martes, 9 de septiembre de 2014

LA FLOR Y EL JARDINERO






LA FLOR Y EL JARDINERO

©Giuseppe Isgró C.


Era un aprendiz de jardinero, que practicaba su arte como un hobby en su tiempo libre.
Aquella mañana soleada, encontró una flor, hermosa variante de margaritas, de color anaranjado, de las que tanto cultivaba su madre, cuando era un niño, en el jardín de su casa, en su pueblo natal. Alguien la había arrancado de un pequeño jardín, al frente de una oficina, en la avenida principal. El joven la recoge, se la coloca en el bolsillo izquierdo de su pantalón, y se forja el propósito de sembrarla en la jardinera de su casa.
Así lo hace y al poco tiempo nacen dos pequeñas planticas, de las cuales solo una llega a desarrollarse medianamente, y alcanza a dar dos margaritas.
Una vez secas las dos flores, el jardinero siembra las semillas, y esta vez nacen un mayor número de planticas. Luego, repite el proceso, sembrando las semillas de las nuevas flores; al germinar, la jardinera se pobló abundantemente.
Cada nueva flor seca, le aportaba las semillas que volvía a sembrar con el propósito de llenar su jardín de aquella maravillosa margarita, que en su crecimiento y desarrollo adoptaba una gran variedad de colores.
En la segunda generación, el jardinero observa con asombro, que algunas plantas dan flores que son diferentes unas de otras; es decir, unas plantas dan la misma flor pero sin los pétalos. Es como si fuera el “macho” de la planta, al igual que ocurre con otras especies, por ejemplo, la lechosa, o papaya. Por lo menos, esto es lo que pensaba el novel jardinero.
Pero, allí estaban las dos variedades que habían salido de una sola y única planta.
Cada mañana, al salir al jardín, experimentaba una profunda emoción al contemplar la inmensa variedad de colores de aquellas exóticas flores, que alegraban la vista de todos quienes pasaban por el frente.
Las flores parecían decirle al jardinero: Gracias!!! Porque las plantas, aunque alguien pueda no creerlo, experimentan sentimientos y emociones, y, también “piensan”; están conscientes de lo que ocurre a su alrededor. Saben quien les ha sembrado, y quien las cuida, y se esmeran en agradarle hermoseando sus formas con coloridos más brillantes y atractivos. Y le sonríen; sí, le sonríen alegres y agradecidas.
Esa belleza y respuesta a los cuidos del jardinero, le estimulan para que le siga cultivando, limpiando el jardín de la maleza, y regarla con agua, todas las noches, o casi.
Al prosperar su jardín, lo hace, también, la persona, por cuanto se armoniza con la naturaleza, y su vida comienza a fluir con una energía vivificante. Se integra con la naturaleza, y ésta le utiliza como su instrumento, para lograr sus objetivos cósmicos.
De las semillas encontradas por pura y aparente casualidad, han nacido ya, centenares de plantas y miles de flores. Muchos de los transeúntes, al pasar, arrancan una flor, con la emoción de sembrar las semillas en su propio jardín. Otros, mas respetuosos, se acercan y solicitan permiso para tomar una flor seca para sembrar sus semillas en sus casas.
De esta manera, las hermosas plantas se van expandiendo en su reproducción, abarcando inmensos territorios, y seguramente, van pasando de un continente a otro, inspirando a quienes les contemplan, la idea de que les siembren en sus propios jardines.
O, acaso no fue pura casualidad que el joven jardinero encontrara aquella mañana la flor, destinada al basurero? O, al estar arrinconada, y secarse, quizá, sería arrastrada por el viento, y habría nacido en cualquier lugar a donde aquel le condujese? Pero, el jardinero nunca iba por aquel lugar por donde recogió la flor. Qué extraña coincidencia le llevó allí? Y, luego, viendo la flor, fue inspirado para acacharse y recogerla, y, posteriormente, sembrar las semillas, cuidar su crecimiento hasta verle florecer, esperando con intensa emoción mientras eso ocurría.
No deja de ser extraña dicha constancia. Pero, es el caso que en su mente se imaginó el jardín lleno de hermosas margaritas anaranjadas, tal como ahora lo contemplaba. No será que el Espíritu de aquella hermosa planta, y flor, le inspirara aquel cuadro mental, para moverle a la acción?
Hoy se sabe que las plantas perciben, y comprenden. También, que se comunican telepáticamente. Y, quien sabe cuantas cosas más hacen, muchas de las cuales, la ciencia ha ido desentrañando.
Los experimentos realizados por científicos de todo el mundo, han verificado que las plantas son capaces de percibir cuando las personas dicen la verdad, o no. También, reconocen a las personas que les hacen daño, y a aquellas que les cuidan.
Responden a las emociones de la música agradable, a la conversación amistosas del jardinero que les habla. Esta es la razón por la cual Luther Burbank logró que los cactus de su jardín crecieran sin espinas. El les decía, mientras las regaba, que crecieran sin espinas, porque no las iban a necesitar, ya que él las cuidaría. Los cactus, atendiendo al mensaje de aquel ilustre genio, le complacieron y, al crecer, lo hicieron sin espinas.
El jardinero recordaba un día, que al salir de su apartamento, la imagen de una planta seca y una fuerza irresistible le hicieron asomarse en un área escondida, por la que nunca se asomaba. Allí se encontraba una planta olvidada que estaba secándose, Fue a buscar un balde de agua y la regó. Con el tiempo, dos veces más sintió la misma impresión y fuerza, con el mismo resultado. En otro lugar, con el mismo tipo de planta, experimentó idéntico fenómeno. El jardinero, alberga la certeza de que las plantas se comunican telepáticamente entre ellas, y también con las personas, animales y con los Espíritus elementales de la naturaleza, en el reino mineral.
El novel jardinero recuerda, también, como al sembrar, en años anteriores, en su jardín, algunos carpachos, al poco tiempo, al manifestarse las primeras flores, parecían sonreírle, como dándole las gracias. Cuántas mañanas experimentó profundas emociones contemplando a aquellas flores de hermosas tonalidades de colores entre el blanco, anaranjado y el amarillo.
Lo mismo experimentó al brotar del capullo la primera rosa roja, en un rosal que sembrara. Él recuerda como, caminando por Madrid, al pasar por un hermoso jardín en la zona de “Ventas”, una fuerza irresistible le indujo a voltear, y con asombro contempló unas rosas y otras hermosas flores que parecían sonreírle. Sintió como si ellas supieran que él, aunque aprendiz, era un jardinero en potencia, que, sentía un profundo amor hacía las plantas, y se ocupaba en cuidar un jardín que, día tras día, iba de mejor en mejor. Para las plantas, cada jardinero, representa un benefactor del reino vegetal. Ellas están conscientes de esto, y siempre quieren estimular a quienes muestran aptitudes para seguir por ese hermoso camino de autorrealización.
Con razón, muchos aprendices del budismo zen, y taoístas, practican la meditación mediante el cultivo de la jardinería, u otro arte análogo, por ejemplo, el del bonsái. Por este medio alcanzan elevados niveles de iluminación.
Es natural que a través del arte del cultivo de un jardín se alcancen profundos estados de conciencia y sus respectivas estaciones de comprensión. Primeramente, el jardinero se antepone un propósito: Cultivar su jardín, Elige las plantas que desea. Aunque no sabemos si él es quien elige, o alguien de la dimensión espiritual del reino vegetal le inspira las plantas que debe elegir. A veces pienso que, los Espíritus de las plantas que desean encontrar un instrumento para lograr su objetivo de expansión, eligen al jardinero, y el lugar, a donde quieren expandirse. Le inspiran la imagen de la planta, y el deseo de cultivarla, se la recrean en la mente del mismo una y otra vez, hasta que el anhelo de tener tan hermosas plantas, le mueve a la acción y va en busca de las semillas, las siembra con emoción, y atención expectante, y espera hasta que aparezcan las primeras flores, cultivándolas con amor y dedicación.
Se da cuenta, tan pronto como se forja el propósito de cultivar dichas plantas, como se manifiesta un sentimiento de felicidad. Por todas partes las observa donde antes jamás las había visto. Es que ya, su mente, se encuentra en perfecta sintonía, y la ley de atracción comienza a realizar su trabajo. Donde se centra la atención se expande la conciencia perceptiva, comprensiva y realizadora.
Y esto mismo ocurre en el arte zen, y también en el taoísta, en el sufís, en el espirita, y en el místico, o en el de cualquier otra clase. Se manifiesta el sentimiento de un propósito claramente definido, los objetivos enunciados por escrito con la descripción los resultados que se desean alcanzar a corto, mediano y largo plazo, que aportan un sentido de dirección y cuantificación; se experimenta la emoción del logro como si ya lo hubiese alcanzado; fluye la energía creadora hacia la realización del ideal cultivado, primeramente, en la imaginación sintética o creativa, de la mente, y luego, plasmándolo en la realidad objetiva por la firme constancia que logra hasta lo que aparentemente pareciera imposible. Con dedicación y amor se transforma en realidad tangible cualquier resultado que ardientemente se desee, cuya conquista aporta un motivo poderoso de vida, proporcionando felicidad, autorrealización e iluminación. A esto se le denomina Nirvana, Satori, Conciencia Cósmica, y tantas otras cosas que, cada quien, en su caso particular, sabe a que se refiere. Se alcanza el éxtasis místico que aporta la comprensión de las leyes de la naturaleza; entra en perfecta armonía con las mismas; y a través de la compenetración con la naturaleza divina de las plantas, por el cultivo de las plantas de su jardín, va observando, descubriendo y comprendiendo, en cada una de las plantas, y de los seres de su jardín, a Dios. Sí, en su jardín, comienza a contemplar la presencia de Dios. Allí está la vida fluyendo, y por lo tanto, también está Dios y le percibe con un profundo sentimiento de amor. Se da cuenta de que, cultivar su jardín representa una forma de adoración a Dios, y Él responde haciendo manifestar la Divina Presencia, también con Amor; con Su Amor.
Cada mañana vienen hermosas mariposas, algunas de ellas, las denominadas Monarcas, y abejas, a absorber el néctar de las flores; también se han visto colibríes, canarios y potoquitas. Recientemente, se ve con emoción a una pequeñísima iguanita, bebé, apenas, que hizo del jardín su hogar, ya que, dos meses más tarde, aún permanecía allí. La mañana de un domingo, la iguanita se introduce en las rejas de su puerta, como diciéndole: Mira, aquí estoy yo! Quien la descubre, es la perrita de la casa, una caniche, de nombre Pepa, que la contempla como a una vieja amiga y compañera.


El jardín comienza a tomar mejor forma cuando al jardinero se le suma el apoyo de su esposa. Entonces, al poco tiempo, se vuelve en un espectáculo digno de verse. Y ya las personas se atreven más a pedir las semillas para sembrarlas en sus propios jardines.
Un día, a la esposa del jardinero se le ocurre de poner en el jardín un puñado de alpiste. A partir de ese momento, los canarios fluyen a todas horas y también pájaros de diversas especies. Ya, es un propósito firme, cada semana proveerse de un paquete de alpiste para los nuevos amigos que, a diario, vienen a alimentarse en aquel hermoso jardín, impregnándolo de mágica vida.  
Tanto el jardinero, como su esposa, e hijos, y la perrita Pepa, que comparte como un miembro “humano” más de la familia, disfrutan la emoción de contemplar, a todas horas, aquel espectáculo de flores, mariposas, canarios, pájaros diversos, la iguanita y quien sabe cuántas cosas más se experimentarán. La esposa del jardinero anhela que en su jardín llegue una ranita, que ella denomina: “Ranita de la suerte”. A tal fin le colocó un envase plástico con agua, entre los carpachos, que, de momento, parece que quien la usa es la iguanita, a quien, aún, no se le ha puesto nombre. Pero, ya se le ocurrirá uno, o se lo inspirará la misma interesada. Para que vengan los Azulejos, plantó una higuera, ya que, cada mañana vienen a comer su ración de higos, casi siempre la mitad de uno, por día.
Ahora, hay muchísima plantas naciendo en aquel lugar. La otra mañana, el jardinero, al salir a contemplar las flores, sintió dentro de su conciencia, lo que le pareció un mensaje claro, nítido. En él percibía a las flores que le decían: -“Hay muchas semillas que aquí no tienes suficiente espacio para sembrarlas; cada vez que sales, o cuando puedas, llévate algunas semillas, y las dejas caer por los jardines por donde vayas, o pases. De esta manera, contribuirás a nuestra propagación por otras partes, donde, al igual que a ti, podamos alegrarle la vida a muchas más personas, con nuestra belleza y sensibilidad, y además, cumplir con la misión que nos ha encomendado el Creador. Recuerda que en nosotras se encierran profundos secretos que un día la ciencia descubrirá, y entonces, se percibirá que en nuestra aparente sencillez e insignificancia somos valiosas benefactoras de la humanidad y que compartimos el planeta tierra como iguales del reino humano, animal y mineral”.
El jardinero, a partir de aquel día, ha comenzado a esparcir por lugares idóneos las semillas de sus amigas, las margaritas de hermosos colores anaranjados, cuyo nombre científico ignora. Ya ha visto con emoción, un rincón olvidado de un edificio, como han nacido, y están creciendo, por lo menos, una cincuenta planticas, que alegrarán la vista de todos los transeúntes que por allí pasen. Muchos, alargarán las manos para llevarse una flor y sembrar sus semillas. Y así se va expandiendo la Creación, y nosotros, sin darnos cuenta, vamos dando el propio aporte, creyendo que es una iniciativa nuestra, y quizá lo sea. Pero, no deja de ser cierto, que, al fin y al cabo, no dejamos de ser instrumentos de la naturaleza de las cosas, que nos usas creativamente, si escuchamos el llamados de embellecer a la creación, y en el cultivo del arte de jardinero, alcanzar la iluminación, y en la misma, contemplar a Dios. Cada una de las plantas, es un ser que ha emanado del Ser Universal, sin separarse de Él, y sin dejar de ser Él. Al percibir esto, se habrá alcanzado la iluminación suprema.
El jardinero se ha dado cuenta ya, de cómo, a partir de una pequeña semilla, o idea, si se cree en ella y se quiere realizar un propósito claramente definido, se puede alcanzar cualquier prodigio de embellecer a la Creación con los valores inherentes al cultivo de un arte cualquiera, a ejemplo del que ejercita el jardinero, y que, jamás faltarán la inspiración y la intuición que aporten el conocimiento del qué, del cómo, del cuándo, del quién, del dónde, del cuándo y del por qué.
Haciendo lo que debe hacer con rectos propósitos, pensamientos positivos, acciones justas y perfectas, esfuerzo suficiente, atención sostenida, intención correcta, y concentración de recursos y energía en el logro de un objetivo a la vez, en el tiempo perfecto de Dios, se expande la conciencia perceptiva, comprensiva y realizadora, por la que fluyen los sentimientos del amor, de la prudencia, de la justicia, de la fortaleza, de la belleza, de la armonía y la sabiduría de los demás valores universales, o atributos de la Divinidad. Esa es la conciencia cósmica que permite percibir la Unidad en la diversidad, y de que, todo es Uno.
Adelante.


domingo, 7 de septiembre de 2014

SOLILOQUIO SOBRE LA EXPANSIÓN


SOLILOQUIO
SOBRE LA EXPANSIÓN

Del libro: La Eterna Luz

©Giuseppe Isgró C.



Expansión significa prosperidad, crecimiento, riqueza en todos los niveles, desarrollo, oportunidad, inversión, ventas, creación o innovación de nuevos bienes y servicios, reactivación de la economía, renovación personal, empresarial o de la naturaleza.
Es la primavera y el verano de la economía. Es la época de la siembra y de la cosecha.
Todo en la vida se expande en un proceso evolutivo en forma de espiral. Se amplía la conciencia, la visión, el conocimiento, la experiencia, las ideas, la confianza y el entusiasmo.
Cuando se viene de las etapas de recesión y contracción –denominada esta última “época de crisis”-, en las cuales después de haber alcanzado un crecimiento insostenible, en la etapa de expansión anterior, la economía entra en recesión y luego, gradualmente, en contracción, buscando equilibrarse, reponerse y normalizarse. Es el otoño y el invierno de la economía. Empero, el ciclo es aplicable en todas las facetas de la vida, en los tres reinos naturales.
El ciclo evolutivo en forma de espiral marca el retorno a una de las fases: reactivación, expansión, recesión y contracción, que constituyen las cuatro estaciones de la economía y de la vida. En cada fase, por seguir el modelo de la espiral, se repite el ciclo, pero, me encuentra en un nivel de comprensión más elevado que en el anterior.
Es una época propicia para mirar en los cuatro puntos cardinales, para ver en qué región o lugar es más propicia la expansión o el crecimiento personal o profesional.
Estoy consciente de que es una etapa de exploración que me invita a interesarme en las nuevas oportunidades emergentes y conocer a fondo las alternativas  y elegir las opciones que mejor satisfagan las propias aspiraciones o necesidades de crecimiento.
Las convicciones que genera en mí el conocimiento a fondo del mercado crean el entusiasmo esencial que me permite dar los pasos necesarios para invertir o actuar a fondo en  mi actividad económica.
Observo las tendencias a corto, mediano y largo plazo que me facilitan la programación de la expansión o desarrollo profesional o personal.
Las inversiones, en esta época, permiten, en el espacio y tiempo, obtener importantes revalorizaciones, ya que, el período empieza en un determinado nivel hasta alcanzar, al final del proceso, cotas más elevadas que implican el respectivo beneficio que, en varios ciclos optimizarían resultados en forma notable.  El momento de invertir es al inicio del proceso de expansión cuando los precios se encuentran en su fase inicial o después que termina el ciclo de expansión, por cuanto, en la fase recesiva o de contracción, muchas veces, por la falta de demanda del mercado los precios se ven forzados hacia niveles inferiores para estimular la demanda.
Es una etapa propicia para fijarse objetivos elevados y trabajar asiduamente para su consecución satisfactoria.
Empero, es preciso moderación para mantenerme dentro del rango de las propias fuerzas, pero, dado que se ignora dónde termina el potencial de expansión y dentro de los límites de la prudencia, preciso plantearme metas ambiciosas, realistas y que impliquen un reto o desafío de crecimiento a un nivel que optimice mis recursos disponibles, que llene carencias o satisfaga necesidades o deseos insatisfechos.
Tengo que administrar los propios recursos con efectividad para que, cuando llegue la época recesiva o de contracción, la pueda superar con facilidad; por cuanto, la ley de la vida es la del péndulo, oscila de un lado a otro, cumpliendo el ciclo de las cuatro estaciones y en el verano de la economía hay que prever para el respectivo invierno.
Con un conocimiento profundo de los ciclos –económicos, históricos y espirituales, etcétera- siempre tengo amplia confianza frente a las crisis de la índole que sean.
Toda crisis tiene efectos positivos que reequilibran las propias energías, recursos y aprovechan experiencias y aptitudes que han estado hasta ese momento inactivas.
Sin importar lo duras que puedan ser, las crisis, -de cualquier índole-, siempre se superan con un plan inteligente de acción, atacando una cosa a la vez, con paciencia, dedicación, constancia y firmeza en los propósitos. Algunas veces se denominan estos períodos como “la noche oscura del alma”, después de la cual, viene el alba dorada o la luz al final del túnel, que reinicia la expansión en todos los aspectos de la propia vida o actividad.
Me mantengo con plena convicción en el camino del bien, de los valores éticos y sustento todo crecimiento sobre la realidad para que la prosperidad sea verdaderamente sólida, con tranquilidad de conciencia y paz mental.
Al final, siempre llega la etapa de la bonanza, la prosperidad y la expansión. Es preciso prepararme más y mejor para optimizar resultados.
Toda obra de expansión debe embellecer mi vida y a la creación  y propiciar la estabilidad duradera, sólida y fértil que me permita mantener en el espacio y tiempo, como un eslabón vital en la gran cadena de la fraternidad y solidaridad universal.
La belleza debo sustentarla en la sinceridad interior, en el cultivo del amor y los elevados sentimientos que, al embellecer el espíritu, se refleje en las propias facciones, pero, sobre todo, en las obras humanas, llenas de virtud, generosidad y altruismo, como siembra en el inmenso jardín del Creador del cual todos somos sus cooperadores.
Soy, al igual que todos, un instrumento de la Inteligencia Infinita, en la expansión evolutiva universal, en la respectiva cuota de cooperación que asumo como proyecto de vida.
La belleza es algo más que la forma exterior; implica armonía interior, serenidad, calma, elevación espiritual y orden equilibrado en las propias fuerzas, cuyo estado interior se refleja en lo externo como una obra maestra en honor del Gran Arquitecto del Universo, el Supremo Hacedor dentro del ser humano.
Sigo siempre adelante.

Afirmación:
Comprendo los ciclos de la vida, entre ellos, los económicos, los históricos y los espirituales;  domino a fondo la ley de oferta y demanda y cualesquiera otros conocimientos relacionados con la economía. Me pongo como meta de estudiar diez buenos libros que versen sobre economía en general, los ciclos y las crisis económicas, la gerencia moderna y el arte de negociar con eficacia, para que, mediante su estudio pueda yo ampliar mi visión del mercado y aprovechar mejor las oportunidades de expansión y riqueza, en mi actividad profesional o empresarial. Hecho está. Así es; así será.
La meta que me propongo, es leer por lo menos diez de los siguientes libros:

1.                 Samuelson/Nordhaus: Economía; Mc Graw Hill, España.
2.                 Peter Druker: La gerencia, tareas, responsabilidades y prácticas; u otro libro del mismo autor. Editorial Ateneo, Argentina.
3.                 Adam Smith: La Riqueza de las Naciones; Fondo de Cultura Económica, México.
4.                 Joseph Schumpeter: Historia del Análisis Económico; Fondo de Cultura Económica; México. (Tiene, además, un estudio sobre los ciclos económicos).
5.                 J. A. Estey: Tratado de los ciclos económicos: Fondo de Cultura Económica: México.
6.                 Thomás J. Hailstones: Economía Fundamental; Editorial Trilla, México. (Es un excelente tratado sobre los ciclos económicos).
7.                 Napoleón Hill: Piense y hágase rico. Editorial Brughera; España.
8.                 Una buena historia de la economía del país en que vivo.
9.                 Tres biografías de empresarios exitosos de mi país.
10.              Tres biografías de grandes personajes de la humanidad.
11.               León Tolstoy: La Guerra y la Paz. Editorial Porrúa; México. (Al final de la obra se refleja una interesante visión sobre los ciclos históricos.)

jueves, 4 de septiembre de 2014

LOS SENTIMIENTOS Y LAS NECESIDADES



LOS SENTIMIENTOS
Y LAS NECESIDADES

©Giuseppe Isgró C.


El ser humano está dotado, por dos elementos claves, que son: los sentimientos y las necesidades. Ambos expresan el conocimiento y la fuerza, en ambas polaridades.

El conocimiento es expresado por el lenguaje de los sentimientos análogos a los valores universales, dentro de la conciencia, como guía de los pensamientos, de las palabras y de los actos. Los valores, por ejemplos, son: el amor, la afinidad, la justicia, la igualdad, la compensación, la reciprocidad, la fortaleza, la templanza, la belleza, la tolerancia, la solidaridad, la paciencia, la confianza, entre otros. Son de doble polaridad, y se expresan como valores en sí o antivalores, es decir: sentimientos de justicia o de injusticia, de belleza o de fealdad, de fortaleza o de debilidad, de confianza o de desconfianza, etcétera. Al mismo tiempo, manifiestan conocimiento y fuerza; la fuerza es el fervor o grado de pasión, que tiene unos parámetros positivos y otros negativos, en base a los cuales se derivan sus efectos equivalentes: buenos o lo contrario. Los valores universales constituyen en el ser humano, los atributos divinos, que no son otra cosa que los sentidos cósmicos o espirituales, que le sirven para percibir la realidad integral y guiar su conducta en todos los ámbitos existenciales regidos por la ley cósmica.

Las necesidades, a su vez, constituyen el mecanismo que manifiestan, en la vida de la persona, el grado equivalente de poder creador a la necesidad experimentada, para ayudarle a satisfacerla.

Es decir, el ser humano se encuentra dotado de un poder potencialmente infinito, el cual, únicamente, puede expresar por medio de las necesidades que va experimentando en la vida, en la escala jerárquica estructurada por Abraham Maslow, es decir: necesidades básicas, de seguridad, sociales o afectivas, de estimación, propia o ajena, y de autorrealización, además de ellas, la necesidad de conexión con la Divinidad.

Cada necesidad expresa el grado equivalente del poder creador del cual está dotado para satisfacerla. Luego, el qué, el cómo, el cuándo, el dónde, el quién, el cuánto y el porqué, la persona lo percibe en una triple vertiente:

1) Por su capacidad de razonamiento, utilizando la lógica inductiva y deductiva;

2) La percepción intuitiva y la inspiración;

3) La guía de los valores universales, mediante los sentimientos equivalentes expresados en la conciencia humana, réplica exacta de la del Creador; y,

4) Los deseos en todas sus vertientes, que trascienden la satisfacción básica de las necesidades. La razón, la intuición, la inspiración, los valores, y sus sentimientos inherentes,  las necesidades y los deseos, cada quien a su manera, rigen sobre la voluntad, ésta sobre los pensamientos, las palabras y los actos, y los actos sobre los resultados.
La pasión, el fervor y el entusiasmo, constituyen fuerzas expresadas dentro del ser, en la conciencia; sus etapas de desarrollo pasan por los niveles de: la curiosidad, el interés, el conocimiento, la convicción, el entusiasmo y la determinación. Canalizan las propias fuerzas, más las que expresa el Creador, por el lenguaje de los sentimientos en la conciencia, y la fuerza de empuje y la de bloqueo; pero, además, expresan la inspiración de conocimientos y de fuerzas desde la dimensión espiritual, de los Espíritus.
Estos inspiran, por el pensamiento dentro del pensamiento, ideas con las cuales la persona siente afinidad, generándole un impulso en ambas vertientes, positiva-negativa, según la índole del Espíritu inspirador, más la energía inherente a tales realizaciones.
En ambos casos, cada persona posee el libre albedrío y puede decidir seguir o no la inspiración, y si se mantiene firme, prevalece la voluntad de la persona en particular, si logra superar la tentación y escucha la voz de su conciencia, quien siempre le indicará qué hacer o que dejar de hacer, cuando y porqué. Los antiguos denominaban al entusiasmo: -“Dios dentro de sí”.

En la acepción de los antiguos, Dios significaba Espíritu. En conclusión: siempre que una persona decida seguir o dejar de hacerlo, cualquier inspiración, los entes inspiradores, respetarán dicha decisión.





sábado, 30 de agosto de 2014

Cuál es el universo que quiere Dios?



Cuál es el universo que quiere Dios?

©Giuseppe Isgró C.

De la biografía de Dios




En una abstracción del Espíritu, en estado de meditación, en la que se eleva en un punto del espacio, y desde esa perspectiva observa a Dios contemplando el Universo. Con desapego absoluto, Dios se siente orgulloso de su eterna obra, hasta ahora, y del estado y las estaciones en que cada ser, en los cuatro reinos naturales, se encuentra, Se da cuenta de que mucho se ha avanzado en incontables fases de progreso, y en un destello instantáneo, percibe lo que, aún, hay por delante, que realizar, en el eterno presente.  Sonríe, con esa sonrisa divina que refleja seguridad, y suprema serenidad. Piensa para sí: Lo haremos! Para ello sabe que cuenta con cada uno de los seres de los cuatro reinos naturales como instrumentos de su Voluntad. Él anhela, a cada instante, lo que debe ser a cada instante según sus planes plasmados en la Ley cósmica. Ese anhelo de ser lo que debe ser a cada instante, Él lo transmite por inspiración en la conciencia de cada ser en los cuatro reinos naturales, en cada uno de los incontables mundos del universo. Hace esto por inspiración mediante el lenguaje de los sentimientos en la réplica exacta de su conciencia que es la conciencia de cada ser, en los cuatro reinos naturales: humano, animal, vegetal y mineral. Bajo su égida divina, cada ser va realizando su aporte en la construcción de ese universo anhelado por Él. Cada mañana aflora en la conciencia de cada ser la parte del plan divino que ese día debe ser ejecutado. Por los deseos, por las necesidades insatisfechas, por los ideales, estímulos y afanes de cualquier índole, el anhelo de amar y ser amado (a), e incontables y variados anhelos que se van expresando en la conciencia, por las sutiles ideas que, intuitivamente, emergen en la mente, cada ser se pone en movimiento para realizar su aporte para la construcción de un universo mejor, cada día. Para lograr esto, sin esfuerzo alguno, Dios ha colocado en lo íntimo de cada ser, en los cuatro reinos naturales, el mecanismo de la propia ambición. Sí, eso es, se ha percibido bien y correctamente: Dios, el Ser Universal, ha colocado en la conciencia de cada ser una réplica de su propia y sublime ambición: la ambición divina. Dios sustenta la ambición suprema: un universo en constante proceso de perfección, ad infinitum. Es tanta su ambición que no se conforma con la perfección relativa, alcanzada en un momento dado, pese a ser tan inmensa, y aspira más y más, en forma ilimitada. Dada la suprema inteligencia que le anima, sabe que todo requiere tiempo y dedicación, y que eso que Él aspira, o ambiciona, en su mente cósmica, en su infinita sabiduría, requiere de toda la eternidad para lograrlo y que jamás encontrará límite en los alcances de perfección de su aspiración en la realización de su obra de construcción de un universo mejor, cada día mejor. Dios piensa en grande. Esa es la razón por la cual dividió el trabajo para ser realizado por objetivos y resultados cada día de la eternidad presente, en el aquí y ahora, para realizar un objetivo prioritario a la vez, en la espiral evolutiva de la conciencia. Cada idea, cada anhelo, cada ideal, dentro de la aparente casualidad, forma parte del plan eterno de Dios, que se va expresando en la conciencia de cada ser, cada día. Esa es la razón por la cual, es preciso estar más atentos al dictado de la voz de Dios en la conciencia que guía, y a la vez, imprime la fortaleza suficiente, otorgando, al mismo tiempo, los recursos suficientes, y necesarios, para realizar su obra. Sí, su obra, no la nuestra. Lo nuestro es el Salario Cósmico, un pago integral, que, paralelamente que nos desarrolla a semejanza de la Divinidad, potencialmente hablando, por la experiencia, y la visión, -estado de conciencia alcanzado-, nos faculta para que se nos deleguen labores de mayor envergadura. Dios realiza el trabajo a través de cada ser, en los cuatro reinos naturales. En cada ser de los cuatro reinos naturales, el Espíritu ejecutor es una emanación a la conciencia individual, en el alma universal, de la Divinidad, sin separarse de la Divinidad, y sin dejar de ser la Divinidad. Después de todo, la construcción de un universo cada día más perfecto en la expansión eterna de la Creación, es un trabajo de Dios, para divertirse, y pasar el tiempo, Feliz, en eterno movimiento vivificante, al igual que el agua que circula, se mantiene viva y saludable. Cada ser, al realizar la parte de la obra cósmica que le corresponde, en los cuatro reinos naturales, va transformándose a sí mismo, de piedra en estado bruto, en cúbica, es decir, en un cubo justo y perfecto, para encajar, cada días más y mejor, en la construcción de ese edificio perfecto, cada más más perfecto, que es la Gran Obra Cósmica. Es decir, el trabajo de cada ser, en los cuatro reinos naturales, consiste en transformarse a sí mismo, o mejor dicho, en adquirir conciencia de que es la Divinidad. Un darse cuenta eterno y ascendente ad infinitum por la experiencia del trabajo diario. Razón de más para amar más lo que cada día hacemos. Por eso, parafraseando al insigne Víctor Hugo, podría decirse: que hasta el trabajo de la más diminuta hormiga contribuye a la construcción de la perfección universal en la expansión de la Creación. El Espíritu de esa diminuta hormiguita también es una emanación a la conciencia individual, en el alma universal, de la Divinidad. Sin dejar de ser la Divinidad, y sin separarse de la Divinidad.

Afirmar hoy, y cada momento del día en que se quiera hacerlo:

-La divina presencia de Dios, Yo soy, es en mí: AMOR.
-La divina presencia de Dios, Yo soy, es en mí: Prudencia.
-La divina presencia de Dios, Yo soy, es en mí: Justicia.
-La divina presencia de Dios, Yo soy, es en mí: Igualdad.
-La divina presencia de Dios, Yo soy, es en mí: Compensación.
-La divina presencia de Dios, Yo soy, es en mí: Fortaleza.
-La divina presencia de Dios, Yo soy, es en mí: Templanza.
-La divina presencia de Dios, Yo soy, es en mí: Equilibrio.
-La divina presencia de Dios, Yo soy, es en mí: Belleza.
-La divina presencia de Dios, Yo soy, es en mí: Orden.
-La divina presencia de Dios, Yo Soy, es en mí: Armonía.
-La divina presencia de Dios, Yo soy, es en mí: Salud.

(Hacerlo por lo menos diez veces al día, con cada uno de los valores expresado; pero, cien veces, es aún mejor).
Se sugiere, comenzar, con el amor. El amor, en su expresión, contiene todos los valores universales.





miércoles, 27 de agosto de 2014

EL PLACER Y EL DOLOR


EL PLACER Y EL DOLOR

©Giusppe Isgró C.




En el Fedón, uno de los mejores diálogos de Platón, éste pone en boca de Sócrates, uno de los grandes principios de la naturaleza: La polaridad.

Sócrates lo enfoca bajo la modalidad del placer y del dolor. Pero, la expresión de la polaridad tiene incontables vertientes y variantes. Es la ley de los opuestos, en la naturaleza.

Una de las leyes que rige este principio inmutable, es el de que, los opuestos jamás se juntan. Se expresan por turno, y al uno le sigue el otro, indefectiblemente.

Cómo podría saberse lo que es el placer, si jamás se hubiese experimentado el dolor? Si se coloca la mano en el fuego, se experimenta dolor y éste hace que se le retire a tiempo, evitando que se produzca daño. El dolor es un maestro efectivo; pero, el placer, también, por causas opuestas, pero con un fin análogo: servir de instructores. Ambos son los efectos de causas perfectamente definidas.

En el día en que Sócrates debía traspasar el umbral que habría de conducirle a la dimensión espiritual, en el acto de quitarle el guardia el instrumento que le aprisionaba uno de los pies, comienza a experimentar una sensación placentera.

Al poco rato, al recibir Sócrates la visita de sus amigos, expresa: -“¡Qué cosa más extraña, amigos, parece eso que los hombres llaman placer! ¡Cuán sorprendentemente está unido a lo que semeja su contrario: el dolor! Los dos a la vez no quieren presentarse en el hombre, pero si se persigue al uno y se le coge, casi siempre queda uno obligado a coger también al otro, como si fueran dos seres ligados a una única cabeza”.

El dolor, interna y moralmente hablando, se expresa como un estado de insatisfacción. Es la fuerza creadora en constante manifestación, en el Espíritu de los cuatro reinos naturales, que busca canalizarse. Al no lograrlo hacia el exterior, lo hace hacia lo interno. Pero, esta modalidad es de polaridad negativa, es decir: se expresa como un sentimiento de insatisfacción.

Paradójicamente, pese a manifestar una polaridad negativa, busca un fin positivo. Impele a la persona a la acción para expresar dicha energía hacia el exterior, mediante la realización de objetivos claramente definidos, o, llenar necesidades insatisfechas.

En esto reside una de las leyes más poderosas de la naturaleza. En Cómo desarrollar la Auto-Maestría, de nuestra autoría, hace ya más de treinta años, que hemos desarrollado la técnica de cómo transmutar los estados mentales de insatisfacción en placenteros.

El secreto consiste en anteponerse objetivos claramente definidos y enunciados por escrito, a corto, mediano y largo plazo. Tan pronto se enuncien por escrito los objetivos que reflejen los resultados que se desean alcanzar, la energía interior comienza a canalizarse hacia el logro exterior de los mismos. La sensación de insatisfacción, se transforma, casi en el mismo instante de planificar los objetivos,  en su opuesto positivo: placer, satisfacción, sentimiento de autorrealización, confianza, seguridad, serenidad, sosiego, paz interior y visión clara del camino por recorrer.

Es la eterna polarización a la que hacía referencia Lao Tse, en el Tao Te Ching. En el momento en que el ser percibe lo que es el placer, reconoce lo que es el dolor. En el instante en que percibe lo que es la belleza, se da cuenta de lo que es la fealdad. Lo dulce y lo amargo, permiten discernir entre dos realidades opuestas, y en cualquier estado que se experimente, identificar que el uno le guía hacia el otro. Acción-reacción. La ley del péndulo.

Igualmente, la percepción, y experimentación del dolor, contribuye a la evolución de la conciencia. Es uno de los dos caminos. El otro, es el de la comprensión.

Se pueden desarrollar los estados, y estaciones de la conciencia por ambas vías: Por la compresión, o el placer, y por el dolor. Es una elección personal.

La guía certera es la de los valores universales, en ambas polaridades: Amor, prudencia, sabiduría, fortaleza, templanza, justicia, igualdad, equidad, compensación, belleza y equilibrio, entre otros.

Sidharta Gautama, en forma genial, hace 2.500 años, en el Parque de los Ciervos, expresó su doctrina de las Cuatro Nobles Verdades, mediante la cual, enseñó a sus primeros cinco discípulos, que la vida presenta estados de insatisfacción, o dukka; que éstos tienen su manifestación en los deseos en polaridad negativa; que es factible poner término a dichos estados insatisfactorios; y, que el medio de ponerle fin a la insatisfacción, es el del Noble Sendero Óctuple. Es decir: regir los deseos, los anhelos, las necesidades, los pensamientos, los sentimientos y los actos, por medio de la Recta opinión; la recta acción; la recta palabra; la recta acción; los rectos medios de sustentamiento de vida; los rectos esfuerzos; la recta atención; y la recta concentración. Aplicando las técnicas de El noble sendero óctuple, es factible reorientar el propio Karma y hacer la vida más placentera.

Veinticinco siglos más tarde, Abraham Maslow, y su Escuela, harían otro gran descubrimiento: El ser humano está dotado de un servomecanismo que le permite, cada vez que experimenta una necesidad, de la índole que fuere, instantáneamente, y en forma simultánea, expresar una fuerza motivadora equivalente que le induce trasladarse desde el lugar donde reside su insatisfacción, hacía aquel en que se encuentra la satisfacción de la misma.

Queda por saber cuál es ese lugar donde reside la satisfacción de una necesidad o la realización de un objetivo. Además de la lógica inductiva y deductiva, se activa, en un momento dado, la intuición y la inspiración, que aporta el conocimiento del qué, del cómo, del cuándo, del dónde, del quién, del cuánto y del por qué.

Entre los parámetros de los dos estados opuestos de conciencia, del placer y del dolor, buscando la línea del medio, se puede ejercer un control dinámico de ambos aspectos de una realidad existencial, de la cual, cada quien, en un constante alternar del ciclo de vida, en una eterna polarización, precisamos aprender, cada día mejor, a vivir con estos dos valiosísimos aliados de la expansión perceptiva-comprensiva-realizadora  de nuestra conciencia.

El placer y el dolor; el dulce y el amargo; la acción y la reacción, entre otras variantes, ciertamente se interrelacionan con el bien y el mal.

El ciclo de los opuestos se expresa en todas las manifestaciones de la naturaleza, buscando mantener el equilibrio, por ejemplo: primavera, verano, otoño e invierno.

En los negocios, el ciclo económico se expresa, como: Recuperación del equilibrio, expansión, recepción y contracción. 

En fin, no deja de ser, todo, la gradación en sentido opuesto de una misma realidad para adquirir nuevos estados de conciencia acordes con los valores universales, o atributos divinos, y sus respectivas estaciones, entre el cero y el infinito, en el eterno viaje de regreso a la fuente: El Ser Universal, del que, todo ser, en los cuatro reinos naturales, es una expresión indivisa, a la conciencia individual, sin haberse, jamás, separado de Él.


Adelante. 

EL ENCUENTRO EN LA VICTORIA



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UN ENCUENTRO EN LA VICTORIA

Autor: ©Giuseppe Isgró C.

Del libro: La Victoria

Capítulo I

Me encontraba un día, en una fuente de aguas tranquilas, cristalinas, cuando se me acercó un Venerable hombre, vestido a la antigua usanza, con bata blanca, larga, pelo y barba que alguna vez fueron de color pelirrojo y un báculo en la mano derecha.

Concentró sus ojos en los míos; su mirada era profunda, serena y apacible.

Con voz suave y afectiva, me dijo:

-“Hola, hijo, como estás”-.

–Bien, -le contesté-; y, ¿usted?

–Por aquí andamos; -fue su respuesta-, mientras me sonreía.

-¿Dónde estamos?, -le pregunté al Venerable hombre-.

-Este sitio es conocido como La Victoria; -me contestó-. –¿Qué haces por estos lados?

-Salí esta mañana, temprano, con el coche, a dar un paseo; luego, al llegar a esta zona, me paré a contemplar la belleza de los araguaneyes y decidí caminar un poco y la verdad que, absorto en mis reflexiones, caminé por lo menos durante dos horas, hasta llegar aquí. Desconocía este hermoso lugar. Y, usted, -¿vive por aquí cerca? -le pregunté-.

Un poco más arriba, en esa colina boscosa. Hace algunos años, -relata el Venerable hombre- decidí retirarme de la agitada vida ejecutiva en que me desenvolvía profesionalmente, como abogado, en la ciudad de Quebec, Canadá, aunque he viajado por diversos países asesorando a incontables líderes. Construí la casa, en esta zona tropical, con la idea de pasar aquí los meses de invierno. Me dedico al estudio de la vida, a la meditación y a cultivar mi jardín y de vez en cuando, a escribir mis reflexiones, las cuales, algún día, habrán de ser publicadas para esparcir un poco la luz que he podido vislumbrar en mis estudios metafísicos-espirituales.

-¿Quieres tomar un café? –Me preguntó el Venerable hombre-. Lo he traído de Caripe El Guácharo; es de los más exquisitos que he probado.

-Sí, con gusto se lo acepto; -le contesté-.

Nos fuimos caminando por un sendero rodeado de árboles cargados de mangos, aguacates, naranjas y una hilera de cayenas de diversos colores. A lo lejos, el ruido de la brisa se oía apaciblemente. Todo era quietud, armonía y paz. Pero, sobre todo, lo que más me impresionaba era la apacibilidad y el sosiego del Venerable hombre de La Victoria. Emanaba de él un flujo de fuerza que, en su presencia, me sentía con un poder y una seguridad nunca antes experimentados. Fuerzas bienhechoras se iban apoderando de mí y aquella paz y relax que buscaba en la mañana, al salir a dar un paseo, sin percatarme de ello, las estaba experimentando ya.

Después de unos quince minutos de caminar, llegamos a la casa del Venerable hombre. Su aspecto exterior humilde estaba lejos de dejar entrever lo que segundos después habría de asombrarme con lo que encontré en el interior.

Al entrar, en la casa, una joven de unos veinte años saludó al Venerable hombre.

-¡Hola, abuelo!, ¿cómo estás?

–Bien, hija, -contestó el Venerable hombre-. -Prepara un poco de café, Lucía, mientras conversamos un poco, adentro.

-Por cierto, te presento a Santiago, quien ha llegado paseando hasta La Victoria.

Después de la presentación, entramos en la biblioteca del Venerable hombre. Un salón grande, lleno de estantes de libros por todas partes, lo cual hacía inimaginable dicho cuadro desde el exterior. Algunos cuadros al óleo de morichales y de personajes históricos, presentaban un ambiente acogedor. En un rincón se encontraban diversos retratos de Tagore, Gandhi, Cicerón, Séneca, Ibn Arabi y un dibujo de Don Quijote y Sancho Panza. En un pequeño cuadro, podía leerse: -“Lo que Alá quiera. Nada se le asemeja”-.

-Le felicito por este inmenso tesoro que usted tiene aquí, -le dije al Venerable hombre-. -¿Cuáles son los temas de su interés?

A lo cual, me contestó: -Como usted puede ver, Santiago, -y me invitó a recorrer los estantes- aquí hay libros de variados temas: clásicos de todos los países y épocas, desde los Vedas, los Upanishads, el Mahabaratha, los libros de Confucio, El Tao te King, de Lao Tse, el Poema de Gilgamesh, el Código de Amurabí, autores griegos, como Homero y Hesiodo. Se encuentran las obras completas de Euclides, Platón, Aristóteles, Teofrasto, Demetrio de Falereo, de los Presocráticos, Epicteto, Plutarco, etcétera; de los latinos, autores como Séneca, Cicerón, -que son mis preferidos-, Julio César, Tito Livio, Dionisio de Halicarnaso, Marco Aurelio, así como libros de Psicología, Gerencia, Sufismo, Yoga, ensayos, filosofía, parapsicología, hermetismo, El Quijote, libros de economía, filosofía, etcétera, en fin, un poco de todo lo que es preciso conocer para poder entender el significado de la vida: de dónde venimos, por qué estamos aquí y hacía dónde vamos, sin lo cual, la vida no tendría sentido, sobre todo por el gran afán a que está sometido el ser humano en la agitada vida moderna.

Nos sentamos en sendas butacas y nos entretuvimos conversando de temas diversos. Al poco rato, entró Lucía con dos tazas de oloroso café y unos biscochos, que degustamos con agrado en una amena e interesante conversación. Al fondo, podía oírse una suave música de Beethoven.

Pasamos cerca de una hora conversando de sobre la Atlántida, Egipto, los griegos, de Homero, de los sufíes, del budismo zen, los poderes del espíritu, meditación, etcétera, después de lo cual, le hice una pregunta directa.

-Seguramente, usted ha desarrollado alguna técnica de meditación y algún método de resolución de situaciones, en la vida, que me quisiera explicar, ya que, según observo, para tener usted una serenidad tan acentuada y una fortaleza física a la edad que imagino que usted debe tener, -cerca de noventa años- es porque ha encontrado en su larga experiencia algún secreto que quizás quisiera compartir conmigo.

Santiago, -me dijo el Venerable hombre, si vuelves a visitarme otro día, quizá te cuente algo que te pueda servir. Empero, antes de que te vayas, te haré entrega de unos apuntes que hace ya muchos años, en una época en que yo andaba a la búsqueda de sosiego y tratando de encontrarle sentido a la vida, un Venerable hombre que, en una edad similar a la mía, a su vez me entregara y cuya práctica asidua me permitió domar la mente, encarrilar mi vida y poner bajo control los hilos del destino. Son veintidós manuscritos, y una meditación diaria, –continuó diciendo el Venerable hombre, que si bien son ya un poco antiguos, podrás copiarlos de nuevo y si pones en práctica las técnicas que contienen, darás a tu vida un esplendor que habrá de sorprenderte agradablemente.

-Una vez que los hayas probado con total y absoluta satisfacción de tu parte, -me dijo, ponlos en limpio, en forma de libro y publícalo para que su mensaje llegue a mayor número de personas. Hacía tiempo que esperaba a alguien a quien confiarle este legado y creo que hoy, al llegar aquí, en la forma en que lo has hecho, tus pasos han sido dirigidos por Aquel que todo lo sabe y puede, por la Ley Cósmica, y en cuyos planes universales, todos somos sus instrumentos.

Me despedí del Venerable hombre y de su adorable nieta, sintiendo dentro de mí fuerzas desconocidas hasta entonces que preanunciaban grandes cambios en mi vida.

En los días siguientes, aparté una hora diaria, antes de dormirme, y leí y releí, todos los manuscritos, de la siguiente manera: En primer lugar copié la Meditación diaria en un cuaderno, el cual leí durante veintidós noches y mañanas seguidas, tal como lo indicaban las instrucciones de la misma.

Una nota al pie de página mencionaba que si yo la transcribía en un cuaderno, el hecho de hacerlo, grabaría en mi ordenador mental las instrucciones y me sería más fácil desarrollar, en mi personalidad, las cualidades y condiciones que formaban parte de los objetivos implícitos en la misma.

De los veintidós manuscritos, cada lunes, a las once en punto de la noche, copiaba uno en el cuaderno, y durante el resto de la semana, a la misma hora, lo leía y meditaba, siguiendo las fáciles y efectivas técnicas e indicaciones al inicio del mismo.

Cuatro semanas después de leer durante veintidós días seguidos, en la noche y en la mañana, la meditación diaria, comenzaron a manifestarse en mi vida una serie de cambios positivos que me dejaban asombrado a mi mismo, pero, también, los miembros de mi familia y a mis amistades; sobre todo mi semblante comenzó a ser más apacible; volví a sonreír desde el interior; mi estado anímico era de contento; me sentía más seguro de mi mismo; comencé a confiar más en la gente, en la vida y a vislumbrar el sentido de mi misión en la vida –percibía cosas que antes me pasaban desapercibidas, a pesar de haber estado siempre allí. Sentía fluir en mí una nueva corriente vivificadora de prosperidad, de felicidad, de alegría de vivir. Mi entusiasmo y amor por la vida y por mi familia, por mi trabajo y por las personas, crecía día a día. En aproximadamente dos meses había logrado muchas de las cosas en las cuales había soñado desde hacía años. Había dado un paso sorprendente en el camino de la autorrealización.

Efectivamente, pude comprobar que me fue relativamente muy fácil desarrollar las aptitudes y actitudes a nivel físico, mental, emocional, espiritual y en diversos aspectos de mi vida, como el financiero, que comenzó a mejorar casi inmediatamente, así como, surgieron nuevas oportunidades que comencé a aprovechar, casi sin esfuerzo de mi parte.

Transcurría el año de 1967 y mi vida había encontrado un sendero que habría de conducirme a cooperar en forma más efectiva en el plan divino que el Supremo Hacedor, en algún momento, había diseñado para mí.

Tres meses después volví a aquel lugar donde había encontrado al Venerable hombre de La Victoria y allí estaba la fuente que él dijo llamarse La Victoria; empero, cuando traté de encontrar el camino para llegar a la casa donde amablemente me ofreció un delicioso café, preparado por su nieta Lucía, no logré encontrarlo, pese a haber recorrido durante un par de horas por los alrededores. Pregunté a varias personas para ver si podían indicarme como llegar a la casa del Venerable hombre y cual fue mi sorpresa, nadie lo conocía.

Empero, después de tanto buscar, volví a encontrar la casa donde vivía el Venerable hombre de La Victoria, pero se encontraba abandonada. Su aspecto indicaba que debía encontrarse en ese estado un lapso mayor del que mediaba con el encuentro de aquel ser extraordinario. Es sorprendente como los inmuebles solos acusan el paso del tiempo en mayor grado que los que son habitados. Si no fuera por los manuscritos pensaría que el encuentro no fue más que un simple sueño. -¿O se trata, acaso de un sueño combinado con un fenómeno de aporte? Personalmente, no lo creo. El encuentro fue muy vívido y real. El aromático café servido por Lucía estaba exquisito. Durante varios años volví al lugar varias veces, la casa seguía sola. La última vez que volví, no la pude ubicar y sin tener tiempo suficiente para seguir buscándola, me fui. Ahora, vivo muy lejos de aquella zona, en otro continente; han transcurrido muchos años y después de tanto tiempo es poco probable que vuelva allí; pero, los manuscritos y la meditación diaria obran en mi poder, me han transformado y han enriquecido mi vida.

Durante más de treinta y cinco años he puesto en práctica las diversas variantes de los ejercicios, afirmaciones y meditaciones que contienen los manuscritos y la meditación diaria y cada vez que los pongo en práctica, experimentos los mismos beneficios. Ahora, ellos se encuentran en el libro que usted tiene en sus manos; espero que les sean tan útiles como los han sido para mí.

Su contenido es eminentemente práctico; no hay teorías superfluas. Si lleva a cabo los ejercicios que contienen, es probable que, gradualmente, se vaya efectuando la transmutación alquímica de su ser sintonizándose con los elevados resultados existenciales, los cuales, por añadidura, al ser creados a nivel mental, se van manifestando en su propia vida, oportunamente.

Sobre todo, con estos ejercicios, me percaté, cuando el Venerable hombre me entregó los manuscritos, de que se dispone de un método para domar la mente y ejercer un pleno dominio sobre la vida en general y, por ende, sobre el destino y controlar, cuando eventualmente se presenten, todas las situaciones, manteniendo un perfecto equilibrio físico, mental, emocional, espiritual y financiero.

El Venerable hombre de La Victoria me comentaba que todo se puede lograr en la vida si se siembra la respectiva semilla por medio de correctas decisiones acordes con la propia y elevada auto-estima y dignidad personal, desarrollando el convencimiento de que sí se puede hacer, por medio de las afirmaciones, las visualizaciones y meditaciones, la experimentación de un estado emocional acorde al momento de ser logrados los respectivos resultados y la practica del desapego, es decir, dejar encargada a la mente psiconsciente del logro, y además, se espera el tiempo necesario haciendo, mientras tanto, todo lo que se requiere, según el caso o los objetivos por alcanzar.

Estas técnicas funcionan, me decía una y otra vez el Venerable hombre de La Victoria; luego, agregaba: -las he probado por más de cincuenta años y quien, a su vez me las entregó, habría hecho otro tanto, aseverando que eran efectivas, si yo seguía fielmente las instrucciones y las ponía en práctica con expectativas positivas.

Desde que en 1967, el Venerable hombre me hiciera entrega de los manuscritos, han transcurrido un poco más de de treinta y cinco años, durante los cuales yo también he puesto en práctica las diversas variantes de los ejercicios, afirmaciones y meditaciones que contienen, y cada vez que me ejercito con ellos, experimento los mismos beneficios. Ahora, ellos se encuentran en el libro que usted tiene en sus manos; espero que les sean tan útiles como los han sido para todos los que hemos aplicado las enseñanzas del Venerable hombre de La Victoria.

Él me repetía constantemente: -“¡Tú puedes si crees que puedes hacerlo! ¡Hazlo y tendrás el poder!

Recuerdo que ese día el Venerable hombre me dijo: -ejercer el poder con que la naturaleza de las cosas ha dotado a cada ser, cultivando los dones inherentes y aprendiendo todo lo que se pueda de sí y del vasto universo del que se forma parte, es una manera efectiva de ser cada día más feliz. Luego, cuando me despedí de él, expresó: -“¡Que cada día brille más y mejor tu luz interior!”.- Adelante.

Capítulo 2

Meditación diaria

Es lunes en la noche, son las once en punto.

Me dispongo a copiar textualmente, en el cuaderno que he dispuesto para ello, el manuscrito identificado con el título:

Meditación diaria

Dice así:

Afirme, en la mañana y en la noche, antes de dormir, durante veintidós días; luego, cada vez que lo desee, esta poderosa fórmula de programación mental positiva y descubra cómo, con facilidad, van ocurriendo cosas maravillosas en su vida:

MEDITACIÓN DIARIA

Afirma, en la mañana y en la noche, antes de dormir, durante veintidós días; luego, cada vez que lo desees, esta poderosa fórmula de programación mental positiva y descubre cómo, con facilidad, van ocurriendo cosas maravillosas en tu vida. Al encender la luz en la mente se ilumina la propia existencia y todo en derredor vibra al unísono y con el mismo sentimiento de felicidad y bienestar, interrelacionándose por la ley de afinidad.

1. -Entro en el nivel de mi mente psiconsciente, en el centro de control de mi piloto mental automático, donde todo va bien, siempre, contando de tres a uno: Tres, dos, uno.

Ø Ahora, estoy ya en el nivel de mi mente psiconsciente, en el centro de control de mi piloto mental automático, donde todo va bien, siempre.

Ø Voy a permanecer en el nivel de mi mente psiconsciente, en el centro de control de mi piloto mental automático, donde todo va bien, siempre, durante quince minutos y voy a programar los siguientes efectos positivos, los cuales perduran, cada vez mejor, hasta que vuelva a realizar este acceso y programación mental:

Ø Todo va bien, siempre, en todos los aspectos de mi vida, cada día mejor. (Tres veces). –Imagínalo-.

Ø Todo va bien en mi trabajo; cada día logro mejores niveles de efectividad, prosperidad, riqueza, abundancia y bienestar. (Imagínalo).

2. Formo una unidad cósmica perfecta con el Creador Universal, -ELOÍ. (Diez veces, con los ojos cerrados). Hoy se expresa en mí la Perfección universal de la Vida, del amor, de la luz, de la sabiduría, del perdón, de la percepción de la verdad, de la aceptación de la realidad, de la justicia, de la igualdad, de la compensación, de la fortaleza, de la templanza, de la belleza, del equilibrio, de la armonía, de la salud, de la prosperidad, de la riqueza, de la abundancia, del servicio y de la provisión en todos los aspectos de mi vida.

3. -Cada día, en todas formas y condiciones, mi cuerpo y mi mente funcionan mejor y mejor. La consciencia de mi conexión permanente e indisoluble con el Creador Universal, -ELOÍ-, restablece y mantiene en mí, diariamente, durante las veinticuatro horas del día, un perfecto estado de salud a nivel físico, mental, emocional y espiritual. Gracias, Creador Universal, por darme un cuerpo perfecto, saludable, lleno de energía. Aquí y ahora, me siento en perfecto equilibrio de salud, a nivel físico, mental, emocional y espiritual.

4. Afronto y resuelvo bien toda situación que me compete, siempre.

5. Todo tiene solución, en todas las situaciones de mi vida.

6. El Creador Universal, -ELOÍ-, es en mí, cada día mejor, en todos los aspectos de mi vida, fuente de amor, luz, sabiduría, éxito, riqueza, prosperidad, abundancia y armonía.

7. Permito que las leyes universales de la Vida, del amor, de la luz, de la sabiduría, del perdón, de la percepción de la verdad, de la aceptación de la realidad, de la justicia, de la igualdad, de la compensación, de la fortaleza, de la templanza, de la belleza, del equilibrio, de la armonía, de la salud, de la prosperidad, de la riqueza, de la abundancia, del servicio y de la provisión actúen bien en el plan de mi vida.

8. Tengo prosperidad y poder. Cada día enriquezco mejor mi vida a través del servicio efectivo, del amor y de la práctica de todas las virtudes.

9. Mi dignidad personal me lleva a realizar las cosas que me competen con la máxima perfección posible.

10. Cada día, en todas formas y condiciones, en todos los aspectos de mi vida, estoy mejor y mejor a nivel físico, mental, emocional, espiritual y financiero.

11. Actúo con templanza, serenidad, autodominio y perfecto equilibrio en todo. Conservo plena autonomía y control sobre todas mis facultades físicas, mentales, emocionales, intelectuales y espirituales. Hecho está. (Visualizar un escudo protector de luz que te envuelve y protege; -una pirámide-).

12. Tengo fortaleza, valor, confianza y fe suficiente para triunfar y alcanzar todas mis metas, de acuerdo con la voluntad del Creador Universal, -ELOÍ-, y en armonía con sus planes cósmicos. Soy inmune e invulnerable a las influencias y sugestiones del medio ambiente y de cualquier persona a nivel físico, mental, emocional y espiritual, en las dimensiones objetivas y subjetivas y en cualesquiera otras en que sea requerido.

13. El orden universal de la Vida, del amor, de la luz, de la sabiduría, del perdón, de la percepción de la verdad, de la aceptación de la realidad, de la justicia, de la igualdad, de la compensación, de la fortaleza, de la templanza, de la belleza, del equilibrio, de la armonía, de la salud, de la prosperidad, de la riqueza, de la abundancia, del servicio y de la provisión se establece en mi vida, en todos mis asuntos y en las personas interrelacionadas, aquí y ahora. Hecho está.

14. Asumo la responsabilidad de mis actos y cumplo bien todos mis compromisos, siempre oportunamente, de acuerdo con el orden cósmico.

15. El Creador Universal, -ELOÍ-, nos da abundancia y armonía en el eterno presente. Vivo en abundancia y en armonía perfectas, aquí, ahora y siempre.

16. El Creador Universal, -ELOÍ-, se está ocupando de todo, en todos los aspectos de mi vida, y se expresa en mí conciencia intuitiva por medio de los sentimientos en correspondencia con los valores universales.

17. Gracias, Creador Universal, -ELOÍ-, por esta vida maravillosa. Que Tu Inteligencia Infinita, Amor, Sabiduría, Justicia, Luz, y Poder Creador guíen, adecuadamente, todas mis decisiones y acciones, ahora y siempre. Gracias, Eloí, por este día maravilloso.

18. El Creador Universal, -ELOÍ-, nos proteja, aquí y en cualquier lugar, ahora y siempre. (Tres veces).

19. Siempre espero lo mejor, de acuerdo con la voluntad del Creador Universal, -ELOÍ-, y la Ley Cósmica, en armonía con todos.

20. Gracias, Creador Universal; todo va bien en todos los aspectos de mi vida, a nivel físico, mental, emocional y espiritual. Gracias, Eloí, todo va bien en mis practicas espirituales y en mi relación Contigo; Tú y yo formamos una unidad perfecta, armónica, aquí y ahora, en el eterno presente. Yo soy Tú, Tú eres yo. Te amo.

21. Voy a realizar –obtener o resolver- (mencionar), antes del: (fecha), de acuerdo al orden divino y en armonía con todos. (Si se trata de varios objetivos, anótelos y haga la afirmación y visualización con cada uno de ellos. Imagínelo concluido satisfactoriamente sin imponer canal alguno de manifestación.)

22. Tengo serenidad y calma imperturbable. Soy impasible frente a todo y a todos. No tengo temor a nada, a nadie ni de nadie en ningún nivel físico, mental, emocional, espiritual y financiero. Dentro de mí vibra la seguridad total. Tengo completa confianza en la vida y en mi propia capacidad de resolver situaciones y alcanzar los resultados satisfactorios que preciso, en cada caso, siempre.

A continuación anoté la fecha: Lunes 12 de agosto de 1967. Luego, tal como me lo indicó el Venerable hombre, anoté la fecha que correspondía veintidós días después: 03 de septiembre de 1967.

Acto seguido, me senté cómodamente, tomé tres respiraciones profundas y realicé la meditación.

Luego, cada noche, durante veintidós días, a las once en punto, me iba a mi cuarto, daba indicaciones de no ser interrumpido durante veinte minutos y realizaba la meditación del día, la cual, siempre complementaba con la lectura breve de uno de los libros de cabecera que siempre suelo tener en mi mesa de noche.

Iba notando, día a día como emergía de mi interior una nueva y desconocida fortaleza, seguridad, estado de ánimo contento, actitud más decidida, optimismo frente a la vida y a las situaciones; comencé a llevarme mejor en las relaciones con las demás personas, a ser más comedido en todo y sobre todo comenzaba a tener conciencia de cosas que antes me solían pasar desapercibidas.

Cabe destacar que, en el punto número veintiuno de la meditación, había anotado siete objetivos que desde hacía tiempo quería realizar y para mi sorpresa, treinta días después de haber terminado de efectuar la meditación del manuscrito número veintidós comencé a observar como, en forma aparentemente casual se iban manifestando la resultados de cada uno de ellos hasta que, algunos meses después, antes de la fechas previstas, los había realizado todos, menos dos, por lo cual, me senté y volví a anotar, en una hoja de mi cuaderno, otros diez objetivos, encabezados por los dos pendientes de la lista anterior, les puse la fecha tope a cada uno, antes de la cual debían ser logrados, para seguir visualizando, su logro, periódicamente.

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martes, 9 de septiembre de 2014

LA FLOR Y EL JARDINERO






LA FLOR Y EL JARDINERO

©Giuseppe Isgró C.


Era un aprendiz de jardinero, que practicaba su arte como un hobby en su tiempo libre.
Aquella mañana soleada, encontró una flor, hermosa variante de margaritas, de color anaranjado, de las que tanto cultivaba su madre, cuando era un niño, en el jardín de su casa, en su pueblo natal. Alguien la había arrancado de un pequeño jardín, al frente de una oficina, en la avenida principal. El joven la recoge, se la coloca en el bolsillo izquierdo de su pantalón, y se forja el propósito de sembrarla en la jardinera de su casa.
Así lo hace y al poco tiempo nacen dos pequeñas planticas, de las cuales solo una llega a desarrollarse medianamente, y alcanza a dar dos margaritas.
Una vez secas las dos flores, el jardinero siembra las semillas, y esta vez nacen un mayor número de planticas. Luego, repite el proceso, sembrando las semillas de las nuevas flores; al germinar, la jardinera se pobló abundantemente.
Cada nueva flor seca, le aportaba las semillas que volvía a sembrar con el propósito de llenar su jardín de aquella maravillosa margarita, que en su crecimiento y desarrollo adoptaba una gran variedad de colores.
En la segunda generación, el jardinero observa con asombro, que algunas plantas dan flores que son diferentes unas de otras; es decir, unas plantas dan la misma flor pero sin los pétalos. Es como si fuera el “macho” de la planta, al igual que ocurre con otras especies, por ejemplo, la lechosa, o papaya. Por lo menos, esto es lo que pensaba el novel jardinero.
Pero, allí estaban las dos variedades que habían salido de una sola y única planta.
Cada mañana, al salir al jardín, experimentaba una profunda emoción al contemplar la inmensa variedad de colores de aquellas exóticas flores, que alegraban la vista de todos quienes pasaban por el frente.
Las flores parecían decirle al jardinero: Gracias!!! Porque las plantas, aunque alguien pueda no creerlo, experimentan sentimientos y emociones, y, también “piensan”; están conscientes de lo que ocurre a su alrededor. Saben quien les ha sembrado, y quien las cuida, y se esmeran en agradarle hermoseando sus formas con coloridos más brillantes y atractivos. Y le sonríen; sí, le sonríen alegres y agradecidas.
Esa belleza y respuesta a los cuidos del jardinero, le estimulan para que le siga cultivando, limpiando el jardín de la maleza, y regarla con agua, todas las noches, o casi.
Al prosperar su jardín, lo hace, también, la persona, por cuanto se armoniza con la naturaleza, y su vida comienza a fluir con una energía vivificante. Se integra con la naturaleza, y ésta le utiliza como su instrumento, para lograr sus objetivos cósmicos.
De las semillas encontradas por pura y aparente casualidad, han nacido ya, centenares de plantas y miles de flores. Muchos de los transeúntes, al pasar, arrancan una flor, con la emoción de sembrar las semillas en su propio jardín. Otros, mas respetuosos, se acercan y solicitan permiso para tomar una flor seca para sembrar sus semillas en sus casas.
De esta manera, las hermosas plantas se van expandiendo en su reproducción, abarcando inmensos territorios, y seguramente, van pasando de un continente a otro, inspirando a quienes les contemplan, la idea de que les siembren en sus propios jardines.
O, acaso no fue pura casualidad que el joven jardinero encontrara aquella mañana la flor, destinada al basurero? O, al estar arrinconada, y secarse, quizá, sería arrastrada por el viento, y habría nacido en cualquier lugar a donde aquel le condujese? Pero, el jardinero nunca iba por aquel lugar por donde recogió la flor. Qué extraña coincidencia le llevó allí? Y, luego, viendo la flor, fue inspirado para acacharse y recogerla, y, posteriormente, sembrar las semillas, cuidar su crecimiento hasta verle florecer, esperando con intensa emoción mientras eso ocurría.
No deja de ser extraña dicha constancia. Pero, es el caso que en su mente se imaginó el jardín lleno de hermosas margaritas anaranjadas, tal como ahora lo contemplaba. No será que el Espíritu de aquella hermosa planta, y flor, le inspirara aquel cuadro mental, para moverle a la acción?
Hoy se sabe que las plantas perciben, y comprenden. También, que se comunican telepáticamente. Y, quien sabe cuantas cosas más hacen, muchas de las cuales, la ciencia ha ido desentrañando.
Los experimentos realizados por científicos de todo el mundo, han verificado que las plantas son capaces de percibir cuando las personas dicen la verdad, o no. También, reconocen a las personas que les hacen daño, y a aquellas que les cuidan.
Responden a las emociones de la música agradable, a la conversación amistosas del jardinero que les habla. Esta es la razón por la cual Luther Burbank logró que los cactus de su jardín crecieran sin espinas. El les decía, mientras las regaba, que crecieran sin espinas, porque no las iban a necesitar, ya que él las cuidaría. Los cactus, atendiendo al mensaje de aquel ilustre genio, le complacieron y, al crecer, lo hicieron sin espinas.
El jardinero recordaba un día, que al salir de su apartamento, la imagen de una planta seca y una fuerza irresistible le hicieron asomarse en un área escondida, por la que nunca se asomaba. Allí se encontraba una planta olvidada que estaba secándose, Fue a buscar un balde de agua y la regó. Con el tiempo, dos veces más sintió la misma impresión y fuerza, con el mismo resultado. En otro lugar, con el mismo tipo de planta, experimentó idéntico fenómeno. El jardinero, alberga la certeza de que las plantas se comunican telepáticamente entre ellas, y también con las personas, animales y con los Espíritus elementales de la naturaleza, en el reino mineral.
El novel jardinero recuerda, también, como al sembrar, en años anteriores, en su jardín, algunos carpachos, al poco tiempo, al manifestarse las primeras flores, parecían sonreírle, como dándole las gracias. Cuántas mañanas experimentó profundas emociones contemplando a aquellas flores de hermosas tonalidades de colores entre el blanco, anaranjado y el amarillo.
Lo mismo experimentó al brotar del capullo la primera rosa roja, en un rosal que sembrara. Él recuerda como, caminando por Madrid, al pasar por un hermoso jardín en la zona de “Ventas”, una fuerza irresistible le indujo a voltear, y con asombro contempló unas rosas y otras hermosas flores que parecían sonreírle. Sintió como si ellas supieran que él, aunque aprendiz, era un jardinero en potencia, que, sentía un profundo amor hacía las plantas, y se ocupaba en cuidar un jardín que, día tras día, iba de mejor en mejor. Para las plantas, cada jardinero, representa un benefactor del reino vegetal. Ellas están conscientes de esto, y siempre quieren estimular a quienes muestran aptitudes para seguir por ese hermoso camino de autorrealización.
Con razón, muchos aprendices del budismo zen, y taoístas, practican la meditación mediante el cultivo de la jardinería, u otro arte análogo, por ejemplo, el del bonsái. Por este medio alcanzan elevados niveles de iluminación.
Es natural que a través del arte del cultivo de un jardín se alcancen profundos estados de conciencia y sus respectivas estaciones de comprensión. Primeramente, el jardinero se antepone un propósito: Cultivar su jardín, Elige las plantas que desea. Aunque no sabemos si él es quien elige, o alguien de la dimensión espiritual del reino vegetal le inspira las plantas que debe elegir. A veces pienso que, los Espíritus de las plantas que desean encontrar un instrumento para lograr su objetivo de expansión, eligen al jardinero, y el lugar, a donde quieren expandirse. Le inspiran la imagen de la planta, y el deseo de cultivarla, se la recrean en la mente del mismo una y otra vez, hasta que el anhelo de tener tan hermosas plantas, le mueve a la acción y va en busca de las semillas, las siembra con emoción, y atención expectante, y espera hasta que aparezcan las primeras flores, cultivándolas con amor y dedicación.
Se da cuenta, tan pronto como se forja el propósito de cultivar dichas plantas, como se manifiesta un sentimiento de felicidad. Por todas partes las observa donde antes jamás las había visto. Es que ya, su mente, se encuentra en perfecta sintonía, y la ley de atracción comienza a realizar su trabajo. Donde se centra la atención se expande la conciencia perceptiva, comprensiva y realizadora.
Y esto mismo ocurre en el arte zen, y también en el taoísta, en el sufís, en el espirita, y en el místico, o en el de cualquier otra clase. Se manifiesta el sentimiento de un propósito claramente definido, los objetivos enunciados por escrito con la descripción los resultados que se desean alcanzar a corto, mediano y largo plazo, que aportan un sentido de dirección y cuantificación; se experimenta la emoción del logro como si ya lo hubiese alcanzado; fluye la energía creadora hacia la realización del ideal cultivado, primeramente, en la imaginación sintética o creativa, de la mente, y luego, plasmándolo en la realidad objetiva por la firme constancia que logra hasta lo que aparentemente pareciera imposible. Con dedicación y amor se transforma en realidad tangible cualquier resultado que ardientemente se desee, cuya conquista aporta un motivo poderoso de vida, proporcionando felicidad, autorrealización e iluminación. A esto se le denomina Nirvana, Satori, Conciencia Cósmica, y tantas otras cosas que, cada quien, en su caso particular, sabe a que se refiere. Se alcanza el éxtasis místico que aporta la comprensión de las leyes de la naturaleza; entra en perfecta armonía con las mismas; y a través de la compenetración con la naturaleza divina de las plantas, por el cultivo de las plantas de su jardín, va observando, descubriendo y comprendiendo, en cada una de las plantas, y de los seres de su jardín, a Dios. Sí, en su jardín, comienza a contemplar la presencia de Dios. Allí está la vida fluyendo, y por lo tanto, también está Dios y le percibe con un profundo sentimiento de amor. Se da cuenta de que, cultivar su jardín representa una forma de adoración a Dios, y Él responde haciendo manifestar la Divina Presencia, también con Amor; con Su Amor.
Cada mañana vienen hermosas mariposas, algunas de ellas, las denominadas Monarcas, y abejas, a absorber el néctar de las flores; también se han visto colibríes, canarios y potoquitas. Recientemente, se ve con emoción a una pequeñísima iguanita, bebé, apenas, que hizo del jardín su hogar, ya que, dos meses más tarde, aún permanecía allí. La mañana de un domingo, la iguanita se introduce en las rejas de su puerta, como diciéndole: Mira, aquí estoy yo! Quien la descubre, es la perrita de la casa, una caniche, de nombre Pepa, que la contempla como a una vieja amiga y compañera.


El jardín comienza a tomar mejor forma cuando al jardinero se le suma el apoyo de su esposa. Entonces, al poco tiempo, se vuelve en un espectáculo digno de verse. Y ya las personas se atreven más a pedir las semillas para sembrarlas en sus propios jardines.
Un día, a la esposa del jardinero se le ocurre de poner en el jardín un puñado de alpiste. A partir de ese momento, los canarios fluyen a todas horas y también pájaros de diversas especies. Ya, es un propósito firme, cada semana proveerse de un paquete de alpiste para los nuevos amigos que, a diario, vienen a alimentarse en aquel hermoso jardín, impregnándolo de mágica vida.  
Tanto el jardinero, como su esposa, e hijos, y la perrita Pepa, que comparte como un miembro “humano” más de la familia, disfrutan la emoción de contemplar, a todas horas, aquel espectáculo de flores, mariposas, canarios, pájaros diversos, la iguanita y quien sabe cuántas cosas más se experimentarán. La esposa del jardinero anhela que en su jardín llegue una ranita, que ella denomina: “Ranita de la suerte”. A tal fin le colocó un envase plástico con agua, entre los carpachos, que, de momento, parece que quien la usa es la iguanita, a quien, aún, no se le ha puesto nombre. Pero, ya se le ocurrirá uno, o se lo inspirará la misma interesada. Para que vengan los Azulejos, plantó una higuera, ya que, cada mañana vienen a comer su ración de higos, casi siempre la mitad de uno, por día.
Ahora, hay muchísima plantas naciendo en aquel lugar. La otra mañana, el jardinero, al salir a contemplar las flores, sintió dentro de su conciencia, lo que le pareció un mensaje claro, nítido. En él percibía a las flores que le decían: -“Hay muchas semillas que aquí no tienes suficiente espacio para sembrarlas; cada vez que sales, o cuando puedas, llévate algunas semillas, y las dejas caer por los jardines por donde vayas, o pases. De esta manera, contribuirás a nuestra propagación por otras partes, donde, al igual que a ti, podamos alegrarle la vida a muchas más personas, con nuestra belleza y sensibilidad, y además, cumplir con la misión que nos ha encomendado el Creador. Recuerda que en nosotras se encierran profundos secretos que un día la ciencia descubrirá, y entonces, se percibirá que en nuestra aparente sencillez e insignificancia somos valiosas benefactoras de la humanidad y que compartimos el planeta tierra como iguales del reino humano, animal y mineral”.
El jardinero, a partir de aquel día, ha comenzado a esparcir por lugares idóneos las semillas de sus amigas, las margaritas de hermosos colores anaranjados, cuyo nombre científico ignora. Ya ha visto con emoción, un rincón olvidado de un edificio, como han nacido, y están creciendo, por lo menos, una cincuenta planticas, que alegrarán la vista de todos los transeúntes que por allí pasen. Muchos, alargarán las manos para llevarse una flor y sembrar sus semillas. Y así se va expandiendo la Creación, y nosotros, sin darnos cuenta, vamos dando el propio aporte, creyendo que es una iniciativa nuestra, y quizá lo sea. Pero, no deja de ser cierto, que, al fin y al cabo, no dejamos de ser instrumentos de la naturaleza de las cosas, que nos usas creativamente, si escuchamos el llamados de embellecer a la creación, y en el cultivo del arte de jardinero, alcanzar la iluminación, y en la misma, contemplar a Dios. Cada una de las plantas, es un ser que ha emanado del Ser Universal, sin separarse de Él, y sin dejar de ser Él. Al percibir esto, se habrá alcanzado la iluminación suprema.
El jardinero se ha dado cuenta ya, de cómo, a partir de una pequeña semilla, o idea, si se cree en ella y se quiere realizar un propósito claramente definido, se puede alcanzar cualquier prodigio de embellecer a la Creación con los valores inherentes al cultivo de un arte cualquiera, a ejemplo del que ejercita el jardinero, y que, jamás faltarán la inspiración y la intuición que aporten el conocimiento del qué, del cómo, del cuándo, del quién, del dónde, del cuándo y del por qué.
Haciendo lo que debe hacer con rectos propósitos, pensamientos positivos, acciones justas y perfectas, esfuerzo suficiente, atención sostenida, intención correcta, y concentración de recursos y energía en el logro de un objetivo a la vez, en el tiempo perfecto de Dios, se expande la conciencia perceptiva, comprensiva y realizadora, por la que fluyen los sentimientos del amor, de la prudencia, de la justicia, de la fortaleza, de la belleza, de la armonía y la sabiduría de los demás valores universales, o atributos de la Divinidad. Esa es la conciencia cósmica que permite percibir la Unidad en la diversidad, y de que, todo es Uno.
Adelante.


domingo, 7 de septiembre de 2014

SOLILOQUIO SOBRE LA EXPANSIÓN


SOLILOQUIO
SOBRE LA EXPANSIÓN

Del libro: La Eterna Luz

©Giuseppe Isgró C.



Expansión significa prosperidad, crecimiento, riqueza en todos los niveles, desarrollo, oportunidad, inversión, ventas, creación o innovación de nuevos bienes y servicios, reactivación de la economía, renovación personal, empresarial o de la naturaleza.
Es la primavera y el verano de la economía. Es la época de la siembra y de la cosecha.
Todo en la vida se expande en un proceso evolutivo en forma de espiral. Se amplía la conciencia, la visión, el conocimiento, la experiencia, las ideas, la confianza y el entusiasmo.
Cuando se viene de las etapas de recesión y contracción –denominada esta última “época de crisis”-, en las cuales después de haber alcanzado un crecimiento insostenible, en la etapa de expansión anterior, la economía entra en recesión y luego, gradualmente, en contracción, buscando equilibrarse, reponerse y normalizarse. Es el otoño y el invierno de la economía. Empero, el ciclo es aplicable en todas las facetas de la vida, en los tres reinos naturales.
El ciclo evolutivo en forma de espiral marca el retorno a una de las fases: reactivación, expansión, recesión y contracción, que constituyen las cuatro estaciones de la economía y de la vida. En cada fase, por seguir el modelo de la espiral, se repite el ciclo, pero, me encuentra en un nivel de comprensión más elevado que en el anterior.
Es una época propicia para mirar en los cuatro puntos cardinales, para ver en qué región o lugar es más propicia la expansión o el crecimiento personal o profesional.
Estoy consciente de que es una etapa de exploración que me invita a interesarme en las nuevas oportunidades emergentes y conocer a fondo las alternativas  y elegir las opciones que mejor satisfagan las propias aspiraciones o necesidades de crecimiento.
Las convicciones que genera en mí el conocimiento a fondo del mercado crean el entusiasmo esencial que me permite dar los pasos necesarios para invertir o actuar a fondo en  mi actividad económica.
Observo las tendencias a corto, mediano y largo plazo que me facilitan la programación de la expansión o desarrollo profesional o personal.
Las inversiones, en esta época, permiten, en el espacio y tiempo, obtener importantes revalorizaciones, ya que, el período empieza en un determinado nivel hasta alcanzar, al final del proceso, cotas más elevadas que implican el respectivo beneficio que, en varios ciclos optimizarían resultados en forma notable.  El momento de invertir es al inicio del proceso de expansión cuando los precios se encuentran en su fase inicial o después que termina el ciclo de expansión, por cuanto, en la fase recesiva o de contracción, muchas veces, por la falta de demanda del mercado los precios se ven forzados hacia niveles inferiores para estimular la demanda.
Es una etapa propicia para fijarse objetivos elevados y trabajar asiduamente para su consecución satisfactoria.
Empero, es preciso moderación para mantenerme dentro del rango de las propias fuerzas, pero, dado que se ignora dónde termina el potencial de expansión y dentro de los límites de la prudencia, preciso plantearme metas ambiciosas, realistas y que impliquen un reto o desafío de crecimiento a un nivel que optimice mis recursos disponibles, que llene carencias o satisfaga necesidades o deseos insatisfechos.
Tengo que administrar los propios recursos con efectividad para que, cuando llegue la época recesiva o de contracción, la pueda superar con facilidad; por cuanto, la ley de la vida es la del péndulo, oscila de un lado a otro, cumpliendo el ciclo de las cuatro estaciones y en el verano de la economía hay que prever para el respectivo invierno.
Con un conocimiento profundo de los ciclos –económicos, históricos y espirituales, etcétera- siempre tengo amplia confianza frente a las crisis de la índole que sean.
Toda crisis tiene efectos positivos que reequilibran las propias energías, recursos y aprovechan experiencias y aptitudes que han estado hasta ese momento inactivas.
Sin importar lo duras que puedan ser, las crisis, -de cualquier índole-, siempre se superan con un plan inteligente de acción, atacando una cosa a la vez, con paciencia, dedicación, constancia y firmeza en los propósitos. Algunas veces se denominan estos períodos como “la noche oscura del alma”, después de la cual, viene el alba dorada o la luz al final del túnel, que reinicia la expansión en todos los aspectos de la propia vida o actividad.
Me mantengo con plena convicción en el camino del bien, de los valores éticos y sustento todo crecimiento sobre la realidad para que la prosperidad sea verdaderamente sólida, con tranquilidad de conciencia y paz mental.
Al final, siempre llega la etapa de la bonanza, la prosperidad y la expansión. Es preciso prepararme más y mejor para optimizar resultados.
Toda obra de expansión debe embellecer mi vida y a la creación  y propiciar la estabilidad duradera, sólida y fértil que me permita mantener en el espacio y tiempo, como un eslabón vital en la gran cadena de la fraternidad y solidaridad universal.
La belleza debo sustentarla en la sinceridad interior, en el cultivo del amor y los elevados sentimientos que, al embellecer el espíritu, se refleje en las propias facciones, pero, sobre todo, en las obras humanas, llenas de virtud, generosidad y altruismo, como siembra en el inmenso jardín del Creador del cual todos somos sus cooperadores.
Soy, al igual que todos, un instrumento de la Inteligencia Infinita, en la expansión evolutiva universal, en la respectiva cuota de cooperación que asumo como proyecto de vida.
La belleza es algo más que la forma exterior; implica armonía interior, serenidad, calma, elevación espiritual y orden equilibrado en las propias fuerzas, cuyo estado interior se refleja en lo externo como una obra maestra en honor del Gran Arquitecto del Universo, el Supremo Hacedor dentro del ser humano.
Sigo siempre adelante.

Afirmación:
Comprendo los ciclos de la vida, entre ellos, los económicos, los históricos y los espirituales;  domino a fondo la ley de oferta y demanda y cualesquiera otros conocimientos relacionados con la economía. Me pongo como meta de estudiar diez buenos libros que versen sobre economía en general, los ciclos y las crisis económicas, la gerencia moderna y el arte de negociar con eficacia, para que, mediante su estudio pueda yo ampliar mi visión del mercado y aprovechar mejor las oportunidades de expansión y riqueza, en mi actividad profesional o empresarial. Hecho está. Así es; así será.
La meta que me propongo, es leer por lo menos diez de los siguientes libros:

1.                 Samuelson/Nordhaus: Economía; Mc Graw Hill, España.
2.                 Peter Druker: La gerencia, tareas, responsabilidades y prácticas; u otro libro del mismo autor. Editorial Ateneo, Argentina.
3.                 Adam Smith: La Riqueza de las Naciones; Fondo de Cultura Económica, México.
4.                 Joseph Schumpeter: Historia del Análisis Económico; Fondo de Cultura Económica; México. (Tiene, además, un estudio sobre los ciclos económicos).
5.                 J. A. Estey: Tratado de los ciclos económicos: Fondo de Cultura Económica: México.
6.                 Thomás J. Hailstones: Economía Fundamental; Editorial Trilla, México. (Es un excelente tratado sobre los ciclos económicos).
7.                 Napoleón Hill: Piense y hágase rico. Editorial Brughera; España.
8.                 Una buena historia de la economía del país en que vivo.
9.                 Tres biografías de empresarios exitosos de mi país.
10.              Tres biografías de grandes personajes de la humanidad.
11.               León Tolstoy: La Guerra y la Paz. Editorial Porrúa; México. (Al final de la obra se refleja una interesante visión sobre los ciclos históricos.)

jueves, 4 de septiembre de 2014

LOS SENTIMIENTOS Y LAS NECESIDADES



LOS SENTIMIENTOS
Y LAS NECESIDADES

©Giuseppe Isgró C.


El ser humano está dotado, por dos elementos claves, que son: los sentimientos y las necesidades. Ambos expresan el conocimiento y la fuerza, en ambas polaridades.

El conocimiento es expresado por el lenguaje de los sentimientos análogos a los valores universales, dentro de la conciencia, como guía de los pensamientos, de las palabras y de los actos. Los valores, por ejemplos, son: el amor, la afinidad, la justicia, la igualdad, la compensación, la reciprocidad, la fortaleza, la templanza, la belleza, la tolerancia, la solidaridad, la paciencia, la confianza, entre otros. Son de doble polaridad, y se expresan como valores en sí o antivalores, es decir: sentimientos de justicia o de injusticia, de belleza o de fealdad, de fortaleza o de debilidad, de confianza o de desconfianza, etcétera. Al mismo tiempo, manifiestan conocimiento y fuerza; la fuerza es el fervor o grado de pasión, que tiene unos parámetros positivos y otros negativos, en base a los cuales se derivan sus efectos equivalentes: buenos o lo contrario. Los valores universales constituyen en el ser humano, los atributos divinos, que no son otra cosa que los sentidos cósmicos o espirituales, que le sirven para percibir la realidad integral y guiar su conducta en todos los ámbitos existenciales regidos por la ley cósmica.

Las necesidades, a su vez, constituyen el mecanismo que manifiestan, en la vida de la persona, el grado equivalente de poder creador a la necesidad experimentada, para ayudarle a satisfacerla.

Es decir, el ser humano se encuentra dotado de un poder potencialmente infinito, el cual, únicamente, puede expresar por medio de las necesidades que va experimentando en la vida, en la escala jerárquica estructurada por Abraham Maslow, es decir: necesidades básicas, de seguridad, sociales o afectivas, de estimación, propia o ajena, y de autorrealización, además de ellas, la necesidad de conexión con la Divinidad.

Cada necesidad expresa el grado equivalente del poder creador del cual está dotado para satisfacerla. Luego, el qué, el cómo, el cuándo, el dónde, el quién, el cuánto y el porqué, la persona lo percibe en una triple vertiente:

1) Por su capacidad de razonamiento, utilizando la lógica inductiva y deductiva;

2) La percepción intuitiva y la inspiración;

3) La guía de los valores universales, mediante los sentimientos equivalentes expresados en la conciencia humana, réplica exacta de la del Creador; y,

4) Los deseos en todas sus vertientes, que trascienden la satisfacción básica de las necesidades. La razón, la intuición, la inspiración, los valores, y sus sentimientos inherentes,  las necesidades y los deseos, cada quien a su manera, rigen sobre la voluntad, ésta sobre los pensamientos, las palabras y los actos, y los actos sobre los resultados.
La pasión, el fervor y el entusiasmo, constituyen fuerzas expresadas dentro del ser, en la conciencia; sus etapas de desarrollo pasan por los niveles de: la curiosidad, el interés, el conocimiento, la convicción, el entusiasmo y la determinación. Canalizan las propias fuerzas, más las que expresa el Creador, por el lenguaje de los sentimientos en la conciencia, y la fuerza de empuje y la de bloqueo; pero, además, expresan la inspiración de conocimientos y de fuerzas desde la dimensión espiritual, de los Espíritus.
Estos inspiran, por el pensamiento dentro del pensamiento, ideas con las cuales la persona siente afinidad, generándole un impulso en ambas vertientes, positiva-negativa, según la índole del Espíritu inspirador, más la energía inherente a tales realizaciones.
En ambos casos, cada persona posee el libre albedrío y puede decidir seguir o no la inspiración, y si se mantiene firme, prevalece la voluntad de la persona en particular, si logra superar la tentación y escucha la voz de su conciencia, quien siempre le indicará qué hacer o que dejar de hacer, cuando y porqué. Los antiguos denominaban al entusiasmo: -“Dios dentro de sí”.

En la acepción de los antiguos, Dios significaba Espíritu. En conclusión: siempre que una persona decida seguir o dejar de hacerlo, cualquier inspiración, los entes inspiradores, respetarán dicha decisión.





sábado, 30 de agosto de 2014

Cuál es el universo que quiere Dios?



Cuál es el universo que quiere Dios?

©Giuseppe Isgró C.

De la biografía de Dios




En una abstracción del Espíritu, en estado de meditación, en la que se eleva en un punto del espacio, y desde esa perspectiva observa a Dios contemplando el Universo. Con desapego absoluto, Dios se siente orgulloso de su eterna obra, hasta ahora, y del estado y las estaciones en que cada ser, en los cuatro reinos naturales, se encuentra, Se da cuenta de que mucho se ha avanzado en incontables fases de progreso, y en un destello instantáneo, percibe lo que, aún, hay por delante, que realizar, en el eterno presente.  Sonríe, con esa sonrisa divina que refleja seguridad, y suprema serenidad. Piensa para sí: Lo haremos! Para ello sabe que cuenta con cada uno de los seres de los cuatro reinos naturales como instrumentos de su Voluntad. Él anhela, a cada instante, lo que debe ser a cada instante según sus planes plasmados en la Ley cósmica. Ese anhelo de ser lo que debe ser a cada instante, Él lo transmite por inspiración en la conciencia de cada ser en los cuatro reinos naturales, en cada uno de los incontables mundos del universo. Hace esto por inspiración mediante el lenguaje de los sentimientos en la réplica exacta de su conciencia que es la conciencia de cada ser, en los cuatro reinos naturales: humano, animal, vegetal y mineral. Bajo su égida divina, cada ser va realizando su aporte en la construcción de ese universo anhelado por Él. Cada mañana aflora en la conciencia de cada ser la parte del plan divino que ese día debe ser ejecutado. Por los deseos, por las necesidades insatisfechas, por los ideales, estímulos y afanes de cualquier índole, el anhelo de amar y ser amado (a), e incontables y variados anhelos que se van expresando en la conciencia, por las sutiles ideas que, intuitivamente, emergen en la mente, cada ser se pone en movimiento para realizar su aporte para la construcción de un universo mejor, cada día. Para lograr esto, sin esfuerzo alguno, Dios ha colocado en lo íntimo de cada ser, en los cuatro reinos naturales, el mecanismo de la propia ambición. Sí, eso es, se ha percibido bien y correctamente: Dios, el Ser Universal, ha colocado en la conciencia de cada ser una réplica de su propia y sublime ambición: la ambición divina. Dios sustenta la ambición suprema: un universo en constante proceso de perfección, ad infinitum. Es tanta su ambición que no se conforma con la perfección relativa, alcanzada en un momento dado, pese a ser tan inmensa, y aspira más y más, en forma ilimitada. Dada la suprema inteligencia que le anima, sabe que todo requiere tiempo y dedicación, y que eso que Él aspira, o ambiciona, en su mente cósmica, en su infinita sabiduría, requiere de toda la eternidad para lograrlo y que jamás encontrará límite en los alcances de perfección de su aspiración en la realización de su obra de construcción de un universo mejor, cada día mejor. Dios piensa en grande. Esa es la razón por la cual dividió el trabajo para ser realizado por objetivos y resultados cada día de la eternidad presente, en el aquí y ahora, para realizar un objetivo prioritario a la vez, en la espiral evolutiva de la conciencia. Cada idea, cada anhelo, cada ideal, dentro de la aparente casualidad, forma parte del plan eterno de Dios, que se va expresando en la conciencia de cada ser, cada día. Esa es la razón por la cual, es preciso estar más atentos al dictado de la voz de Dios en la conciencia que guía, y a la vez, imprime la fortaleza suficiente, otorgando, al mismo tiempo, los recursos suficientes, y necesarios, para realizar su obra. Sí, su obra, no la nuestra. Lo nuestro es el Salario Cósmico, un pago integral, que, paralelamente que nos desarrolla a semejanza de la Divinidad, potencialmente hablando, por la experiencia, y la visión, -estado de conciencia alcanzado-, nos faculta para que se nos deleguen labores de mayor envergadura. Dios realiza el trabajo a través de cada ser, en los cuatro reinos naturales. En cada ser de los cuatro reinos naturales, el Espíritu ejecutor es una emanación a la conciencia individual, en el alma universal, de la Divinidad, sin separarse de la Divinidad, y sin dejar de ser la Divinidad. Después de todo, la construcción de un universo cada día más perfecto en la expansión eterna de la Creación, es un trabajo de Dios, para divertirse, y pasar el tiempo, Feliz, en eterno movimiento vivificante, al igual que el agua que circula, se mantiene viva y saludable. Cada ser, al realizar la parte de la obra cósmica que le corresponde, en los cuatro reinos naturales, va transformándose a sí mismo, de piedra en estado bruto, en cúbica, es decir, en un cubo justo y perfecto, para encajar, cada días más y mejor, en la construcción de ese edificio perfecto, cada más más perfecto, que es la Gran Obra Cósmica. Es decir, el trabajo de cada ser, en los cuatro reinos naturales, consiste en transformarse a sí mismo, o mejor dicho, en adquirir conciencia de que es la Divinidad. Un darse cuenta eterno y ascendente ad infinitum por la experiencia del trabajo diario. Razón de más para amar más lo que cada día hacemos. Por eso, parafraseando al insigne Víctor Hugo, podría decirse: que hasta el trabajo de la más diminuta hormiga contribuye a la construcción de la perfección universal en la expansión de la Creación. El Espíritu de esa diminuta hormiguita también es una emanación a la conciencia individual, en el alma universal, de la Divinidad. Sin dejar de ser la Divinidad, y sin separarse de la Divinidad.

Afirmar hoy, y cada momento del día en que se quiera hacerlo:

-La divina presencia de Dios, Yo soy, es en mí: AMOR.
-La divina presencia de Dios, Yo soy, es en mí: Prudencia.
-La divina presencia de Dios, Yo soy, es en mí: Justicia.
-La divina presencia de Dios, Yo soy, es en mí: Igualdad.
-La divina presencia de Dios, Yo soy, es en mí: Compensación.
-La divina presencia de Dios, Yo soy, es en mí: Fortaleza.
-La divina presencia de Dios, Yo soy, es en mí: Templanza.
-La divina presencia de Dios, Yo soy, es en mí: Equilibrio.
-La divina presencia de Dios, Yo soy, es en mí: Belleza.
-La divina presencia de Dios, Yo soy, es en mí: Orden.
-La divina presencia de Dios, Yo Soy, es en mí: Armonía.
-La divina presencia de Dios, Yo soy, es en mí: Salud.

(Hacerlo por lo menos diez veces al día, con cada uno de los valores expresado; pero, cien veces, es aún mejor).
Se sugiere, comenzar, con el amor. El amor, en su expresión, contiene todos los valores universales.





miércoles, 27 de agosto de 2014

EL PLACER Y EL DOLOR


EL PLACER Y EL DOLOR

©Giusppe Isgró C.




En el Fedón, uno de los mejores diálogos de Platón, éste pone en boca de Sócrates, uno de los grandes principios de la naturaleza: La polaridad.

Sócrates lo enfoca bajo la modalidad del placer y del dolor. Pero, la expresión de la polaridad tiene incontables vertientes y variantes. Es la ley de los opuestos, en la naturaleza.

Una de las leyes que rige este principio inmutable, es el de que, los opuestos jamás se juntan. Se expresan por turno, y al uno le sigue el otro, indefectiblemente.

Cómo podría saberse lo que es el placer, si jamás se hubiese experimentado el dolor? Si se coloca la mano en el fuego, se experimenta dolor y éste hace que se le retire a tiempo, evitando que se produzca daño. El dolor es un maestro efectivo; pero, el placer, también, por causas opuestas, pero con un fin análogo: servir de instructores. Ambos son los efectos de causas perfectamente definidas.

En el día en que Sócrates debía traspasar el umbral que habría de conducirle a la dimensión espiritual, en el acto de quitarle el guardia el instrumento que le aprisionaba uno de los pies, comienza a experimentar una sensación placentera.

Al poco rato, al recibir Sócrates la visita de sus amigos, expresa: -“¡Qué cosa más extraña, amigos, parece eso que los hombres llaman placer! ¡Cuán sorprendentemente está unido a lo que semeja su contrario: el dolor! Los dos a la vez no quieren presentarse en el hombre, pero si se persigue al uno y se le coge, casi siempre queda uno obligado a coger también al otro, como si fueran dos seres ligados a una única cabeza”.

El dolor, interna y moralmente hablando, se expresa como un estado de insatisfacción. Es la fuerza creadora en constante manifestación, en el Espíritu de los cuatro reinos naturales, que busca canalizarse. Al no lograrlo hacia el exterior, lo hace hacia lo interno. Pero, esta modalidad es de polaridad negativa, es decir: se expresa como un sentimiento de insatisfacción.

Paradójicamente, pese a manifestar una polaridad negativa, busca un fin positivo. Impele a la persona a la acción para expresar dicha energía hacia el exterior, mediante la realización de objetivos claramente definidos, o, llenar necesidades insatisfechas.

En esto reside una de las leyes más poderosas de la naturaleza. En Cómo desarrollar la Auto-Maestría, de nuestra autoría, hace ya más de treinta años, que hemos desarrollado la técnica de cómo transmutar los estados mentales de insatisfacción en placenteros.

El secreto consiste en anteponerse objetivos claramente definidos y enunciados por escrito, a corto, mediano y largo plazo. Tan pronto se enuncien por escrito los objetivos que reflejen los resultados que se desean alcanzar, la energía interior comienza a canalizarse hacia el logro exterior de los mismos. La sensación de insatisfacción, se transforma, casi en el mismo instante de planificar los objetivos,  en su opuesto positivo: placer, satisfacción, sentimiento de autorrealización, confianza, seguridad, serenidad, sosiego, paz interior y visión clara del camino por recorrer.

Es la eterna polarización a la que hacía referencia Lao Tse, en el Tao Te Ching. En el momento en que el ser percibe lo que es el placer, reconoce lo que es el dolor. En el instante en que percibe lo que es la belleza, se da cuenta de lo que es la fealdad. Lo dulce y lo amargo, permiten discernir entre dos realidades opuestas, y en cualquier estado que se experimente, identificar que el uno le guía hacia el otro. Acción-reacción. La ley del péndulo.

Igualmente, la percepción, y experimentación del dolor, contribuye a la evolución de la conciencia. Es uno de los dos caminos. El otro, es el de la comprensión.

Se pueden desarrollar los estados, y estaciones de la conciencia por ambas vías: Por la compresión, o el placer, y por el dolor. Es una elección personal.

La guía certera es la de los valores universales, en ambas polaridades: Amor, prudencia, sabiduría, fortaleza, templanza, justicia, igualdad, equidad, compensación, belleza y equilibrio, entre otros.

Sidharta Gautama, en forma genial, hace 2.500 años, en el Parque de los Ciervos, expresó su doctrina de las Cuatro Nobles Verdades, mediante la cual, enseñó a sus primeros cinco discípulos, que la vida presenta estados de insatisfacción, o dukka; que éstos tienen su manifestación en los deseos en polaridad negativa; que es factible poner término a dichos estados insatisfactorios; y, que el medio de ponerle fin a la insatisfacción, es el del Noble Sendero Óctuple. Es decir: regir los deseos, los anhelos, las necesidades, los pensamientos, los sentimientos y los actos, por medio de la Recta opinión; la recta acción; la recta palabra; la recta acción; los rectos medios de sustentamiento de vida; los rectos esfuerzos; la recta atención; y la recta concentración. Aplicando las técnicas de El noble sendero óctuple, es factible reorientar el propio Karma y hacer la vida más placentera.

Veinticinco siglos más tarde, Abraham Maslow, y su Escuela, harían otro gran descubrimiento: El ser humano está dotado de un servomecanismo que le permite, cada vez que experimenta una necesidad, de la índole que fuere, instantáneamente, y en forma simultánea, expresar una fuerza motivadora equivalente que le induce trasladarse desde el lugar donde reside su insatisfacción, hacía aquel en que se encuentra la satisfacción de la misma.

Queda por saber cuál es ese lugar donde reside la satisfacción de una necesidad o la realización de un objetivo. Además de la lógica inductiva y deductiva, se activa, en un momento dado, la intuición y la inspiración, que aporta el conocimiento del qué, del cómo, del cuándo, del dónde, del quién, del cuánto y del por qué.

Entre los parámetros de los dos estados opuestos de conciencia, del placer y del dolor, buscando la línea del medio, se puede ejercer un control dinámico de ambos aspectos de una realidad existencial, de la cual, cada quien, en un constante alternar del ciclo de vida, en una eterna polarización, precisamos aprender, cada día mejor, a vivir con estos dos valiosísimos aliados de la expansión perceptiva-comprensiva-realizadora  de nuestra conciencia.

El placer y el dolor; el dulce y el amargo; la acción y la reacción, entre otras variantes, ciertamente se interrelacionan con el bien y el mal.

El ciclo de los opuestos se expresa en todas las manifestaciones de la naturaleza, buscando mantener el equilibrio, por ejemplo: primavera, verano, otoño e invierno.

En los negocios, el ciclo económico se expresa, como: Recuperación del equilibrio, expansión, recepción y contracción. 

En fin, no deja de ser, todo, la gradación en sentido opuesto de una misma realidad para adquirir nuevos estados de conciencia acordes con los valores universales, o atributos divinos, y sus respectivas estaciones, entre el cero y el infinito, en el eterno viaje de regreso a la fuente: El Ser Universal, del que, todo ser, en los cuatro reinos naturales, es una expresión indivisa, a la conciencia individual, sin haberse, jamás, separado de Él.


Adelante.