, cuando exhorta: -"Haz a los demás lo mismo que desearías para ti, en idénticas condiciones"-.

La armonía, cultivada en lo interno, establece correspondencia con la cósmica, con el Gran Ser Supremo, a cuya guía y poder confía la propia existencia. Poniendo orden y reinando internamente, gobiernas y ordenas en lo externo.

Establece sintonía con las fuerzas cósmicas superiores a través de la siguiente afirmación:

-Gracias, Creador Universal, porque ya todo está resuelto. Hay armonía y orden; prosperidad, abundancia y equilibrio; luz y amor; poder y humildad; fraternidad y comprensión; fortaleza y salud; sabiduría y tolerancia; riqueza y generosidad; metas y realización. Que la Divina Esencia cósmica colme mi ser y guíe mi mente para que, con acierto, actúe en todos los actos de la vida. Que las bendiciones cósmicas llenen a toda la humanidad de sentimientos de amor, fraternidad y bienestar, para que la paz profunda sea la expresión del poder para vivir que en cada persona reside. Así sea. Así será. Hecho está.

Adelante.
 
 





sábado, 5 de marzo de 2011

EL CONOCIMIENTO DE DIOS –II-



EL CONOCIMIENTO DE DIOS –II-

POR ©GIUSEPPE ISGRÓ C.


Escudero era un fervoroso de Dios. Practicaba el constante recuerdo del nombre de Dios, diariamente. Lo repetía mil veces en la mañana y otras tantas en la noche; durante el día, también mantenía centrada la atención en el Creador. Su tenaz y férrea disciplina sufí se había consolidado con muchos años de asidua práctica.
Cuando las circunstancias se ponían poco fáciles, comenzaba, mentalmente, a repetir el nombre de la Divinidad, y las cosas parecían ordenarse adecuadamente, como por arte de magia. Por supuesto, el proceder de Escudero siempre era justo y perfecto, y su acción constante la realizaba con expectativas positivas. Jamás se rendía frente a ningún obstáculo. Estaba convencido de que, cada uno, siempre tenía su propia salida.
Escudero confiaba en esto y había hecho del Dzikr  su práctica de espiritualidad habitual; era, ya, parte de él, como una segunda naturaleza.  Además, lo hacía sin esfuerzo alguno, encontrando inmenso placer, y paz, en ello.
Este tipo de Espiritualidad, le mantenía, a Escudero, la mente lúcida y en perfecta armonía. También, le había permitido adquirir un excelente control de su mente, de su pensamiento, de sus sentimientos, de sus palabras y de sus actos. Dominaba, en buen grado, la ley del karma y la del vipaka, es decir, las que rigen la acción y la reacción.
Inmerso en la conciencia de Dios, había alcanzado lo que se denomina conciencia cósmica, es decir, un estado intuitivo de la mente que le permite conocer las cosas sin saber como ni porque sabe. Esta condición, al mismo tiempo, le permite ser un canal fértil de la inspiración, es decir, recibir comunicaciones de contenidos mentales desde fuentes cósmicas, de la dimensión espiritual, de entes encarnados, en proyección astral o de entes en estado de libertad de los lazos de la materia. Empero, la inspiración en la conciencia de los sentimientos análogos a los valores universales, es, también, una de las funciones inherentes al Creador Universal, en su carácter de Gran Pedagogo.
Escudero estaba observando, ahora, como se iba depurando el velo que separaba su percepción objetiva, en la dimensión física, de la subjetiva, de la dimensión espiritual. Les resultaban visibles cosas que antes únicamente intuía.
El noble Escudero siempre había regido su conducta por los parámetros de los valores universales, y eso había convertido su vida en un manantial de bienestar y felicidad. Asumía las adversidades existenciales con absoluta entereza y ánimo contento como si fueran bendiciones de Dios, derivando de ellas importantes enseñanzas.
Bajo la égida de los valores universales había hecho realidad, en su propio nivel evolutivo, aquel mandato de los hijos de la luz, de la práctica de todas las virtudes, comenzando por ser una persona libre, -libre de los efectos de los valores en polaridad negativa, o antivalores-. Regía su vida por las más depuradas costumbres y austeras disciplinas de vida y espiritualidad directa centrada en el Creador Universal, sin intermediarios.
Más de una vez, Escudero le había referido a Hidalgo que había logrado esto con asiduo esfuerzo y sometiendo sus pasiones al crisol depurativo del constante recuerdo de Dios, o Dzikr. Mediante esta alquimia sufí, la persona va transmutando su estado de conciencia, así como sus pensamientos y sentimientos, de un determinado estado de conciencia a otro más elevado.
Hidalgo, asombrado, le escuchaba referir lo que parecían sus propias experiencias de los últimos dos años. Denotaba, Escudero, un estado de percepción interior de niveles elevados y sorprendentemente lúcidos. Cómo lo había logrado? Quién le había transmitido a quién, por vía telepática, los contenidos mentales que parecían compartir? Se asemejaba, esto, a lo que Napoleón Hill denominaba “grupo mente maestra”. En efectos, Hidalgo y Escudero tenían alrededor de tres años que se reunían, regularmente, dos o tres veces por semana, conversando sobre los temas de común interés. Esa fue una etapa inolvidable en la vida de ambos, en aquella tierra lucentina, en aquel ambiente dinamizado por la enorme pirámide que en el techo de la Estación de autobuses, quien sabe por idea de quién, se encontraba. En aquel lugar, muchos le manifestaron a Hidalgo que sentían la presencia de Dios, tal era la paz y la elevación espiritual que se respiraba. E Hidalgo se preguntaba como Escudero había llegado a aquellas conclusiones tan lúcidas sobre Dios, que ambos compartían con análoga percepción.
Hidalgo le hacía énfasis, a Escudero, en que debía complementar esa práctica de espiritualidad directa, centrada en el Creador Universal, sin intermediarios, además del amor a sí mismo y al que demostraba tener a Dios, con el amor al prójimo.
Cuando Hidalgo percibió que Escudero había entendido por el prójimo a los seres humanos, a algunos seres humanos, le enfatizó que no era únicamente a algunos seres humanos. Era a todos los  seres humanos, en todas las condiciones sociales y en todos los grupos étnicos: blancos y negros y de cualquier otra combinación de color. Pero, además, debía extender, en mayor grado aún, el amor a todos los seres de los otros tres reinos naturales: el animal, el vegetal y el mineral. Allí también se encontraba la presencia y la expresión de Dios.
Hidalgo le contó a Escudero el cuento que había oído de niño, en el cual un hombre clamaba a la Diosa Fortuna para que se le presentase y le proveyese de cuantioso bienes y tesoros. Cierto día, en la plaza del pueblo de Condró, en la cercanía de Milazzo, en Sicilia, se topó con una anciana que le causó una sensación poco agradable y a algún requerimiento de ella, le trató con indiferencia y descortesía. Trató de alejarse de ella, con rápido paso.
Ella le interpela, diciéndole: -“Por qué te alejas, hombre, si te la pasa llamándome. Aquí estoy para cumplir todos tus deseos”.
Y, aquel hombre, indignado, le insta a que se retire, diciéndole que él no le conocía y que jamás le había visto.
La noble anciana le dijo: -“No te preocupes hombre; ya me voy. Pero no sigas llamándome, que yo suelo atender el requerimiento de todo ser que a mí acude”-.
El hombre insiste: -“Vete mujer, vete, que a ti no te conozco ni quiero conocerte”-. En un ademán despectivo, se da media vuelta y emprende la retirada.
Al rato se voltea para ver si la anciana se había ido, y en su lugar ve a una hermosa y radiante mujer, vestida de riquísimo atuendo. Al instante el hombre se le acerca y le dice: -“Gracias por escuchar mi llamado, oh Diosa Fortuna.
Entonces, la Diosa Fortuna, le dice: -Cómo, ahora me buscas, cuando haces apenas unos instantes me aborreciste?
-No, Diosa, no he sido yo, es la primera vez que te veo, -le responde el hombre-.
Oh, ser ingrato, -le dice la Diosa-, yo tengo múltiples caras, tantas como seres existen en el inmenso universo, y me presento a cada persona con el ropaje y las circunstancias que contienen los tesoros que él, o ella, me solicita. Pero, tú, al igual que muchos de los de tu especie humana, me has rechazado guiándote por las apariencias. Dejaste de ver la hermosura de mí Espíritu y los dones que te traía, sin ser capaz de ver más allá de mi ropaje exterior. Éste, hermoso o no, nada significa, más allá de la riqueza espiritual del ser.
-Ahora, -continúa la Diosa-, tendrás que seguir clamando hasta que hagas méritos, y yo vuelva a visitarte, con la indumentaria que corresponda a los nuevos dones que me pedirás. Envolveré estos tesoros bajo apariencias adversas para estimular tu capacidad de percepción hasta que seas capaz de ver que las preciadas riquezas que tu anhelas, vienen encerradas dentro de las situaciones por resolver que todos creen que a otros tocan, sacándole el cuerpo. Pocos se dan cuenta de que ellos, al percatarse de que alguien debe resolverlas, ese alguien, generalmente, es la misma persona que lo percibe. Si asume el reto, una vez culminada la meta, encontrará la riqueza equivalente que la situación, en sí, encerraba.
El hombre de nuestro cuento se percató de la lección que el hecho le presentaba, y se prometió, a si mismo, de aprovechar más efectivamente la oportunidad, cuando de nuevo, por los incesantes y eternos ciclos evolutivos de la vida, se le presentara.
Escudero, oído el anterior cuento, percibió de que esta es la manera como actúa Dios.
Todos dicen amar a Dios; le oran, le llaman, y le piden tantas y tan variadas cosas que si Dios, realmente accediera a complacerles, violando las inmutables leyes cósmicas, la vida de tales pedigüeños resultaría insoportable. La mayoría no sabe lo que quiere ni lo que pide. Ahora lo hace con una cosa, mañana con otra opuesta. Creen que Dios es un juguete con el que pueden jugar a su antojo. Y cuando por la apatía fruto de su indolencia las cosechas que obtienen en correspondencia con la siembra que han efectuado, les insatisface, culpan a Dios de lo que ellos solos son responsables.
Cuando Dios, por la ley cósmica atiende a sus ruegos genuinos, por la ley del amor, por la de justicia, por la de compensación, por la de afinidad, por la de igualdad, por la de la libertad, o libre albedrío, y por la ley de atracción y la de aislamiento cósmico, se le presenta con la faz de incontables seres, en circunstancias en que precisan ser ayudados, con cuyo servicio recibirán lo que habían pedido, como salario cósmico, airados les rechazan, sacándole el cuerpo a lo que de hecho y de derecho deberían asumir, sin darse cuenta de que están rechazando, al mismo tiempo, los tesoros que habían solicitado.
Es preciso amar a cada ser que se cruza en el camino, sin importar la faz de humildad que presenta. Mientras más humilde sea la persona que el propio auxilio solicita más atención es preciso prestar: detrás de ese ropaje se encuentra Dios quien siempre paga, por la ley cósmica, los servicios prestados a cada uno de los seres de los cuatros reinos naturales, en el universo entero, donde las moradas son tantas que requeriría mucho tiempo contarlas todas: las que ahora existen, y la que lo harán, en la eternidad, en una Creación en expansión constante.
Se hace necesario repetirlo: Es preciso amar a todo ser que se cruza en el camino, buscando el propio apoyo: Allí está Dios, el Creador Universal, ayudando a ese ser y al colocarlo en tu senda, es una oportunidad de servicio que Dios te brinda, y un honor al mismo tiempo. Todos  los recursos que tú aportarás son los que Dios, con tiempo, pondrá en tus manos, si aceptas cooperar, una parte de los cuales, quedará, en tu poder, en calidad de salario cósmico, que Él ya tiene pronto para ti, en cuanto culmines la tarea que te ha sido confiada. Recuerda que el salario cósmico trasciende todo pago monetario en incontables formas y como semillas, solamente Dios sabe cuantos frutos adicionales habrás de cosechar.
Si en cambio, airado le abandonas, como tantas veces has hecho, dejando de asumir el compromiso divino del servicio y de la solidaridad universal, por la cual, hoy es por él, mañana puede ser por ti, hay que cooperar para que ningún eslabón de la cadena universal se rompa. Con uno sólo que lo haga se pondría en peligro todo el género humano, ya que se rompería la UNIDAD CÓSMICA. Pero, eso es imposible, por cuanto si hay alguien que sabe como hacer su trabajo, ese es Dios. Él se ocupa por la ley cósmica, para que cada día, a tiempo, brille de nuevo el sol, en el firmamento.
Envuelta la nuez bajo la dura cáscara, es como Dios satisface el pedido que tú formulas. En las situaciones por resolver que la vida, día a día te presenta, se encuentran las oportunidades que precisas. No le rehúyas tu ayuda a Dios, que dando es como se recibe.
El bien que ahora haces, sin esperar recompensas, a cambio, es el único que, en verdad, poseerás.
Adelante.



miércoles, 2 de marzo de 2011

El CONOCIMIENTO DE DIOS -1-



El conocimiento de Dios -1-

Por ©Giuseppe Isgró C.


Giovanni Papini, en su clásico: Juicio Universal, pone en boca de Alejandro Magno, la siguiente expresión: -“Sentí que la única empresa digna del hombre es la conquista de sí mismo para moverse a la conquista de Dios”-. Agregamos: “a la conquista de Dios”, por el amor.

Sri Ramakrishna le decía a M.: -“Quiénes sois para enseñar a otros? Por qué el ser humano no aprende por sí mismo a conocer a Dios? Cumple todos tus deberes con el mundo pero conserva tu mente fija en Dios. Meditando en el Creador, en la soledad, la mente adquiere el conocimiento de Él”.

Sin duda, la grandeza de Dios trasciende las facultades cognoscitivas del ser humano, pero, -es ésta una razón suficiente para dejar de percibir, de Él, lo que, en el eterno presente, seamos capaces de lograr? Esa es la meta eterna, afortunadamente.

El constante recuerdo del nombre del Creador, centrando la atención en Él, permanentemente, es esencial. Donde se centra la atención, se expande la conciencia y comienza a fluir el conocimiento y el poder creador.

Jamás nos hemos separado de la Fuente Universal, empero, es preciso adquirir conciencia de que la conexión con el Creador, ya existe, desde siempre.

El ser se encuentra inmerso en Dios: el Espíritu Universal, al igual que los peces lo están en el mar. Pueden tener sed, los peces, estando en el agua? Y, el ser humano, viviendo en el Espíritu Universal, puede dejar de conocerle? –Por qué no aprovecha, en mayor grado, la ABUNDANCIA que la previsión divina a puesto a nuestro alcance? -Tener “hambre”, y dejar de satisfacerla, en el Granero de Dios, es eso posible?

Hay que percibirse como una emanación del Espíritu Universal. Una emanación eterna e inmortal, autónoma, con la facultad del libre albedrío, entre otras inmensas.

El Creador Universal hace sentir, a cada instante, su voz de PEDAGOGO, en la conciencia, aportando la enseñanza adecuada. Coordinando, al mismo tiempo, para recibirla de quien y de donde menos se piensa. Oportunamente, aparecerá la persona, en el propio camino, que aportará la lección precisada. Es necesario reconocer, en los encuentros circunstanciales de la vida diaria, tanto la presencia de Dios como la de su enseñanza. Primeramente, en la conciencia. Luego, por medio de otros seres. Todos somos expresiones múltiples de la DIVINIDAD, e instrumentos de su voluntad.

-Cómo lo hace Dios? Por el lenguaje de los sentimientos en la propia conciencia. Inspira el conocimiento de los valores universales, y al mismo tiempo, la ley cósmica, deja sentir su advertencia coercitiva-pedagógica como guía en la conducta, y como acción coactiva, cuando el ser precisa corrección, por efecto de la ley de justicia.

Es factible conocer a Dios por los atributos divinos o valores universales. El ser humano –y los seres en los demás reinos naturales- los poseen en igualdad de condiciones que los del Creador. La única diferencia reside en que Él los tiene desarrollados en grado infinito, en todas sus inmensas vertientes y variantes. Los atributos de los seres se encuentran en estado de POTENCIALIDAD, que, eternamente, sin límites algunos, habrán de ser desarrollados, adquiriendo nuevos niveles de conciencia.

Conociendo cada atributo divino, en el propio ser, se conocen los de Dios. Gradualmente, se entiende. Los doce atributos básicos, por los cuales sería ideal comenzar a conocer a Dios, son: El amor, la justicia, la prudencia, la fortaleza, la templanza, la belleza, la afinidad, la igualdad, la compensación, la libertad, la armonía y el orden. Directa o indirectamente, se vinculan con todos los demás atributos.

El amor, síntesis universal de la ley cósmica: engloba todos los valores universales en su cumplimiento o práctica. Es decir, si se cultiva el amor, se estaría realizando, simultáneamente, la práctica de todas las virtudes.

Un buen comienzo en el cultivo del conocimiento de Dios es hacerlo por medio del amor, en todas sus inmensas vertientes. Adelante.



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miércoles, 9 de febrero de 2011

EL ORDEN PERFECTO




EL ORDEN PERFECTO

POR ©GIUSEPPE ISGRÓ C.


El poeta se repetía a sí mismo, una y otra vez, en estado de interiorización: -“Entro en el orden perfecto de mi vida”. Apenas hacía unos días, su maestro le había dicho: -“Busca y encuentra la solución dentro de ti”. No es el zahorí quien tiene que darte la respuesta. El zahorí eres tú; y, el qué, el cómo, el cuándo, el dónde, el cuánto, el quién y el por qué, afloran en tu propia conciencia, si atento las escuchas. Pero, solamente puedes estar centrado afuera o adentro, al mismo tiempo. Es preciso descentrar la atención del propio ego y conectarla con la fuente interior: en comunicación espiritual con la Divinidad.
Este era el orden de ideas que venían fluyendo en su mente y sobre ellas estaba meditando. El maestro le había dicho que por noventa días debía repetirse, diariamente, cien veces: -“Encuentro el orden perfecto de mi vida”.
-“Encuentro el orden perfecto de mi vida”, se repetía, diariamente, la persona de nuestro relato, para reorientar las fuerzas que le permitiesen afrontar una realidad desacostumbrada para él. Su amigo, en el otro extremo del mundo, esa mañana, le había dicho, también: -“Adquiere, y lee, un libro que hable de las leyes de la vida y de los valores universales, cuya comprensión te permitan dinamizar tu pensamiento positivamente y aquilatar la visión con la percepción de la realidad divina en conexión directa con el Creador Universal”. Este hombre le tenía mucha confianza a su amigo. Desde el primer instante afloró, entre ellos, una amistad como que hubiese existido desde siempre.
-“Encuentro el orden divino de mi vida”, continuaba repitiéndose, sosegadamente. No, es el orden perfecto,.. se corrige a sí mismo. Bueno, perfecto o divino, viene a ser la misma cosa, pensaba.
Luego, se pregunta: -“¿Qué significa encontrar el orden divino dentro de mí? ¿Algo que está en orden, significa que cada cosa se encuentra en su lugar? Si cada cosa se encuentra en su lugar, cumpliendo la función correcta, eso crea armonía. Si hay armonía, ello se refleja en la belleza exterior. Pero, solamente puede haber belleza verdadera, perdurable, reconfortante para el Espíritu, cuando en lo interno impera una condición de análoga naturaleza. Nada existe en lo que externo que, al mismo tiempo, no se encuentre en lo interno. Lo que está en los pensamientos y en los sentimientos, tarde o temprano se reflejará en las palabras y en los actos. La belleza que se ve es la que se corresponde con la justeza de los elementos que la componen. Es decir, todos las partes son las justas y las perfectas que se precisa. La justicia, como valor, viene a representar la clave del orden perfecto. Dar a cada uno lo suyo, decían los juristas del Derecho Romano, y, respetarle, también, lo que le pertenece.
La clave, -reflexionaba el poeta-,  reside en armonizarse con los valores universales, equivalentes con los atributos divinos del ser humanos. Estos son equivalentes, potencialmente hablando, a los que posee el Creador. Por eso se habla de Macrocosmos y de microcosmos. Una sola ley rige todo: lo grande y lo pequeño, en los cuatro reinos: el humano, el animal, el vegetal y el mineral, que, en fin, no deja de ser un solo reino: el ESPIRITAL, -por cuanto cada uno de los citados cuatro reinos está dotado de un Espíritu, eterno e inmortal, inteligente y con libre albedrío, aunque regidos por leyes naturales-, conformando la UNIDAD, o, -¿el UNO?-. Solamente se puede gozar de la auténtica libertad si se piensa y siente, se habla y actúa, en correspondencia con los valores universales, en polaridad positiva. Si dentro de sí hay armonía, y orden perfecto, por los efectos de la resonancia magnética se encuentra la misma condición en lo externo, vibrando al unísono el entorno con lo interno. Quien se auto-domina, bajo la égida de los principios naturales, domina su ambiente existencial.
Por ejemplo: el secreto del termostato. Su regulación en determinado grado, sean cuales fueren las condiciones climáticas externas, mantiene la temperatura interior inalterable: constante. Es el orden interno perfecto. La perfección ideal – relativa, que se anhela de acuerdo a los propios valores, al estado de conciencia que se tenga de los valores universales. Si fluye la percepción clara de los parámetros que, en cada valor universal, deben conducirse los propios pensamientos y sentimientos, las palabras y los actos, el orden perfecto estaría rigiendo en lo interno, el cual, paralelamente, lo hará, también, en lo externo. Cómo es adentro es afuera. Como es arriba es abajo. Y viceversa. La solidez moral de lo uno influye en lo otro. Los ingredientes son: PENSAMIENTOS Y SENTIMIENTOS, regidos por la intención del ser. Esto es la causa y la razón. Los efectos y las consecuencias, vienen a ser las palabras y los actos, y los resultados que generan. Siembra y cosecha. Objetivos y resultados. Premio y pago.  Paz e inquietud. Conciencia tranquila y su condición opuesta. Orden y Armonía. Poder y Creación. Amor y Justicia. Fortaleza y Templanza. Equilibrio y Serenidad. Confianza y Seguridad. Servicio y Salario Cósmico. Dar y Recibir. Paciencia y Tenacidad. Tolerancia y Bondad. Placer por el bien hecho. Orden Perfecto de acuerdo a la Justicia Divina, en armonía con todos y con el Todo.
-“Entrar en el orden perfecto”, -seguía pensando el poeta, es escuchar la voz del eterno en la conciencia, por medio de los sentimientos de los valores universales. Cuando pienso en los valores que acaparan mi interés, en polaridad positiva, se activa la ley de la atracción, y se comienza a atraer, del entorno, a los elementos coadyuvantes a la propia obra. Paralelamente, se activa, también, la ley de aislamiento cósmico, que aparta todo lo que le es antagónico. Aparta lo que estorba, limpia el camino; permite el acceso a lo que corresponde en armonía al orden establecido. En lo que se piensa se activa la conciencia y la fuerza creadora inherente. Acción y pensamiento; pensamiento y acción. Pensar, luego actuar. ¿Es fácil? Todo precisa trabajo. Dios pensó el universo. El ser humano, -y los integrantes de los tres reinos naturales, en ambas dimensiones: física y espiritual, lo realiza. El uno es anhelo de ser, en todas sus vertientes, en eterno devenir; los otros: la expresión del ser.
Al activar el orden divino dentro del ser se pone en movimiento la central energética del cosmos; fluye el poder creador y la sabiduría de los valores universales, en la propia conciencia y en el universo. Mundos paralelos: arriba y abajo; abajo y arriba; es lo mismo. Como es uno es el otro. Asumir la verdad. -¿A qué sirve evadirla? Orden divino en armonía con los valores universales. De repente se hizo la luz en la mente del poeta. Por eso exclamó: ¡Ahí está la clave! Claro, por eso la idea de repetir cien veces al día, por tres meses: -“Encuentro el orden perfecto de mi vida”. Para obligarle a centrar la atención, -¿en qué? Sí, eso es, EN LOS VALORES UNIVERSALES, que rigen todo: los principios, las leyes divinas, el universo, la mente, los pensamientos, los sentimientos, las palabras y los actos. Tan sencillo como eso. Es verdad: muy sencillo. ¿Por qué no me lo enseñaron en la escuela? Eso no importa, ahora. La vida te lo enseña. Y el maestro te lo susurra en la conciencia; EL CREADOR, mediante el lenguaje de los sentimientos, en correspondencia con los valores universales.  
En lo que centras la atención se expande la conciencia y van fluyendo las ideas, y las ideas tienen fuerzas, y las fuerzas atraen o repelen. ¿Qué quieres atraer? ¿Qué deseas repeler? Por supuesto, se anhela: el bien, la salud, el amor, la riqueza, el éxito, el progreso, la sabiduría, el dinero, los alimentos, vestidos, casa, transporte, familia, trabajo, seguridad. -¿Qué más? También,  sentido de pertenencia, de dignidad, de autorrealización y de conexión con lo divino. -¿Qué más? Se anhela una misión que de sentido a la propia vida y que permita el crecimiento personal. Un propósito existencial que ordene la propia vida. Orden divino en armonía con los planes trazados por el Gran Arquitecto del Universo. Y, también, amor. Mucho AMOR: -poder supremo que mueve el universo.
El orden perfecto va permitiendo la conexión divina,  fluyendo la luz. El poeta, sigue pensando: Entro en el orden perfecto universal, contando del cuatro a uno: 4-3-2-1. Ahora estoy ya en el orden perfecto universal. Rijo mis pensamientos y mis sentimientos por los parámetros de los valores universales. Actúo guiado por el sentido de la justicia y expreso todas mis palabras impregnadas con la energía del amor; con respeto, sinceridad, alegría, tolerancia y efectividad, es decir: con contundencia. La vida no es juego; estamos aquí para triunfar, haciendo, al mismo tiempo, la mayor suma de bien posible.
El poeta se iba imbuyendo, cada vez mejor, de los sentimientos de los valores universales, y le encontraba un justo sentido a la vida. Esas ideas claras iluminaban sus pensamientos y las consecuencias de sus palabras y actos. Fluían, los sentimientos, en polaridad positiva;  todo en armonía. El poeta había encontrado el camino del orden divino. Ahora, era preciso recorrerlo, en el eterno presente. Orden, armonía, poder y amor: cuatro poderosas palancas eternas. Ahora, el poeta, iba anotando las cien palabras que se correspondían con valores que él quería afirmar en su vida, para afianzarse en el orden divino y recibir sus efectos, por añadidura. Él, se había hecho el propósito de cumplir el compromiso asumido de repetir cien veces al día, por noventas jornadas: -“Encuentro el orden perfecto en mi vida”-. Luego, añadió: En armonía con el Universo. Recapacita y afirma: -ESTOY, YA, EN EL ORDEN PERFECTO DE MI VIDA, en conexión con el Creador Universal. Él es yo; yo soy Él; soy, -y represento-, todo lo que Él es. Lo que Él quiera; nada se le asemeja. El orden perfecto.
Adelante.

EL ENCUENTRO EN LA VICTORIA



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UN ENCUENTRO EN LA VICTORIA

Autor: ©Giuseppe Isgró C.

Del libro: La Victoria

Capítulo I

Me encontraba un día, en una fuente de aguas tranquilas, cristalinas, cuando se me acercó un Venerable hombre, vestido a la antigua usanza, con bata blanca, larga, pelo y barba que alguna vez fueron de color pelirrojo y un báculo en la mano derecha.

Concentró sus ojos en los míos; su mirada era profunda, serena y apacible.

Con voz suave y afectiva, me dijo:

-“Hola, hijo, como estás”-.

–Bien, -le contesté-; y, ¿usted?

–Por aquí andamos; -fue su respuesta-, mientras me sonreía.

-¿Dónde estamos?, -le pregunté al Venerable hombre-.

-Este sitio es conocido como La Victoria; -me contestó-. –¿Qué haces por estos lados?

-Salí esta mañana, temprano, con el coche, a dar un paseo; luego, al llegar a esta zona, me paré a contemplar la belleza de los araguaneyes y decidí caminar un poco y la verdad que, absorto en mis reflexiones, caminé por lo menos durante dos horas, hasta llegar aquí. Desconocía este hermoso lugar. Y, usted, -¿vive por aquí cerca? -le pregunté-.

Un poco más arriba, en esa colina boscosa. Hace algunos años, -relata el Venerable hombre- decidí retirarme de la agitada vida ejecutiva en que me desenvolvía profesionalmente, como abogado, en la ciudad de Quebec, Canadá, aunque he viajado por diversos países asesorando a incontables líderes. Construí la casa, en esta zona tropical, con la idea de pasar aquí los meses de invierno. Me dedico al estudio de la vida, a la meditación y a cultivar mi jardín y de vez en cuando, a escribir mis reflexiones, las cuales, algún día, habrán de ser publicadas para esparcir un poco la luz que he podido vislumbrar en mis estudios metafísicos-espirituales.

-¿Quieres tomar un café? –Me preguntó el Venerable hombre-. Lo he traído de Caripe El Guácharo; es de los más exquisitos que he probado.

-Sí, con gusto se lo acepto; -le contesté-.

Nos fuimos caminando por un sendero rodeado de árboles cargados de mangos, aguacates, naranjas y una hilera de cayenas de diversos colores. A lo lejos, el ruido de la brisa se oía apaciblemente. Todo era quietud, armonía y paz. Pero, sobre todo, lo que más me impresionaba era la apacibilidad y el sosiego del Venerable hombre de La Victoria. Emanaba de él un flujo de fuerza que, en su presencia, me sentía con un poder y una seguridad nunca antes experimentados. Fuerzas bienhechoras se iban apoderando de mí y aquella paz y relax que buscaba en la mañana, al salir a dar un paseo, sin percatarme de ello, las estaba experimentando ya.

Después de unos quince minutos de caminar, llegamos a la casa del Venerable hombre. Su aspecto exterior humilde estaba lejos de dejar entrever lo que segundos después habría de asombrarme con lo que encontré en el interior.

Al entrar, en la casa, una joven de unos veinte años saludó al Venerable hombre.

-¡Hola, abuelo!, ¿cómo estás?

–Bien, hija, -contestó el Venerable hombre-. -Prepara un poco de café, Lucía, mientras conversamos un poco, adentro.

-Por cierto, te presento a Santiago, quien ha llegado paseando hasta La Victoria.

Después de la presentación, entramos en la biblioteca del Venerable hombre. Un salón grande, lleno de estantes de libros por todas partes, lo cual hacía inimaginable dicho cuadro desde el exterior. Algunos cuadros al óleo de morichales y de personajes históricos, presentaban un ambiente acogedor. En un rincón se encontraban diversos retratos de Tagore, Gandhi, Cicerón, Séneca, Ibn Arabi y un dibujo de Don Quijote y Sancho Panza. En un pequeño cuadro, podía leerse: -“Lo que Alá quiera. Nada se le asemeja”-.

-Le felicito por este inmenso tesoro que usted tiene aquí, -le dije al Venerable hombre-. -¿Cuáles son los temas de su interés?

A lo cual, me contestó: -Como usted puede ver, Santiago, -y me invitó a recorrer los estantes- aquí hay libros de variados temas: clásicos de todos los países y épocas, desde los Vedas, los Upanishads, el Mahabaratha, los libros de Confucio, El Tao te King, de Lao Tse, el Poema de Gilgamesh, el Código de Amurabí, autores griegos, como Homero y Hesiodo. Se encuentran las obras completas de Euclides, Platón, Aristóteles, Teofrasto, Demetrio de Falereo, de los Presocráticos, Epicteto, Plutarco, etcétera; de los latinos, autores como Séneca, Cicerón, -que son mis preferidos-, Julio César, Tito Livio, Dionisio de Halicarnaso, Marco Aurelio, así como libros de Psicología, Gerencia, Sufismo, Yoga, ensayos, filosofía, parapsicología, hermetismo, El Quijote, libros de economía, filosofía, etcétera, en fin, un poco de todo lo que es preciso conocer para poder entender el significado de la vida: de dónde venimos, por qué estamos aquí y hacía dónde vamos, sin lo cual, la vida no tendría sentido, sobre todo por el gran afán a que está sometido el ser humano en la agitada vida moderna.

Nos sentamos en sendas butacas y nos entretuvimos conversando de temas diversos. Al poco rato, entró Lucía con dos tazas de oloroso café y unos biscochos, que degustamos con agrado en una amena e interesante conversación. Al fondo, podía oírse una suave música de Beethoven.

Pasamos cerca de una hora conversando de sobre la Atlántida, Egipto, los griegos, de Homero, de los sufíes, del budismo zen, los poderes del espíritu, meditación, etcétera, después de lo cual, le hice una pregunta directa.

-Seguramente, usted ha desarrollado alguna técnica de meditación y algún método de resolución de situaciones, en la vida, que me quisiera explicar, ya que, según observo, para tener usted una serenidad tan acentuada y una fortaleza física a la edad que imagino que usted debe tener, -cerca de noventa años- es porque ha encontrado en su larga experiencia algún secreto que quizás quisiera compartir conmigo.

Santiago, -me dijo el Venerable hombre, si vuelves a visitarme otro día, quizá te cuente algo que te pueda servir. Empero, antes de que te vayas, te haré entrega de unos apuntes que hace ya muchos años, en una época en que yo andaba a la búsqueda de sosiego y tratando de encontrarle sentido a la vida, un Venerable hombre que, en una edad similar a la mía, a su vez me entregara y cuya práctica asidua me permitió domar la mente, encarrilar mi vida y poner bajo control los hilos del destino. Son veintidós manuscritos, y una meditación diaria, –continuó diciendo el Venerable hombre, que si bien son ya un poco antiguos, podrás copiarlos de nuevo y si pones en práctica las técnicas que contienen, darás a tu vida un esplendor que habrá de sorprenderte agradablemente.

-Una vez que los hayas probado con total y absoluta satisfacción de tu parte, -me dijo, ponlos en limpio, en forma de libro y publícalo para que su mensaje llegue a mayor número de personas. Hacía tiempo que esperaba a alguien a quien confiarle este legado y creo que hoy, al llegar aquí, en la forma en que lo has hecho, tus pasos han sido dirigidos por Aquel que todo lo sabe y puede, por la Ley Cósmica, y en cuyos planes universales, todos somos sus instrumentos.

Me despedí del Venerable hombre y de su adorable nieta, sintiendo dentro de mí fuerzas desconocidas hasta entonces que preanunciaban grandes cambios en mi vida.

En los días siguientes, aparté una hora diaria, antes de dormirme, y leí y releí, todos los manuscritos, de la siguiente manera: En primer lugar copié la Meditación diaria en un cuaderno, el cual leí durante veintidós noches y mañanas seguidas, tal como lo indicaban las instrucciones de la misma.

Una nota al pie de página mencionaba que si yo la transcribía en un cuaderno, el hecho de hacerlo, grabaría en mi ordenador mental las instrucciones y me sería más fácil desarrollar, en mi personalidad, las cualidades y condiciones que formaban parte de los objetivos implícitos en la misma.

De los veintidós manuscritos, cada lunes, a las once en punto de la noche, copiaba uno en el cuaderno, y durante el resto de la semana, a la misma hora, lo leía y meditaba, siguiendo las fáciles y efectivas técnicas e indicaciones al inicio del mismo.

Cuatro semanas después de leer durante veintidós días seguidos, en la noche y en la mañana, la meditación diaria, comenzaron a manifestarse en mi vida una serie de cambios positivos que me dejaban asombrado a mi mismo, pero, también, los miembros de mi familia y a mis amistades; sobre todo mi semblante comenzó a ser más apacible; volví a sonreír desde el interior; mi estado anímico era de contento; me sentía más seguro de mi mismo; comencé a confiar más en la gente, en la vida y a vislumbrar el sentido de mi misión en la vida –percibía cosas que antes me pasaban desapercibidas, a pesar de haber estado siempre allí. Sentía fluir en mí una nueva corriente vivificadora de prosperidad, de felicidad, de alegría de vivir. Mi entusiasmo y amor por la vida y por mi familia, por mi trabajo y por las personas, crecía día a día. En aproximadamente dos meses había logrado muchas de las cosas en las cuales había soñado desde hacía años. Había dado un paso sorprendente en el camino de la autorrealización.

Efectivamente, pude comprobar que me fue relativamente muy fácil desarrollar las aptitudes y actitudes a nivel físico, mental, emocional, espiritual y en diversos aspectos de mi vida, como el financiero, que comenzó a mejorar casi inmediatamente, así como, surgieron nuevas oportunidades que comencé a aprovechar, casi sin esfuerzo de mi parte.

Transcurría el año de 1967 y mi vida había encontrado un sendero que habría de conducirme a cooperar en forma más efectiva en el plan divino que el Supremo Hacedor, en algún momento, había diseñado para mí.

Tres meses después volví a aquel lugar donde había encontrado al Venerable hombre de La Victoria y allí estaba la fuente que él dijo llamarse La Victoria; empero, cuando traté de encontrar el camino para llegar a la casa donde amablemente me ofreció un delicioso café, preparado por su nieta Lucía, no logré encontrarlo, pese a haber recorrido durante un par de horas por los alrededores. Pregunté a varias personas para ver si podían indicarme como llegar a la casa del Venerable hombre y cual fue mi sorpresa, nadie lo conocía.

Empero, después de tanto buscar, volví a encontrar la casa donde vivía el Venerable hombre de La Victoria, pero se encontraba abandonada. Su aspecto indicaba que debía encontrarse en ese estado un lapso mayor del que mediaba con el encuentro de aquel ser extraordinario. Es sorprendente como los inmuebles solos acusan el paso del tiempo en mayor grado que los que son habitados. Si no fuera por los manuscritos pensaría que el encuentro no fue más que un simple sueño. -¿O se trata, acaso de un sueño combinado con un fenómeno de aporte? Personalmente, no lo creo. El encuentro fue muy vívido y real. El aromático café servido por Lucía estaba exquisito. Durante varios años volví al lugar varias veces, la casa seguía sola. La última vez que volví, no la pude ubicar y sin tener tiempo suficiente para seguir buscándola, me fui. Ahora, vivo muy lejos de aquella zona, en otro continente; han transcurrido muchos años y después de tanto tiempo es poco probable que vuelva allí; pero, los manuscritos y la meditación diaria obran en mi poder, me han transformado y han enriquecido mi vida.

Durante más de treinta y cinco años he puesto en práctica las diversas variantes de los ejercicios, afirmaciones y meditaciones que contienen los manuscritos y la meditación diaria y cada vez que los pongo en práctica, experimentos los mismos beneficios. Ahora, ellos se encuentran en el libro que usted tiene en sus manos; espero que les sean tan útiles como los han sido para mí.

Su contenido es eminentemente práctico; no hay teorías superfluas. Si lleva a cabo los ejercicios que contienen, es probable que, gradualmente, se vaya efectuando la transmutación alquímica de su ser sintonizándose con los elevados resultados existenciales, los cuales, por añadidura, al ser creados a nivel mental, se van manifestando en su propia vida, oportunamente.

Sobre todo, con estos ejercicios, me percaté, cuando el Venerable hombre me entregó los manuscritos, de que se dispone de un método para domar la mente y ejercer un pleno dominio sobre la vida en general y, por ende, sobre el destino y controlar, cuando eventualmente se presenten, todas las situaciones, manteniendo un perfecto equilibrio físico, mental, emocional, espiritual y financiero.

El Venerable hombre de La Victoria me comentaba que todo se puede lograr en la vida si se siembra la respectiva semilla por medio de correctas decisiones acordes con la propia y elevada auto-estima y dignidad personal, desarrollando el convencimiento de que sí se puede hacer, por medio de las afirmaciones, las visualizaciones y meditaciones, la experimentación de un estado emocional acorde al momento de ser logrados los respectivos resultados y la practica del desapego, es decir, dejar encargada a la mente psiconsciente del logro, y además, se espera el tiempo necesario haciendo, mientras tanto, todo lo que se requiere, según el caso o los objetivos por alcanzar.

Estas técnicas funcionan, me decía una y otra vez el Venerable hombre de La Victoria; luego, agregaba: -las he probado por más de cincuenta años y quien, a su vez me las entregó, habría hecho otro tanto, aseverando que eran efectivas, si yo seguía fielmente las instrucciones y las ponía en práctica con expectativas positivas.

Desde que en 1967, el Venerable hombre me hiciera entrega de los manuscritos, han transcurrido un poco más de de treinta y cinco años, durante los cuales yo también he puesto en práctica las diversas variantes de los ejercicios, afirmaciones y meditaciones que contienen, y cada vez que me ejercito con ellos, experimento los mismos beneficios. Ahora, ellos se encuentran en el libro que usted tiene en sus manos; espero que les sean tan útiles como los han sido para todos los que hemos aplicado las enseñanzas del Venerable hombre de La Victoria.

Él me repetía constantemente: -“¡Tú puedes si crees que puedes hacerlo! ¡Hazlo y tendrás el poder!

Recuerdo que ese día el Venerable hombre me dijo: -ejercer el poder con que la naturaleza de las cosas ha dotado a cada ser, cultivando los dones inherentes y aprendiendo todo lo que se pueda de sí y del vasto universo del que se forma parte, es una manera efectiva de ser cada día más feliz. Luego, cuando me despedí de él, expresó: -“¡Que cada día brille más y mejor tu luz interior!”.- Adelante.

Capítulo 2

Meditación diaria

Es lunes en la noche, son las once en punto.

Me dispongo a copiar textualmente, en el cuaderno que he dispuesto para ello, el manuscrito identificado con el título:

Meditación diaria

Dice así:

Afirme, en la mañana y en la noche, antes de dormir, durante veintidós días; luego, cada vez que lo desee, esta poderosa fórmula de programación mental positiva y descubra cómo, con facilidad, van ocurriendo cosas maravillosas en su vida:

MEDITACIÓN DIARIA

Afirma, en la mañana y en la noche, antes de dormir, durante veintidós días; luego, cada vez que lo desees, esta poderosa fórmula de programación mental positiva y descubre cómo, con facilidad, van ocurriendo cosas maravillosas en tu vida. Al encender la luz en la mente se ilumina la propia existencia y todo en derredor vibra al unísono y con el mismo sentimiento de felicidad y bienestar, interrelacionándose por la ley de afinidad.

1. -Entro en el nivel de mi mente psiconsciente, en el centro de control de mi piloto mental automático, donde todo va bien, siempre, contando de tres a uno: Tres, dos, uno.

Ø Ahora, estoy ya en el nivel de mi mente psiconsciente, en el centro de control de mi piloto mental automático, donde todo va bien, siempre.

Ø Voy a permanecer en el nivel de mi mente psiconsciente, en el centro de control de mi piloto mental automático, donde todo va bien, siempre, durante quince minutos y voy a programar los siguientes efectos positivos, los cuales perduran, cada vez mejor, hasta que vuelva a realizar este acceso y programación mental:

Ø Todo va bien, siempre, en todos los aspectos de mi vida, cada día mejor. (Tres veces). –Imagínalo-.

Ø Todo va bien en mi trabajo; cada día logro mejores niveles de efectividad, prosperidad, riqueza, abundancia y bienestar. (Imagínalo).

2. Formo una unidad cósmica perfecta con el Creador Universal, -ELOÍ. (Diez veces, con los ojos cerrados). Hoy se expresa en mí la Perfección universal de la Vida, del amor, de la luz, de la sabiduría, del perdón, de la percepción de la verdad, de la aceptación de la realidad, de la justicia, de la igualdad, de la compensación, de la fortaleza, de la templanza, de la belleza, del equilibrio, de la armonía, de la salud, de la prosperidad, de la riqueza, de la abundancia, del servicio y de la provisión en todos los aspectos de mi vida.

3. -Cada día, en todas formas y condiciones, mi cuerpo y mi mente funcionan mejor y mejor. La consciencia de mi conexión permanente e indisoluble con el Creador Universal, -ELOÍ-, restablece y mantiene en mí, diariamente, durante las veinticuatro horas del día, un perfecto estado de salud a nivel físico, mental, emocional y espiritual. Gracias, Creador Universal, por darme un cuerpo perfecto, saludable, lleno de energía. Aquí y ahora, me siento en perfecto equilibrio de salud, a nivel físico, mental, emocional y espiritual.

4. Afronto y resuelvo bien toda situación que me compete, siempre.

5. Todo tiene solución, en todas las situaciones de mi vida.

6. El Creador Universal, -ELOÍ-, es en mí, cada día mejor, en todos los aspectos de mi vida, fuente de amor, luz, sabiduría, éxito, riqueza, prosperidad, abundancia y armonía.

7. Permito que las leyes universales de la Vida, del amor, de la luz, de la sabiduría, del perdón, de la percepción de la verdad, de la aceptación de la realidad, de la justicia, de la igualdad, de la compensación, de la fortaleza, de la templanza, de la belleza, del equilibrio, de la armonía, de la salud, de la prosperidad, de la riqueza, de la abundancia, del servicio y de la provisión actúen bien en el plan de mi vida.

8. Tengo prosperidad y poder. Cada día enriquezco mejor mi vida a través del servicio efectivo, del amor y de la práctica de todas las virtudes.

9. Mi dignidad personal me lleva a realizar las cosas que me competen con la máxima perfección posible.

10. Cada día, en todas formas y condiciones, en todos los aspectos de mi vida, estoy mejor y mejor a nivel físico, mental, emocional, espiritual y financiero.

11. Actúo con templanza, serenidad, autodominio y perfecto equilibrio en todo. Conservo plena autonomía y control sobre todas mis facultades físicas, mentales, emocionales, intelectuales y espirituales. Hecho está. (Visualizar un escudo protector de luz que te envuelve y protege; -una pirámide-).

12. Tengo fortaleza, valor, confianza y fe suficiente para triunfar y alcanzar todas mis metas, de acuerdo con la voluntad del Creador Universal, -ELOÍ-, y en armonía con sus planes cósmicos. Soy inmune e invulnerable a las influencias y sugestiones del medio ambiente y de cualquier persona a nivel físico, mental, emocional y espiritual, en las dimensiones objetivas y subjetivas y en cualesquiera otras en que sea requerido.

13. El orden universal de la Vida, del amor, de la luz, de la sabiduría, del perdón, de la percepción de la verdad, de la aceptación de la realidad, de la justicia, de la igualdad, de la compensación, de la fortaleza, de la templanza, de la belleza, del equilibrio, de la armonía, de la salud, de la prosperidad, de la riqueza, de la abundancia, del servicio y de la provisión se establece en mi vida, en todos mis asuntos y en las personas interrelacionadas, aquí y ahora. Hecho está.

14. Asumo la responsabilidad de mis actos y cumplo bien todos mis compromisos, siempre oportunamente, de acuerdo con el orden cósmico.

15. El Creador Universal, -ELOÍ-, nos da abundancia y armonía en el eterno presente. Vivo en abundancia y en armonía perfectas, aquí, ahora y siempre.

16. El Creador Universal, -ELOÍ-, se está ocupando de todo, en todos los aspectos de mi vida, y se expresa en mí conciencia intuitiva por medio de los sentimientos en correspondencia con los valores universales.

17. Gracias, Creador Universal, -ELOÍ-, por esta vida maravillosa. Que Tu Inteligencia Infinita, Amor, Sabiduría, Justicia, Luz, y Poder Creador guíen, adecuadamente, todas mis decisiones y acciones, ahora y siempre. Gracias, Eloí, por este día maravilloso.

18. El Creador Universal, -ELOÍ-, nos proteja, aquí y en cualquier lugar, ahora y siempre. (Tres veces).

19. Siempre espero lo mejor, de acuerdo con la voluntad del Creador Universal, -ELOÍ-, y la Ley Cósmica, en armonía con todos.

20. Gracias, Creador Universal; todo va bien en todos los aspectos de mi vida, a nivel físico, mental, emocional y espiritual. Gracias, Eloí, todo va bien en mis practicas espirituales y en mi relación Contigo; Tú y yo formamos una unidad perfecta, armónica, aquí y ahora, en el eterno presente. Yo soy Tú, Tú eres yo. Te amo.

21. Voy a realizar –obtener o resolver- (mencionar), antes del: (fecha), de acuerdo al orden divino y en armonía con todos. (Si se trata de varios objetivos, anótelos y haga la afirmación y visualización con cada uno de ellos. Imagínelo concluido satisfactoriamente sin imponer canal alguno de manifestación.)

22. Tengo serenidad y calma imperturbable. Soy impasible frente a todo y a todos. No tengo temor a nada, a nadie ni de nadie en ningún nivel físico, mental, emocional, espiritual y financiero. Dentro de mí vibra la seguridad total. Tengo completa confianza en la vida y en mi propia capacidad de resolver situaciones y alcanzar los resultados satisfactorios que preciso, en cada caso, siempre.

A continuación anoté la fecha: Lunes 12 de agosto de 1967. Luego, tal como me lo indicó el Venerable hombre, anoté la fecha que correspondía veintidós días después: 03 de septiembre de 1967.

Acto seguido, me senté cómodamente, tomé tres respiraciones profundas y realicé la meditación.

Luego, cada noche, durante veintidós días, a las once en punto, me iba a mi cuarto, daba indicaciones de no ser interrumpido durante veinte minutos y realizaba la meditación del día, la cual, siempre complementaba con la lectura breve de uno de los libros de cabecera que siempre suelo tener en mi mesa de noche.

Iba notando, día a día como emergía de mi interior una nueva y desconocida fortaleza, seguridad, estado de ánimo contento, actitud más decidida, optimismo frente a la vida y a las situaciones; comencé a llevarme mejor en las relaciones con las demás personas, a ser más comedido en todo y sobre todo comenzaba a tener conciencia de cosas que antes me solían pasar desapercibidas.

Cabe destacar que, en el punto número veintiuno de la meditación, había anotado siete objetivos que desde hacía tiempo quería realizar y para mi sorpresa, treinta días después de haber terminado de efectuar la meditación del manuscrito número veintidós comencé a observar como, en forma aparentemente casual se iban manifestando la resultados de cada uno de ellos hasta que, algunos meses después, antes de la fechas previstas, los había realizado todos, menos dos, por lo cual, me senté y volví a anotar, en una hoja de mi cuaderno, otros diez objetivos, encabezados por los dos pendientes de la lista anterior, les puse la fecha tope a cada uno, antes de la cual debían ser logrados, para seguir visualizando, su logro, periódicamente.

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miércoles, 30 de marzo de 2011

LOS GRADOS DE LA RIQUEZA




LOS GRADOS DE LA RIQUEZA

POR ©GIUSEPPE ISGRÓ C.


Decía Paramahansa Yogananda: -“Aquél que busca a Dios es el más sabio de los hombres; quien Le ha encontrado es el más exitoso entre todos”-.
La riqueza mayor, es la de encontrar a Dios en todo y convertirle en norte de la propia existencia. Dentro y fuera de sí, todo está regido por la ley cósmica. Esta es una emanación de la sabiduría de los valores universales, o atributos divinos.
Encontrarle fuera, en todo lo que existe, es percibirle como armonía universal, regido por un propósito evolutivo, de etapa en etapa, que le otorga sentido a la propia existencia, al ubicarse en el engranaje cósmico como elemento coadyuvador del plan divino de la Creación.
La naturaleza es un libro abierto, en el que todo está trazado con el pincel divino. Es preciso aprender el lenguaje cósmico de los sentimientos de los valores universales. Los valores constituyen el abecedario cósmico. El lenguaje lo conforman los sentimientos que corresponden a cada valor, en su doble polaridad: positiva-negativa. Las obras que utilizan los valores como abecedario y los sentimientos como lenguaje, perduran en el espacio y en el tiempo, labrando los propios estados de conciencia, por la que percibimos la realidad universal. La de antes, la de ahora y la que sigue, por medio de las tendencias y de las inquietudes según los tiempos, en el ahora, siempre.
Detrás de todo este proceso, se encuentra el motor universal: Dios. Él es la fuente, el maestro y la voluntad ejecutora. Se expresa por medio de cada ser en los cuatros reinos naturales: el humano, el animal, el vegetal y el mineral.
Él, el Creador Universal, es anhelo de ser; todo lo que existe, en los cuatro reinos, es la expresión de su voluntad. Es preciso colocarse, dócilmente, bajo la guía divina, percibiendo la inspiración sublime del plan de la creación. Asumiendo la decisión de secundar al Creador Universal en la Gran Obra Cósmica, de acuerdo al respectivo grado de conciencia, se activa la FUERZA FUNDAMENTAL, que aporta la potencia necesaria y oportuna para llevar a cabo la acción constructora-creadora de la mente.
Las necesidades que se perciben, y se afrontan con decisión y confianza, generan la potencia creadora equivalente para su propia satisfacción. Dios es la voluntad universal que se expresa en todo acto creador mediante la fuerza de empuje, y la de bloqueo, para estar a tiempo en el lugar correcto, haciendo la cosa adecuada al plan divino. El director de orquesta es Dios. El instrumento: cada ser.
Al encontrar a Dios en todo, en la vida del día a día, y ponerse bajo su dirección divina para la ejecución de la cuota de la gran obra asumida como objetivo existencial, se habrá encontrado la fuente de la riqueza mayor: EL SALARIO CÓSMICO. Haz la cosa y tendrás el poder. Presta el servicio que resuelva las situaciones antepuestas a tu atención, afrontando las aparentes adversidades de la vida, y aprovecharás la riqueza mayor que Dios te brinda, día a día.
Descubre la riqueza mayor en las adversidades existenciales: en realidad, son las grandes oportunidades que la vida te brinda, disfrazadas como problemas por resolver, que alguien debe asumir: ese alguien eres tú. Ríndete útil, desinteresadamente, y deja que el pago lo haga Dios: el salario cósmico; es la riqueza mayor.
La riqueza esencial, es encontrarse a sí mismo. Es preciso percibir que somos instrumentos de la voluntad divina en los cuatro reinos naturales. Expresamos: “el anhelo de ser, de Dios”. Somos una emanación espiritual de su misma naturaleza. Siempre hemos estado allí, lo que ha ido cambiando es nuestro grado de conciencia, y de percepción, en el eterno presente, del cero grado de progreso hasta el infinito, sin límites algunos, en la espiral evolutiva.
Estamos dotados, potencialmente hablando, del poder creador de Dios, que expresaremos en el eterno presente, en grado análogo a la magnitud de las situaciones por resolver afrontadas. Mientras más elevado sea el grado de adversidad, o necesidad, experimentada, en ese mismo nivel se manifiesta el poder para resolverla, o satisfacerla.
La primera parte de la riqueza esencial: es adquirir conciencia de la posesión de ese poder potencialmente infinito que poseemos. Luego, creer en su manifestación oportuna, sin abandonar en los momentos menos fáciles, en cada etapa de la existencia.
La segunda parte, es: percibir que estamos dotados de los mismos atributos divinos del Creador Universal, representados por los valores universales, soportes de los principios cósmicos y bases esenciales de: la ley cósmica.
Esos atributos divinos se encuentran plasmados en la propia conciencia, la cual es una réplica exacta de la de Dios. Es en ella donde se expresa la enseñanza divina de Dios: por medio del lenguaje de los sentimientos en análoga correspondencia con los valores universales, en su dualidad de polaridades. Por eso es que cada ser sabe, en su propia conciencia, lo que es junto o injusto, lo que es hermoso y lo que no lo es, que es el bien y el mal, sin que nadie tenga que decírselo y pese a desconocer todo tipo de legislación del derecho positivo. Es Dios que deja oír su voz en la conciencia como acción pedagógica. Él es el Pedagogo Universal. Su inspiración permite conocer el objetivo que nos toca realizar en el plan divino y la riqueza inherente, como salario cósmico.
Descubrir la propia conciencia, y los sentimientos inspirados por Dios dentro de ella, como guía, es la riqueza esencial. Para ello es necesario callar externamente, retraerse al interior, abstrayéndose del ego, y haciéndose sensible a la voz divina que orienta y asiste en todos los actos existenciales. Aún cuando parezca que todo está perdido, en los momentos menos fáciles,  jamás se debe abandonar la confianza a pesar las apariencias en contra. Si persistimos, aceptando la realidad, como prueba de vida, sometiéndonos a la voluntad divina y aceptando que ese es el escenario correcto que Dios ha elegido para aportar la enseñanza necesaria de acuerdo al plan divino, emergerá la energía suficiente que habrá de conducirnos al nuevo orden que corresponda, en el esquema cósmico, de acuerdo a la propia suma existencial.
En la rueda del destino somos nosotros mismos, por nuestros actos precedentes, quienes hemos puesto en movimiento los acontecimientos que nos circundan por los pensamientos, por los sentimientos, por las palabras y por los actos,, cosechando de acuerdo con la siembra efectuada. Es la ley de acción y reacción, de causa y efecto, del karma y del vipaka, de la siembra y recogida. Todo este mecanismo es regido por la ley de afinidad, por la de justicia, por la de igualdad, por la de compensación, por la de bondad y por la del amor; esta última, síntesis de la ley cósmica.
La riqueza necesaria: encontrando el propio lugar en el mundo. De acuerdo a la suma existencial alcanzada por incontables ciclos de vidas, y de acuerdo a la ley de afinidad y las demás leyes cósmicas que les son inherentes, enunciadas en el parágrafo anterior, la vida va ubicando, a cada ser, en el orden que le corresponde en el concierto de todas las cosas. Allí, de acuerdo al plan divino, y a la ley del karma y la del vipaka, él encuentra el lugar su propio lugar, que deberá asumir, para realizar lo siguiente:
Primero: La cuota que le corresponde en la gran obra cósmica, de acuerdo al plan divino y a su propio nivel evolutivo.
Segundo: El aprendizaje que precisa, de los valores universales, para regir su acción creadora en el logro de esos objetivos existenciales, usando la energía o fuerza fundamental puesta a su disposición.
Tercero: Recibir la compensación de la cual es acreedor de sus incontables ciclos de vida anteriores.
Cuarto: Aportar la compensación que debe, también como consecuencia de esos innumerables ciclos de vida pasados.
Quinto: Recibir el salario cósmico por su trabajo realizado en cada etapa existencial.
Sexto: recibir las nuevas misiones de vida a las cuales se hace acreedor por sus avances evolutivos y mayor capacidad de hacer o de asunción de objetivos de mayor envergadura. A estas alturas, el ser está conciente de que, únicamente, podrá encontrar su lugar en el mundo, por medio del servicio en cualesquiera de las vertientes mencionadas y en muchas otras que se les irán haciendo claras, gradualmente.
La ley del servicio hace uso del grandioso principio de DAR, antes, para recibir. Es preciso sembrar para poder cosechar.
En este camino del dar y recibir, la vocación es la que va señalando el sentido direccional, ordenando la propia existencia.
La necesidad es la que expresa el grado de poder creador inherente a su satisfacción. La ley del karma y la del vipaka, establecen las prioridades esenciales de acuerdo a las cuales se irán abordando las tareas en base a su orden de importancia, o urgencia, ubicando cada cosa en su respectivo lugar y oportunidad.
Dentro de este bagaje existencial, la riqueza más importante es su propia mente, como parte de la mente universal, mediante la cual puede llevar a cabo cualquier objetivo que sea capaz de concebir, asumiéndolo como propósito, enunciándolo por escrito, y estableciendo el tiempo máximo dentro del cual debe ser plasmado como resultado satisfactorio, en el mejor o en el menos favorable de los casos.
Los recursos necesarios más importantes, los constituyen las ideas; éstas, tienen fuerzas de atracción y de repulsión, atraen a los elementos coadyuvantes y repelen los contrarios. Son las semillas de todas las realizaciones. Teniendo las ideas claras de los objetivos que se desean realizar, se tiene el recurso más importante. Lo demás vendrá por añadidura, ya que todo proyecto forma parte de la ley de la oferta y de la demanda. Toda oferta crea su propia demanda y toda demanda, su propia oferta, de acuerdo a la Ley de Say.
Las ideas como semillas, sembradas y sostenidas en la propia mente, -tierra cósmica-, que forma parte de la mente universal, -la del Creador-, atraen a las sustancias –elementos esenciales- que habrán de coadyuvar a su desarrollo. Esas ideas, y sus logros inherentes, formarán parte de la ley de la demanda y de la oferta cósmica.
Toda semilla sembrada en la tierra adecuada, regándola durante el tiempo que sea preciso, oportunamente germinará, dando los frutos, las flores o la madera, o cualesquiera sean los resultados apetecidos, según la especie. Quién lo duda?
Dominando el mecanismo de las ideas, de su siembra como semillas, de la programación de los resultados apetecidos, enunciándolos por escrito, en un plan de acción realista, exigente, que implique un reto, para generar motivación suficiente, y alcanzable, en el espacio y en el tiempo adecuados, que justifiquen el esfuerzo de su puesta en practica, se habrá dado el primer paso. Asumiendo los objetivos como propósitos existenciales, que serán visualizados en la pantalla mental, en la quietud interior del ser, como si ya estuviesen alcanzados satisfactoriamente, constituye el segundo. Luego, poner manos a las obras, haciendo la parte que a cada quien le corresponda, y permitiendo que Dios, haga la suya, sin obstaculizarle su acción coadyuvadora: el tercero.
La fuerza fundamental de Dios, actuando por medio del propio ser, oportunamente, realiza todas las obras esenciales que deber ser logradas, en el espacio y en el tiempo, definidos.
Tienes el poder; haz la obra que te corresponda de acuerdo con el plan divino y tendrás lo que mereces. la riqueza, en sus diversas vertientes de: mayor, esencial y necesaria, en calidad de salario cósmico.
Adelante.


miércoles, 23 de marzo de 2011

MORO, EL PERRO DE FERNÁN NÚÑEZ



MORO, EL PERRO DE FERNÁN NUÑEZ

©POR GIUSEPPE ISGRÓ C.



En el año 2006, todas las semanas viajaba a la ciudad de Córdoba, en Andalucía. El conductor del autobús, que ya se había hecho amigo mío, me contó una interesante historia.
En el pueblo denominado Fernán Núñez, que se encuentra a pocos minutos antes de llegar a Córdoba, en el año 1970, apareció un perro pastor alemán, de color negro.
De las dos hipótesis que existen, la primera, de que fue dejado en una gasolinera, por un camionero, y la segunda, la que sostiene de que fue llevado allí por un trabajador del campo, a destajo. Esta última opinión tiene mayor sustentación, por cuanto al desencarnar aquel hombre, el perro le acompañó, junto a su cuerpo inerte, durante algunos días, hasta que en esas condiciones fueron encontrados ambos.
A partir de entonces, el perro Moro deambulaba por las calles de Fernán Núñez, y los vecinos del pueblo les acariciaban y le daban comida.
A partir de cierto momento, la gente comenzó a notar varias cosas que se convirtieron en una constante en el perro Moro.
La primera: Cada vez que en el pueblo iba a desencarnar alguna persona, dos días antes Moro se apostaba en las cercanías de la casa del futuro viajero a la dimensión espiritual y ya no se movía de allí, hasta que ocurría el suceso.  
La segunda: Ocurrida la desencarnación de la persona en particular, cuando se efectuaba el traslado de los restos a la última morada, el perro acompañaba a los familiares y al cortejo, hasta ese lugar, colocándose entre ellos y el vehículo que le transportaba. Después se regresaba al pueblo junto con la gente.
La tercera: Cuando alguien pasaba a mejor vida en un lugar distante, y trasladaban sus restos a Fernán Núñez, el perro Morro, con antelación de varias horas, se apostaba a la entrada del pueblo esperando a que el carro que le traía, llegara.
La cuarta: Moro se trasladaba a la casa en que le velarían, después de lo cual, le acompañaba, junto con el cortejo, hasta la última morada.
La historia cuenta que esto se repitió en torno a 600 veces, desde 1970 hasta 1983, fecha ésta en la que unos chavales enviaron a mejor vida a Morro después de propinarle inhumanos golpes.
Las hipótesis son de variado cuño, desde la que señala que Morro buscaba multitud de gente con la esperanza de recibir comida y cariño. Pero, esta opinión se cae por su propio peso, ya que Moro no asistía ni a las bodas ni a otros eventos que atraían multitudes.
Se sostiene que un empleado del Ayuntamiento, por esa época, de nombre Manuel, colocaba unos banderines en las casas en que habían ocurridos desencarnaciones, y que Moro le acompañaba. Después de lo cual, siempre recibía de Manuel: comida y cariño. Se quiere explicar el hecho de que relacionaba las desencarnaciones con ese aporte de comida y cariño, y dado que por algún sentido extrasensorial percibía la proximidad de la desencarnación de las personas, se apostaba en el lugar, esperando que llegase Manuel a que le diese, precisamente eso: comida y cariño.
Esta hipótesis, también resulta insuficiente, ya que no explica el acompañamiento hasta la última morada, ni la espera a la entrada del pueblo cuando llegaba alguien que había pasado a mejor vida en las afueras.
Se cuenta que, en diversas ocasiones, Moro fue puesto en algunos camiones y trasladado a Granada y Ciudad Real, y abandonado allí. Empero, al poco tiempo, volvía a Fernán Núñez por sus propios medios.
Evidentemente, la conducta de Morro creaba cierto temor en gran número de personas, sobre todo cuando se acercaba a sus casas y había en ellas algunos familiares con salud precaria.
Una mujer de Fernán Núñez, de nombre Carmela, lo cuidaba y fue la que le puso por nombre “Moro”.
Sin duda los perros, y los animales en general, tienen las mismas facultades espirituales que los seres humanos, y las especies vegetales, como lo prueban incontables investigaciones científicas, como las de la Sociedad de Investigaciones Psíquicas, de Londres, y las de Ernesto Bozzano, en su libro: LOS ANIMALES TIENEN ESPÍRITU? Y la de Leo Talamonti, intitulada: PARAPSICOLOGIA E MISTERI DEL MONDO ANIMALE. Talamonti cuenta el caso de la perra Dora, que después de dos años y medio de haber sido regalada, al haberse ausentado su dueño, vuelve a su antigua casa, unos días antes de que éste regrese de su larga ausencia. –Cómo sabía Dora de que su antiguo amo, a quien le tenía gran afecto, iba a regresar?
-Cómo regresó a Fernán Núñez, el perro Moro, desde Granada y Ciudad Real, después de haber sido abandonado allí y sin saber por que camino había sido llevado?
El autor de este artículo ha reseñado la historia de una gata de nombre María Dondena, que después de ocho meses, y recorriendo 400 Km., regresó a su antigua casa. También ha reseñado otros importantes casos en un artículo intitulado INTELIGENCIA ANIMAL.
La percepción espiritual de los animales es más profunda y lúcida que la de los humanos. Ellos ven cosas y las entienden en un grado mayor de que los humanos piensan.
Sin duda el velo que impide ver en la dimensión espiritual, a los humanos, no existe para algunos animales o para todos ellos, lo que le hace percibir, prediciendo sucesos, con su conducta, que se corroboran días después, indefectiblemente. Ellos saben cosas que a los humanos se les escapan. –Por qué?
La Parapsicología, el Espiritismo, las Ciencias Psíquicas, y las Ocultas, el Chamanismo, y algunas otras corrientes de pensamiento, ofrecen estudios que aportan respuestas a gran número de inquietudes que cada día atraen más la atención a nivel masivo, y en el mundo entero.
El perro Moro yace en su última morada en las cercanías de un paredón, en un Parque de Fernán Núñez, el cual, al caerse en forma inexplicable, conformó una especie de monumento encima de la misma.
El artista oriundo de Fernán Núñez, Juan Polo, realizó una hermosa escultura del perro Moro, que refleja el sentimiento, la serenidad, la bondad y la inteligencia de este noble animal, el cual monumento, por encargo de las autoridades locales, se encuentra en el Parque de Las Fuentes, en Fernán Núñez.
La fama de Moro alcanzó proporciones nacionales e internacionales, y la televisión y la prensa de diversos países, entre ellos Alemania, han realizado interesantes documentales sobre él. Por méritos propios ha pasado a engrosar la historia y la leyenda animal, llamando la atención sobre facultades que precisan ser mejor estudiadas por el ser humano.
Adelante.

lunes, 21 de marzo de 2011

PODER ABUNDANTE PARA VIVIR




PODER ABUNDANTE PARA VIVIR
   ©GIUSEPPE ISGRÓ C.


Cada día tiene su afán, dijo el poeta, y constituye una nueva oportunidad para avanzar en el logro de metas predeterminadas.

Es necesario utilizar el poder creativo que reside en el ser interior para abordar únicamente el "afán propio de cada día", dejando al pasado las cargas obsoletas, y al futuro, las que vendrán, una a una.

Posees todo para triunfar. Enfoca tu poder creativo a la solución de las cosas prioritarias y esenciales que verdaderamente te competen, abandonando a momentos propicios las cargas innecesarias con las cuales cada persona suele comprometerse.

Elimina todas aquellas actividades y compromisos discordantes con las propias metas en la vida, para rendir más fácil el esfuerzo de alcanzarlas.

"El ser humano, -decía A. Saint-Ives DÁlveydre-, debe dejar de murmurar en contra del destino, porque éste, es casi siempre la ley que el mismo puso en movimiento".

Existe cierta guía direccional interior que pone en contacto, a cada quien con las experiencias, personas o circunstancias que, constituyendo, a la vez, pruebas fundamentales, propician el intercambio y avance evolutivo.

La síntesis de los factores externos e internos, permiten, a toda persona, forjarse la concepción clara de la visión existencial, con sus oportunidades y limitaciones, con las aptitudes y carencias, las cuales imprimen, a su vida, el sentido direccional que constituye la verdadera misión en la vida, seleccionando las áreas de servicio vocacional u objetivos, como estrategia fundamental, que le indican donde está y en que dirección quiere ir, dedicando el despliegue de su poder creativo para vivir y auto-realizarse, como canal de la inteligencia divina, cuyo poder representa, y expresa, gradualmente.

Planeando tácticamente cómo y en cuánto tiempo llegar a la meta, la persona, logra su objetivo con el menor esfuerzo y empleo de recursos y energía, independientemente de cuantos obstáculos se le interpongan o del número de veces que deba reemprender la respectiva acción. La determinación y voluntad de vencer, dando un paso a la vez, con tenaz persistencia y sin desviaciones, conducen certeramente a la meta. Todo se logra, oportunamente.

Confucio, dijo: -"No hay que vanagloriarse de nunca caer sino de levantarse cada vez que se cae"-.
Conoce las leyes naturales y aplícalas para vivir en armonía contigo, con tus semejantes y con el universo.
La sabiduría divina existe dentro de ti, como guía certera, si son escuchadas las intuiciones del ser interior.

Oportunamente se resuelven las situaciones. Actúa con paciencia y efectividad, teniendo claro, en la mente, el resultado final. Paga el precio respectivo, con lo cual, las leyes naturales funcionan adecuadamente.

Da las gracias, a la divina Providencia, por todas las cosas buenas que posees: Vida, con un espíritu inmortal; luz, experiencia, familia, amigos, salud, voluntad de triunfar, tenacidad, auto-confianza, "know how" o conocimientos técnicos y/o profesionales, cultura, ciertos recursos, etcétera.

El poder de la gratitud conecta la propia dínamo psiconsciente con la fuente de donde emana todo poder genuino, el Gran Ser Supremo, con cuya unión armónica experimentas, automáticamente, las más sublimes manifestaciones de conciencia cósmica, energía y plenitud de vida.

Llena, la mente, de admiración y respeto por las leyes universales que impecablemente rigen todo, como "la dirección invisible" a que hacía referencia Adam Smith, en su obra "Las Riquezas de las Naciones", cuando decía: -"Todo individuo trata de emplear su capital de tal forma que su producto tenga el mayor valor posible. Generalmente ni trata de promover el interés público ni sabe cuanto lo está promoviendo. Lo único que busca es su propia seguridad, sólo su propia ganancia y al hacerlo, una mano invisible lo lleva a promover un fin que no estaba en sus intenciones. Al buscar su propio interés, a menudo promueve el de la sociedad más eficazmente que si realmente pretendiera promoverlo"-.

El amor, la humildad, la sinceridad de propósito, la paz y el orden interior, son elementos que es preciso cultivar, asiduamente, en el ascenso del progreso y la propia contribución a la riqueza del mundo.

La regla de oro es efectiva, cuando exhorta: -"Haz a los demás lo mismo que desearías para ti, en idénticas condiciones"-.

La armonía, cultivada en lo interno, establece correspondencia con la cósmica, con el Gran Ser Supremo, a cuya guía y poder confía la propia existencia. Poniendo orden y reinando internamente, gobiernas y ordenas en lo externo.

Establece sintonía con las fuerzas cósmicas superiores a través de la siguiente afirmación:

-Gracias, Creador Universal, porque ya todo está resuelto. Hay armonía y orden; prosperidad, abundancia y equilibrio; luz y amor; poder y humildad; fraternidad y comprensión; fortaleza y salud; sabiduría y tolerancia; riqueza y generosidad; metas y realización. Que la Divina Esencia cósmica colme mi ser y guíe mi mente para que, con acierto, actúe en todos los actos de la vida. Que las bendiciones cósmicas llenen a toda la humanidad de sentimientos de amor, fraternidad y bienestar, para que la paz profunda sea la expresión del poder para vivir que en cada persona reside. Así sea. Así será. Hecho está.

Adelante.
 
 





sábado, 5 de marzo de 2011

EL CONOCIMIENTO DE DIOS –II-



EL CONOCIMIENTO DE DIOS –II-

POR ©GIUSEPPE ISGRÓ C.


Escudero era un fervoroso de Dios. Practicaba el constante recuerdo del nombre de Dios, diariamente. Lo repetía mil veces en la mañana y otras tantas en la noche; durante el día, también mantenía centrada la atención en el Creador. Su tenaz y férrea disciplina sufí se había consolidado con muchos años de asidua práctica.
Cuando las circunstancias se ponían poco fáciles, comenzaba, mentalmente, a repetir el nombre de la Divinidad, y las cosas parecían ordenarse adecuadamente, como por arte de magia. Por supuesto, el proceder de Escudero siempre era justo y perfecto, y su acción constante la realizaba con expectativas positivas. Jamás se rendía frente a ningún obstáculo. Estaba convencido de que, cada uno, siempre tenía su propia salida.
Escudero confiaba en esto y había hecho del Dzikr  su práctica de espiritualidad habitual; era, ya, parte de él, como una segunda naturaleza.  Además, lo hacía sin esfuerzo alguno, encontrando inmenso placer, y paz, en ello.
Este tipo de Espiritualidad, le mantenía, a Escudero, la mente lúcida y en perfecta armonía. También, le había permitido adquirir un excelente control de su mente, de su pensamiento, de sus sentimientos, de sus palabras y de sus actos. Dominaba, en buen grado, la ley del karma y la del vipaka, es decir, las que rigen la acción y la reacción.
Inmerso en la conciencia de Dios, había alcanzado lo que se denomina conciencia cósmica, es decir, un estado intuitivo de la mente que le permite conocer las cosas sin saber como ni porque sabe. Esta condición, al mismo tiempo, le permite ser un canal fértil de la inspiración, es decir, recibir comunicaciones de contenidos mentales desde fuentes cósmicas, de la dimensión espiritual, de entes encarnados, en proyección astral o de entes en estado de libertad de los lazos de la materia. Empero, la inspiración en la conciencia de los sentimientos análogos a los valores universales, es, también, una de las funciones inherentes al Creador Universal, en su carácter de Gran Pedagogo.
Escudero estaba observando, ahora, como se iba depurando el velo que separaba su percepción objetiva, en la dimensión física, de la subjetiva, de la dimensión espiritual. Les resultaban visibles cosas que antes únicamente intuía.
El noble Escudero siempre había regido su conducta por los parámetros de los valores universales, y eso había convertido su vida en un manantial de bienestar y felicidad. Asumía las adversidades existenciales con absoluta entereza y ánimo contento como si fueran bendiciones de Dios, derivando de ellas importantes enseñanzas.
Bajo la égida de los valores universales había hecho realidad, en su propio nivel evolutivo, aquel mandato de los hijos de la luz, de la práctica de todas las virtudes, comenzando por ser una persona libre, -libre de los efectos de los valores en polaridad negativa, o antivalores-. Regía su vida por las más depuradas costumbres y austeras disciplinas de vida y espiritualidad directa centrada en el Creador Universal, sin intermediarios.
Más de una vez, Escudero le había referido a Hidalgo que había logrado esto con asiduo esfuerzo y sometiendo sus pasiones al crisol depurativo del constante recuerdo de Dios, o Dzikr. Mediante esta alquimia sufí, la persona va transmutando su estado de conciencia, así como sus pensamientos y sentimientos, de un determinado estado de conciencia a otro más elevado.
Hidalgo, asombrado, le escuchaba referir lo que parecían sus propias experiencias de los últimos dos años. Denotaba, Escudero, un estado de percepción interior de niveles elevados y sorprendentemente lúcidos. Cómo lo había logrado? Quién le había transmitido a quién, por vía telepática, los contenidos mentales que parecían compartir? Se asemejaba, esto, a lo que Napoleón Hill denominaba “grupo mente maestra”. En efectos, Hidalgo y Escudero tenían alrededor de tres años que se reunían, regularmente, dos o tres veces por semana, conversando sobre los temas de común interés. Esa fue una etapa inolvidable en la vida de ambos, en aquella tierra lucentina, en aquel ambiente dinamizado por la enorme pirámide que en el techo de la Estación de autobuses, quien sabe por idea de quién, se encontraba. En aquel lugar, muchos le manifestaron a Hidalgo que sentían la presencia de Dios, tal era la paz y la elevación espiritual que se respiraba. E Hidalgo se preguntaba como Escudero había llegado a aquellas conclusiones tan lúcidas sobre Dios, que ambos compartían con análoga percepción.
Hidalgo le hacía énfasis, a Escudero, en que debía complementar esa práctica de espiritualidad directa, centrada en el Creador Universal, sin intermediarios, además del amor a sí mismo y al que demostraba tener a Dios, con el amor al prójimo.
Cuando Hidalgo percibió que Escudero había entendido por el prójimo a los seres humanos, a algunos seres humanos, le enfatizó que no era únicamente a algunos seres humanos. Era a todos los  seres humanos, en todas las condiciones sociales y en todos los grupos étnicos: blancos y negros y de cualquier otra combinación de color. Pero, además, debía extender, en mayor grado aún, el amor a todos los seres de los otros tres reinos naturales: el animal, el vegetal y el mineral. Allí también se encontraba la presencia y la expresión de Dios.
Hidalgo le contó a Escudero el cuento que había oído de niño, en el cual un hombre clamaba a la Diosa Fortuna para que se le presentase y le proveyese de cuantioso bienes y tesoros. Cierto día, en la plaza del pueblo de Condró, en la cercanía de Milazzo, en Sicilia, se topó con una anciana que le causó una sensación poco agradable y a algún requerimiento de ella, le trató con indiferencia y descortesía. Trató de alejarse de ella, con rápido paso.
Ella le interpela, diciéndole: -“Por qué te alejas, hombre, si te la pasa llamándome. Aquí estoy para cumplir todos tus deseos”.
Y, aquel hombre, indignado, le insta a que se retire, diciéndole que él no le conocía y que jamás le había visto.
La noble anciana le dijo: -“No te preocupes hombre; ya me voy. Pero no sigas llamándome, que yo suelo atender el requerimiento de todo ser que a mí acude”-.
El hombre insiste: -“Vete mujer, vete, que a ti no te conozco ni quiero conocerte”-. En un ademán despectivo, se da media vuelta y emprende la retirada.
Al rato se voltea para ver si la anciana se había ido, y en su lugar ve a una hermosa y radiante mujer, vestida de riquísimo atuendo. Al instante el hombre se le acerca y le dice: -“Gracias por escuchar mi llamado, oh Diosa Fortuna.
Entonces, la Diosa Fortuna, le dice: -Cómo, ahora me buscas, cuando haces apenas unos instantes me aborreciste?
-No, Diosa, no he sido yo, es la primera vez que te veo, -le responde el hombre-.
Oh, ser ingrato, -le dice la Diosa-, yo tengo múltiples caras, tantas como seres existen en el inmenso universo, y me presento a cada persona con el ropaje y las circunstancias que contienen los tesoros que él, o ella, me solicita. Pero, tú, al igual que muchos de los de tu especie humana, me has rechazado guiándote por las apariencias. Dejaste de ver la hermosura de mí Espíritu y los dones que te traía, sin ser capaz de ver más allá de mi ropaje exterior. Éste, hermoso o no, nada significa, más allá de la riqueza espiritual del ser.
-Ahora, -continúa la Diosa-, tendrás que seguir clamando hasta que hagas méritos, y yo vuelva a visitarte, con la indumentaria que corresponda a los nuevos dones que me pedirás. Envolveré estos tesoros bajo apariencias adversas para estimular tu capacidad de percepción hasta que seas capaz de ver que las preciadas riquezas que tu anhelas, vienen encerradas dentro de las situaciones por resolver que todos creen que a otros tocan, sacándole el cuerpo. Pocos se dan cuenta de que ellos, al percatarse de que alguien debe resolverlas, ese alguien, generalmente, es la misma persona que lo percibe. Si asume el reto, una vez culminada la meta, encontrará la riqueza equivalente que la situación, en sí, encerraba.
El hombre de nuestro cuento se percató de la lección que el hecho le presentaba, y se prometió, a si mismo, de aprovechar más efectivamente la oportunidad, cuando de nuevo, por los incesantes y eternos ciclos evolutivos de la vida, se le presentara.
Escudero, oído el anterior cuento, percibió de que esta es la manera como actúa Dios.
Todos dicen amar a Dios; le oran, le llaman, y le piden tantas y tan variadas cosas que si Dios, realmente accediera a complacerles, violando las inmutables leyes cósmicas, la vida de tales pedigüeños resultaría insoportable. La mayoría no sabe lo que quiere ni lo que pide. Ahora lo hace con una cosa, mañana con otra opuesta. Creen que Dios es un juguete con el que pueden jugar a su antojo. Y cuando por la apatía fruto de su indolencia las cosechas que obtienen en correspondencia con la siembra que han efectuado, les insatisface, culpan a Dios de lo que ellos solos son responsables.
Cuando Dios, por la ley cósmica atiende a sus ruegos genuinos, por la ley del amor, por la de justicia, por la de compensación, por la de afinidad, por la de igualdad, por la de la libertad, o libre albedrío, y por la ley de atracción y la de aislamiento cósmico, se le presenta con la faz de incontables seres, en circunstancias en que precisan ser ayudados, con cuyo servicio recibirán lo que habían pedido, como salario cósmico, airados les rechazan, sacándole el cuerpo a lo que de hecho y de derecho deberían asumir, sin darse cuenta de que están rechazando, al mismo tiempo, los tesoros que habían solicitado.
Es preciso amar a cada ser que se cruza en el camino, sin importar la faz de humildad que presenta. Mientras más humilde sea la persona que el propio auxilio solicita más atención es preciso prestar: detrás de ese ropaje se encuentra Dios quien siempre paga, por la ley cósmica, los servicios prestados a cada uno de los seres de los cuatros reinos naturales, en el universo entero, donde las moradas son tantas que requeriría mucho tiempo contarlas todas: las que ahora existen, y la que lo harán, en la eternidad, en una Creación en expansión constante.
Se hace necesario repetirlo: Es preciso amar a todo ser que se cruza en el camino, buscando el propio apoyo: Allí está Dios, el Creador Universal, ayudando a ese ser y al colocarlo en tu senda, es una oportunidad de servicio que Dios te brinda, y un honor al mismo tiempo. Todos  los recursos que tú aportarás son los que Dios, con tiempo, pondrá en tus manos, si aceptas cooperar, una parte de los cuales, quedará, en tu poder, en calidad de salario cósmico, que Él ya tiene pronto para ti, en cuanto culmines la tarea que te ha sido confiada. Recuerda que el salario cósmico trasciende todo pago monetario en incontables formas y como semillas, solamente Dios sabe cuantos frutos adicionales habrás de cosechar.
Si en cambio, airado le abandonas, como tantas veces has hecho, dejando de asumir el compromiso divino del servicio y de la solidaridad universal, por la cual, hoy es por él, mañana puede ser por ti, hay que cooperar para que ningún eslabón de la cadena universal se rompa. Con uno sólo que lo haga se pondría en peligro todo el género humano, ya que se rompería la UNIDAD CÓSMICA. Pero, eso es imposible, por cuanto si hay alguien que sabe como hacer su trabajo, ese es Dios. Él se ocupa por la ley cósmica, para que cada día, a tiempo, brille de nuevo el sol, en el firmamento.
Envuelta la nuez bajo la dura cáscara, es como Dios satisface el pedido que tú formulas. En las situaciones por resolver que la vida, día a día te presenta, se encuentran las oportunidades que precisas. No le rehúyas tu ayuda a Dios, que dando es como se recibe.
El bien que ahora haces, sin esperar recompensas, a cambio, es el único que, en verdad, poseerás.
Adelante.



miércoles, 2 de marzo de 2011

El CONOCIMIENTO DE DIOS -1-



El conocimiento de Dios -1-

Por ©Giuseppe Isgró C.


Giovanni Papini, en su clásico: Juicio Universal, pone en boca de Alejandro Magno, la siguiente expresión: -“Sentí que la única empresa digna del hombre es la conquista de sí mismo para moverse a la conquista de Dios”-. Agregamos: “a la conquista de Dios”, por el amor.

Sri Ramakrishna le decía a M.: -“Quiénes sois para enseñar a otros? Por qué el ser humano no aprende por sí mismo a conocer a Dios? Cumple todos tus deberes con el mundo pero conserva tu mente fija en Dios. Meditando en el Creador, en la soledad, la mente adquiere el conocimiento de Él”.

Sin duda, la grandeza de Dios trasciende las facultades cognoscitivas del ser humano, pero, -es ésta una razón suficiente para dejar de percibir, de Él, lo que, en el eterno presente, seamos capaces de lograr? Esa es la meta eterna, afortunadamente.

El constante recuerdo del nombre del Creador, centrando la atención en Él, permanentemente, es esencial. Donde se centra la atención, se expande la conciencia y comienza a fluir el conocimiento y el poder creador.

Jamás nos hemos separado de la Fuente Universal, empero, es preciso adquirir conciencia de que la conexión con el Creador, ya existe, desde siempre.

El ser se encuentra inmerso en Dios: el Espíritu Universal, al igual que los peces lo están en el mar. Pueden tener sed, los peces, estando en el agua? Y, el ser humano, viviendo en el Espíritu Universal, puede dejar de conocerle? –Por qué no aprovecha, en mayor grado, la ABUNDANCIA que la previsión divina a puesto a nuestro alcance? -Tener “hambre”, y dejar de satisfacerla, en el Granero de Dios, es eso posible?

Hay que percibirse como una emanación del Espíritu Universal. Una emanación eterna e inmortal, autónoma, con la facultad del libre albedrío, entre otras inmensas.

El Creador Universal hace sentir, a cada instante, su voz de PEDAGOGO, en la conciencia, aportando la enseñanza adecuada. Coordinando, al mismo tiempo, para recibirla de quien y de donde menos se piensa. Oportunamente, aparecerá la persona, en el propio camino, que aportará la lección precisada. Es necesario reconocer, en los encuentros circunstanciales de la vida diaria, tanto la presencia de Dios como la de su enseñanza. Primeramente, en la conciencia. Luego, por medio de otros seres. Todos somos expresiones múltiples de la DIVINIDAD, e instrumentos de su voluntad.

-Cómo lo hace Dios? Por el lenguaje de los sentimientos en la propia conciencia. Inspira el conocimiento de los valores universales, y al mismo tiempo, la ley cósmica, deja sentir su advertencia coercitiva-pedagógica como guía en la conducta, y como acción coactiva, cuando el ser precisa corrección, por efecto de la ley de justicia.

Es factible conocer a Dios por los atributos divinos o valores universales. El ser humano –y los seres en los demás reinos naturales- los poseen en igualdad de condiciones que los del Creador. La única diferencia reside en que Él los tiene desarrollados en grado infinito, en todas sus inmensas vertientes y variantes. Los atributos de los seres se encuentran en estado de POTENCIALIDAD, que, eternamente, sin límites algunos, habrán de ser desarrollados, adquiriendo nuevos niveles de conciencia.

Conociendo cada atributo divino, en el propio ser, se conocen los de Dios. Gradualmente, se entiende. Los doce atributos básicos, por los cuales sería ideal comenzar a conocer a Dios, son: El amor, la justicia, la prudencia, la fortaleza, la templanza, la belleza, la afinidad, la igualdad, la compensación, la libertad, la armonía y el orden. Directa o indirectamente, se vinculan con todos los demás atributos.

El amor, síntesis universal de la ley cósmica: engloba todos los valores universales en su cumplimiento o práctica. Es decir, si se cultiva el amor, se estaría realizando, simultáneamente, la práctica de todas las virtudes.

Un buen comienzo en el cultivo del conocimiento de Dios es hacerlo por medio del amor, en todas sus inmensas vertientes. Adelante.



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miércoles, 9 de febrero de 2011

EL ORDEN PERFECTO




EL ORDEN PERFECTO

POR ©GIUSEPPE ISGRÓ C.


El poeta se repetía a sí mismo, una y otra vez, en estado de interiorización: -“Entro en el orden perfecto de mi vida”. Apenas hacía unos días, su maestro le había dicho: -“Busca y encuentra la solución dentro de ti”. No es el zahorí quien tiene que darte la respuesta. El zahorí eres tú; y, el qué, el cómo, el cuándo, el dónde, el cuánto, el quién y el por qué, afloran en tu propia conciencia, si atento las escuchas. Pero, solamente puedes estar centrado afuera o adentro, al mismo tiempo. Es preciso descentrar la atención del propio ego y conectarla con la fuente interior: en comunicación espiritual con la Divinidad.
Este era el orden de ideas que venían fluyendo en su mente y sobre ellas estaba meditando. El maestro le había dicho que por noventa días debía repetirse, diariamente, cien veces: -“Encuentro el orden perfecto de mi vida”.
-“Encuentro el orden perfecto de mi vida”, se repetía, diariamente, la persona de nuestro relato, para reorientar las fuerzas que le permitiesen afrontar una realidad desacostumbrada para él. Su amigo, en el otro extremo del mundo, esa mañana, le había dicho, también: -“Adquiere, y lee, un libro que hable de las leyes de la vida y de los valores universales, cuya comprensión te permitan dinamizar tu pensamiento positivamente y aquilatar la visión con la percepción de la realidad divina en conexión directa con el Creador Universal”. Este hombre le tenía mucha confianza a su amigo. Desde el primer instante afloró, entre ellos, una amistad como que hubiese existido desde siempre.
-“Encuentro el orden divino de mi vida”, continuaba repitiéndose, sosegadamente. No, es el orden perfecto,.. se corrige a sí mismo. Bueno, perfecto o divino, viene a ser la misma cosa, pensaba.
Luego, se pregunta: -“¿Qué significa encontrar el orden divino dentro de mí? ¿Algo que está en orden, significa que cada cosa se encuentra en su lugar? Si cada cosa se encuentra en su lugar, cumpliendo la función correcta, eso crea armonía. Si hay armonía, ello se refleja en la belleza exterior. Pero, solamente puede haber belleza verdadera, perdurable, reconfortante para el Espíritu, cuando en lo interno impera una condición de análoga naturaleza. Nada existe en lo que externo que, al mismo tiempo, no se encuentre en lo interno. Lo que está en los pensamientos y en los sentimientos, tarde o temprano se reflejará en las palabras y en los actos. La belleza que se ve es la que se corresponde con la justeza de los elementos que la componen. Es decir, todos las partes son las justas y las perfectas que se precisa. La justicia, como valor, viene a representar la clave del orden perfecto. Dar a cada uno lo suyo, decían los juristas del Derecho Romano, y, respetarle, también, lo que le pertenece.
La clave, -reflexionaba el poeta-,  reside en armonizarse con los valores universales, equivalentes con los atributos divinos del ser humanos. Estos son equivalentes, potencialmente hablando, a los que posee el Creador. Por eso se habla de Macrocosmos y de microcosmos. Una sola ley rige todo: lo grande y lo pequeño, en los cuatro reinos: el humano, el animal, el vegetal y el mineral, que, en fin, no deja de ser un solo reino: el ESPIRITAL, -por cuanto cada uno de los citados cuatro reinos está dotado de un Espíritu, eterno e inmortal, inteligente y con libre albedrío, aunque regidos por leyes naturales-, conformando la UNIDAD, o, -¿el UNO?-. Solamente se puede gozar de la auténtica libertad si se piensa y siente, se habla y actúa, en correspondencia con los valores universales, en polaridad positiva. Si dentro de sí hay armonía, y orden perfecto, por los efectos de la resonancia magnética se encuentra la misma condición en lo externo, vibrando al unísono el entorno con lo interno. Quien se auto-domina, bajo la égida de los principios naturales, domina su ambiente existencial.
Por ejemplo: el secreto del termostato. Su regulación en determinado grado, sean cuales fueren las condiciones climáticas externas, mantiene la temperatura interior inalterable: constante. Es el orden interno perfecto. La perfección ideal – relativa, que se anhela de acuerdo a los propios valores, al estado de conciencia que se tenga de los valores universales. Si fluye la percepción clara de los parámetros que, en cada valor universal, deben conducirse los propios pensamientos y sentimientos, las palabras y los actos, el orden perfecto estaría rigiendo en lo interno, el cual, paralelamente, lo hará, también, en lo externo. Cómo es adentro es afuera. Como es arriba es abajo. Y viceversa. La solidez moral de lo uno influye en lo otro. Los ingredientes son: PENSAMIENTOS Y SENTIMIENTOS, regidos por la intención del ser. Esto es la causa y la razón. Los efectos y las consecuencias, vienen a ser las palabras y los actos, y los resultados que generan. Siembra y cosecha. Objetivos y resultados. Premio y pago.  Paz e inquietud. Conciencia tranquila y su condición opuesta. Orden y Armonía. Poder y Creación. Amor y Justicia. Fortaleza y Templanza. Equilibrio y Serenidad. Confianza y Seguridad. Servicio y Salario Cósmico. Dar y Recibir. Paciencia y Tenacidad. Tolerancia y Bondad. Placer por el bien hecho. Orden Perfecto de acuerdo a la Justicia Divina, en armonía con todos y con el Todo.
-“Entrar en el orden perfecto”, -seguía pensando el poeta, es escuchar la voz del eterno en la conciencia, por medio de los sentimientos de los valores universales. Cuando pienso en los valores que acaparan mi interés, en polaridad positiva, se activa la ley de la atracción, y se comienza a atraer, del entorno, a los elementos coadyuvantes a la propia obra. Paralelamente, se activa, también, la ley de aislamiento cósmico, que aparta todo lo que le es antagónico. Aparta lo que estorba, limpia el camino; permite el acceso a lo que corresponde en armonía al orden establecido. En lo que se piensa se activa la conciencia y la fuerza creadora inherente. Acción y pensamiento; pensamiento y acción. Pensar, luego actuar. ¿Es fácil? Todo precisa trabajo. Dios pensó el universo. El ser humano, -y los integrantes de los tres reinos naturales, en ambas dimensiones: física y espiritual, lo realiza. El uno es anhelo de ser, en todas sus vertientes, en eterno devenir; los otros: la expresión del ser.
Al activar el orden divino dentro del ser se pone en movimiento la central energética del cosmos; fluye el poder creador y la sabiduría de los valores universales, en la propia conciencia y en el universo. Mundos paralelos: arriba y abajo; abajo y arriba; es lo mismo. Como es uno es el otro. Asumir la verdad. -¿A qué sirve evadirla? Orden divino en armonía con los valores universales. De repente se hizo la luz en la mente del poeta. Por eso exclamó: ¡Ahí está la clave! Claro, por eso la idea de repetir cien veces al día, por tres meses: -“Encuentro el orden perfecto de mi vida”. Para obligarle a centrar la atención, -¿en qué? Sí, eso es, EN LOS VALORES UNIVERSALES, que rigen todo: los principios, las leyes divinas, el universo, la mente, los pensamientos, los sentimientos, las palabras y los actos. Tan sencillo como eso. Es verdad: muy sencillo. ¿Por qué no me lo enseñaron en la escuela? Eso no importa, ahora. La vida te lo enseña. Y el maestro te lo susurra en la conciencia; EL CREADOR, mediante el lenguaje de los sentimientos, en correspondencia con los valores universales.  
En lo que centras la atención se expande la conciencia y van fluyendo las ideas, y las ideas tienen fuerzas, y las fuerzas atraen o repelen. ¿Qué quieres atraer? ¿Qué deseas repeler? Por supuesto, se anhela: el bien, la salud, el amor, la riqueza, el éxito, el progreso, la sabiduría, el dinero, los alimentos, vestidos, casa, transporte, familia, trabajo, seguridad. -¿Qué más? También,  sentido de pertenencia, de dignidad, de autorrealización y de conexión con lo divino. -¿Qué más? Se anhela una misión que de sentido a la propia vida y que permita el crecimiento personal. Un propósito existencial que ordene la propia vida. Orden divino en armonía con los planes trazados por el Gran Arquitecto del Universo. Y, también, amor. Mucho AMOR: -poder supremo que mueve el universo.
El orden perfecto va permitiendo la conexión divina,  fluyendo la luz. El poeta, sigue pensando: Entro en el orden perfecto universal, contando del cuatro a uno: 4-3-2-1. Ahora estoy ya en el orden perfecto universal. Rijo mis pensamientos y mis sentimientos por los parámetros de los valores universales. Actúo guiado por el sentido de la justicia y expreso todas mis palabras impregnadas con la energía del amor; con respeto, sinceridad, alegría, tolerancia y efectividad, es decir: con contundencia. La vida no es juego; estamos aquí para triunfar, haciendo, al mismo tiempo, la mayor suma de bien posible.
El poeta se iba imbuyendo, cada vez mejor, de los sentimientos de los valores universales, y le encontraba un justo sentido a la vida. Esas ideas claras iluminaban sus pensamientos y las consecuencias de sus palabras y actos. Fluían, los sentimientos, en polaridad positiva;  todo en armonía. El poeta había encontrado el camino del orden divino. Ahora, era preciso recorrerlo, en el eterno presente. Orden, armonía, poder y amor: cuatro poderosas palancas eternas. Ahora, el poeta, iba anotando las cien palabras que se correspondían con valores que él quería afirmar en su vida, para afianzarse en el orden divino y recibir sus efectos, por añadidura. Él, se había hecho el propósito de cumplir el compromiso asumido de repetir cien veces al día, por noventas jornadas: -“Encuentro el orden perfecto en mi vida”-. Luego, añadió: En armonía con el Universo. Recapacita y afirma: -ESTOY, YA, EN EL ORDEN PERFECTO DE MI VIDA, en conexión con el Creador Universal. Él es yo; yo soy Él; soy, -y represento-, todo lo que Él es. Lo que Él quiera; nada se le asemeja. El orden perfecto.
Adelante.