jueves, 24 de julio de 2014

LA EDUCACIÓN DE BOLÍVAR


LA EDUCACIÓN DE BOLÍVAR
Ensayo escrito en 1995

©Giuseppe Isgró C.


Bolívar, es uno de los genios más grandes que ha dado la humanidad, al lado de líderes políticos, militares y espirituales, como Solón, Creso, Shakyamuni, Pericles, Felipe de Macedonia, Demóstenes,  Alejandro Magno, Julio Cesar, Cicerón, Jesús, Marco Aurelio, Lincoln, Napoleón, José Martí, Gandhi, entre otros. Al igual que filósofos, científicos, artistas, escritores, educadores, etcétera, como Homero, Hesiodo, Confucio, Séneca, Plutarco, Rousseau, Benjamín Franklin, Allan Kardec, etcétera.
¿Cómo se desarrolló, para estar preparado y, llevar a cabo con éxito, la gran misión que la naturaleza de las cosas y la Divina Providencia le asignaron en el escenario del Continente Suramericano y mundial?
¿Cómo, en tan pocos años, llevó a cabo una síntesis tan admirable y coherente del saber universal, a cuyas grandes concepciones y proyectos siguieron acciones realizadoras, para plasmar lo pensado en la realidad?
Bolívar, haciendo lo que parecía imposible, una y otra vez, hizo lo posible: La Independencia Latinoamericana.
Ello marca el nacimiento de un nuevo mundo de realidades y posibilidades para el progreso de las causas de la humanidad y el desarrollo de los grandes valores universales del espíritu.
Bolívar nació en una familia de elevada condición socio-económico-cultural. Su padre poseía una importante biblioteca con libros de contenido vario, tales como: las obras completas de Benito J. Feijoo, erudito y ensayista español, entre ellas el Teatro Crítico Universal y los 19 tomos de las Cartas Eruditas y Curiosas, que contenían disertaciones sobre temas tan variados como filosofía, literatura, medicina, ciencias naturales, artes, etc.; obras literarias como la Odisea, Don Quijote, las Vidas Paralelas, de Plutarco, clásicos griegos, latinos y europeos, entre otros.
Los miembros de las familias como la de Bolívar, en la sociedad caraqueña de finales del siglo XVIII e inicios del XIX, al decir de los ilustres viajeros de la época, como Humboldt y el Conde Segur, eran de elevada cultura, buen gusto y distinción; las mujeres eran consideradas con nivel cultural superior a las de la Europa de entonces.
Si bien el contacto de Bolívar con su padre duró sólo hasta los tres años, su psiconsciente se alimentó con las imágenes de su personalidad, con efectos modeladores. Su madre fue una mujer culta, disciplinada y excelente administradora, por lo cual, su contacto con ella, hasta los nueve años, modeló, con certeza, la personalidad del futuro gran hombre, con los valores éticos-morales, costumbres y actitudes positivas frente a la vida, tan propios de una familia que, por generaciones, jugó un rol de preponderancia en la sociedad caraqueña.
El temprano contacto con las negras Hipólita, que lo amamantó, y Matea, con quien realizó sus primeros juegos infantiles, le pusieron en comunicación con un mundo que, al identificarse con él, y recibir expresiones de amor y bondad, le prepararon para apreciar, y valorar, en su justa dimensión, en el futuro, a cada una de las personas con las cuales estuvo  en contacto, independientemente de su condición social.
Quedar solo, a los nueve años, le enfrentó, tempranamente, a la vida, permitiéndole aprender a valerse por sí mismo, sin desestimar la importancia que tuvieron sus tutores en la formación de su carácter y personalidad. La educación que recibió fue acorde a su nivel socio-económico y de lo mejor que un niño de su condición podía recibir en la Caracas de la época.
Entre sus primeros maestros, en forma gradual y espaciados en el tiempo, se encuentra Francisco Antonio Carrasco, empleado de confianza, contador y cajero de la familia, en una tienda de importaciones, quien, en sus ratos libres o en las horas fuera del trabajo, le daba a Simoncito, lecciones de primeras letras, escritura y aritmética. Carrasco, actuó, en 1791, en calidad de “Curador Ad litem” tanto de Simón como de Juan Vicente. Fernando Vides, el mismo que fungió de testigo cuando Simón, que tenía cinco años, acompañado de su abuelo y del licenciado Sanz, tomó posesión, el 30 de julio de 1788, de su casa de Las Gradillas, también le dio clases de primeras letras, escritura y aritmética.
Bolívar, asistió formalmente a la escuela de Manuel Zidardia, pedagogo erudito, de larga trayectoria. José Antonio Negrete, fue su maestro en historia, y espiritualidad. Guillermo Pelgrom, ilustre educador, de gran cultura, le dio clases de latín y, posiblemente, le habló de la historia de Roma, y de los clásicos latinos, en comentarios acordes con su edad. Francisco de Paula Revé y Berdura, mejor conocido como Andujar, gran humanista y científico, a partir de 1795, luego de la partida de Don Simón Rodríguez, de quien se hablará en el siguiente segmento, fue maestro, de Bolívar, a nivel más avanzado, en: Gramática, geometría, álgebra, moral y dibujo. A tales efectos le acondicionó, en su casa, un salón donde instaló una academia de matemáticas exclusivamente para él, a la cual, sin embargo, asistieron gran número de niños y jóvenes. Un principio de la filosofía educativa de Andujar, expresa: -“Es necesario orden y método para ensañar con claridad”.

-II-

El maestro que ejerció mayor influencia en Bolívar, entre los ocho y los doce años, antes de las enseñanzas del profesor Andujar y de Andrés Bello, fue el Sócrates venezolano, Don Simón Rodríguez. Esto, no tanto por la legendaria aplicación del método Rousseauniano, leyenda plasmada por Jules Manzini, en su famosa biografía, publicada en París en 1912, con el título: -“Bolívar y la Emancipación de las Colonias Españolas desde los Orígenes hasta 1851”, la cual, modernas investigaciones dejan de sustentar, pese al gran número de biógrafos que la adoptaron, posteriormente, sino porque Simón Rodríguez era un excelente maestro.
Estaba al día con los más importantes e innovadores tratados educativos de España, estaba dotado de una sincera vocación para la enseñanza, la cual lo acompañará toda su larga vida.
Supo inculcar en su discípulo Simoncito, -su alumno de primeras letras, lengua castellana y latina, aritmética e historia, por recíproca elección espontánea y por la simpatía mutua que se tuvieron, mientras el maestro era amanuense en la casa de su abuelo Don Feliciano Palacios y Blanco, un gran amor al estudio y despertar su notable curiosidad. Preguntaba mucho y constantemente, constituyendo el primer paso para desarrollar sólidos conocimientos, firmes convicciones y poderoso entusiasmo.
Le enseñó a aprender de la vida misma, de la convivencia social y escrutando la naturaleza, con aguda observación, profunda concentración y reflexión constante.
Formó su carácter, templando su personalidad. Le inculcó el orden y afianzó su sentido de responsabilidad y autodisciplina.
El 03 de septiembre de 1792, Don Feliciano escribe a su hijo Esteban, que se encontraba en España, diciéndole: -“Te incluyo una lista para que me compres y me remitas los libros que contiene. Dichos libros, encargados por requerimiento de Don Simón Rodríguez, fueron, entre otros: Reflexiones sobre el Verdadero Arte de Escribir, de Servidori, con sus respectivas láminas; Arte de Escribir, y Discurso sobre la necesidad de la mejora de las escuelas, de Don José de Anduaga; Compendio de Este Arte; Método de enseñar el conocimiento de las letras y sus uniones en sílabas y dicciones; Aritmética y Elementos de Álgebra; Prevenciones a los Maestros; además de otras, lo cual da una idea de su interés por el estudio y la actualización profesional constante.
Paralelamente, Simón Rodríguez, fue maestro en la escuela de Primeras Letras, de Caracas, desde el 31-05-1791 hasta el 19-10-1795, por lo cual, su actividad de amanuense de Don Feliciano fue desarrollada a tiempo parcial, educando voluntaria y desinteresadamente a Bolívar.
Bajo su dirección, Simoncito, fortalece su capacidad para actuar con aprovechamiento del tiempo, con modestia y sosiego. El maestro, enseña divirtiendo, narrándole fábulas instructivas, como las de Esopo; leyéndole rasgos biográficos de hombres ilustres, trayendo a colación sucesos ilustrativos, estimulantes y formativos.
Estimuló al discípulo en ser: Fiel, servicial, comedido, benéfico, agradecido, consecuente, generoso, amable, diligente, cuidadoso, aseado, respetuoso, y a cumplir con lo prometido. Dichas cualidades afianzadas en su personalidad lo llevarán a desarrollar, en cada caso, las habilidades que las circunstancias precisaban.
Le habla de las cinco clases de necesidades, fundamento del derecho natural, como son, a saber: alimentarse, vestirse, alojarse, curarse y distraerse; y, de las virtudes de los sabios, entre ellas: la prudencia, la justicia, el coraje, la fortaleza, la templanza, la modestia, el discernimiento, el respeto a la vida, a la propiedad, a la reputación, propia y ajena, que constituye la moderna auto-estima, indicándole que de la propia reputación depende el crédito.
Don Simón Rodríguez solía expresar: -“Sólo el modesto es respetable, porque tiene en que fundar sus pretensiones. Pretende con orgullo porque sabe que ha de obrar con acierto. Esta especie de hombre es la que reúne, de ordinario, mayor número de virtudes y hace mayor suma de bien, -yerra a veces, es verdad, pero, -¿quién se expondrá a errar sino el que emprende?”
Otras de las máximas del maestro, son:
1.    –“Si la ignorancia reduce al hombre a la esclavitud, instruyéndole, el esclavo será libre”-.
2.    –“Pedir lo necesario, es el derecho natural; pedir lo que es debido, derecho civil; interesarse por el prójimo, benevolencia”-.
Bolívar, aprendió tempranamente que, el cumplimiento del deber es fuente certera de satisfacción, y a ser constante y esforzado en el logro de sus metas.
Don Simón Rodríguez, expresó: -“Todo es oficio; el que hace profesión de influir, debe saber en qué influye: -por qué, cómo y para qué”-.
Con el tiempo, Don Simón Rodríguez, sintetiza, fruto de su experiencia como educador, que toda persona debe recibir cuatro tipos de instrucción:
1.    –“Social, para hacer una Nación prudente”-.
2.    Corporal, para hacerla fuerte”-.
3.    Técnica, para hacerla experta”-.
4.    Y, “científica, para hacerla pensadora”-.
Como maestro efectivo, Don Simón Rodríguez, ayudó a Bolívar a comprender los elevados valores de la vida y a aprender por sí mismo, con lo cual, se convirtió, gradualmente, en uno de los más fecundos autodidactas que ha dado la humanidad.
Es posible que la influencia mayor de Simón Rodríguez, sobre el discípulo, la ejerció en el encuentro efectuado al inicio de 1805, en París, durante el segundo viaje de Bolívar a Europa, como se verá en otro artículo.
En el próximo segmento, se analizará la influencia, en la formación de Bolívar, de uno de los más importantes forjadores intelectuales que tuvo Bolívar: El Marqués de Ustariz, quien gestó al Estadista.

-III-

El 19 de abril de 1799, a los 16 años, Simón Bolívar, se embarca para España, con el objetivo de perfeccionar sus estudios.
Allí estará hasta mayo de 1802. Lleva con él las Vidas Paralelas, de Plutarco, de las cuales es asiduo lector. Su tío Esteban, queriéndolo preparar para la carrera diplomática, le pone al frente de profesores de lengua francesa, inglés e italiano; de matemáticas, baile, esgrima y equitación, durante aproximadamente un año.
Empero, la mayor influencia en su formación la ejercerá el sabio Marqués de Uztariz, a quien Bolívar estimaba como a uno de los siete sabios de Grecia. Lo admiró, expresándose de él, siempre, con veneración.
El Marqués de Uztariz poseía una de las mejores bibliotecas personales y había cultivado una sólida y profunda cultura clásica y filosófica. Francisco de Miranda que le conoció en 1778, se expresó elogiosamente de él, por: -“sus profundos conocimientos en las ciencias morales y políticas y por sus virtudes públicas y privadas pocos comunes”-.
Fue quien convirtió a Bolívar en un verdadero estudiante y estimuló el desarrollo de su personalidad a niveles muy elevados. Bajo su guía, estudió con profesores selectos las materias de: Matemáticas, idiomas vivos, filosofía, literatura e historia.
Profundizó el estudio de los autores clásicos de la antigüedad, entre ellos: filósofos como Platón, con sus obras La República y Las Leyes; Aristóteles, de quien estudió, con toda seguridad, su libro La Política; Epitecto y su famoso Manual; Marco Tulio Cicerón y sus Discursos, Sobre las leyes, La República, De los Deberes, Del Supremo Bien, etcétera; Séneca y sus Epístolas Morales a Lucilo y los Tratados Morales; historiadores como Herodoto y sus Nueve Libros de Historia; Tucidide y La Guerra del Peloponeso; Diógenes Laercio y Sus Vidas de los más ilustres Filósofos Griegos; Polibio y su Historia Universal; Tácito y los Anales del Imperio Romano; Suétonio y la Vida de los Doce Césares; Tito Livio y su Historia de Roma desde su fundación; Julio César y su Guerra Civil y Las Guerras de las Galias, obra ésta, que será su libro de cabecera durante sus futuras campañas.
Las lecturas de Bolívar incluyeron: Oradores como: Demóstenes y sus Discursos Políticos y privados; poetas, como Homero y sus clásicos La Ilíada y La Odisea. Hesiodo: Teogonía y Los trabajos y los días. Virgilio: La Eneida y Las Bucólicas.
Entre los autores clásicos europeos, leyó a Vittorio Alfieri, el poeta de: -“Quise, siempre quise, fortísimamente quise”-; Dante: La Divina Comedia; Maquiavelo: El Principe y El Arte de la Guerra; Voltaire: El siglo de Luis XIV y Cartas Filosóficas; Rousseau: El Contrato Social, Emilio o la Educación, Confesiones, Discurso sobre la Economía, etc.;  John Lock: Ensayo sobre el Gobierno Civil y el Ensayo sobre el Entendimiento Humano. Es preciso destacar que la influencia de John Lock, además de la de Aristóteles, se observará, años más tarde, en las dos Constituciones escritas por Bolívar: la de Angostura y la de Bolivia.
Bolívar leyó, de Francis Bacon: Novum Organum y La Nueva Atlántida; de Condillac: su Ensayo sobre el origen del conocimiento humano, el comercio y el gobierno, el lenguaje del cálculo, etc.; de Lavosier: Elementos de Química; de Spinoza: Ética y Tratado Teólogico-político; de Holbach: Sistemas de la naturaleza y sistema social; de Hume: Sobre el humano entendimiento; de Adam Smith: La Riqueza de las Naciones; de Montesquieu: El Espíritu de las Leyes; de Bufón: Épocas de la Naturaleza, Historias Naturales, generales y particulares y Discurso sobre el estilo; de Hobbes: Leviatán, obra ésta que Bolívar estimaba mucho; de Diderot: Sistema Social; de Cervantes: Don Quijote; de Garcilaso de la Vega, El Inca, los Comentarios Reales y La Florida del Inca; de Bartolomé de Las Casas, Breve relación de la destrucción de India y su Vida de Cristóbal Colón.
Leyó, también, a Helvetius, D`Lambert, Filangieri, Rollin, Berthot; Labaide; Mably, Robertson, -de quien leyera su Vida de Carlos V y la Historia de América; Lord Chesterfield y los dos tomos de sus famosas Cartas a su hijo. Conoció –y leyó- la Enciclopedia, y un gran número de otros autores.
La enumeración que precede refleja las principales obras de los autores citados, de las cuales existen referencias, directas e indirectas, de que Bolívar las leyó. Es posible que algunas las leyera con mayor profundidad; que otras las haya solamente hojeado y continuado su lectura en épocas futuras, y cierto número de ellas, en su contenido las conociera por sus conversaciones, tanto con el Marqués de Ustariz, como con otros intelectuales con quienes entró en contacto.
Bolívar, solía expresar: -“Más se aprende conversando con el Marqués de Ustariz que en las obras de los sabios”. Bajo su guía, Bolívar comenzó a amar las grandes obras del espíritu humano, a meditar sobre sus ideas y a conversar con él sobre los variados temas de sus lecturas. Adquirió el hábito que lo mantendrá durante toda su vida, de alimentar su espíritu con las obras de los grandes pensadores de todos los tiempos.
El Marqués de Ustariz, es realmente quien gestó al futuro gran Estadista que luego sería Bolívar. Con él consolidó Bolívar su acervo cultural que tanta confianza le daría al emitir con brevedad juicios profundos y certeros, en cada una de sus actuaciones. En la casa del Marqués de Ustariz se efectuaban reuniones constantes con intelectuales destacados, cuyo intercambio de ideas, en el cual participó Bolívar, fue un medio importante para ampliar sus horizontes culturales y su visión de líder continental.
Cuando se va rastreando la influencia de las lecturas de Bolívar, se descubren las huellas de las mismas en muchos acontecimientos importantes de su trayectoria; por ejemplo: su decreto de la “Guerra a Muerte”, en el cual obligaba a los que vivían en Venezuela, durante la guerra de la independencia, -realistas y patriotas- a definirse por el bando de la causa patriótica, se inspiró en el emitido por Solón, cuando éste decretó que en épocas de peligro para la Patria ningún ciudadano podía permanecer indiferente.
La Carta con las instrucciones para la educación de su sobrino Fernando, -que constituye de por sí una joya de la Pedagogía moderna, de lectura obligada para todo intelectual- denota la influencia de las lecturas de Aristóteles y de Plutarco; del primero, cuando se refiere a la educación musical, -sugiriendo que no era preciso impartírsela salvo que mostrara una predisposición especial para dedicarse a este arte- reflejando el pensamiento aristotélico al respecto y del segundo, en lo referente al estudio de la historia, debiéndola estudiar comenzando desde la más reciente hasta remontarse,  gradualmente, a la más antigua, emulando el plan de Plutarco en la redacción de sus Vidas Paralelas. En el Resumen sucinto de la Vida del General Sucre, emula el arte de la biografía al estilo del gran Maestro de Queronea, al poner énfasis en los detalles edificantes, la cual constituye una auténtica obra maestra.
Adelante.



Publicado en el Diario EL TIEMPO, I) 28/07/1995; II) 04/08/1995; y III) 11/08/1995.

domingo, 13 de julio de 2014

PAZ


PAZ

©Giuseppe Isgró C.


-Para que haya paz en el mundo es preciso, antes, que cada persona la cultive en su interior.

-En toda paz, hasta quienes, aparentemente,  pierden, resultan  ganadores.-
©Giuseppe Isgró C.


El camino del medio es la Paz. El que ostenta el poder no tiene por que demostrarlo, por cuanto, hacerlo, es signo de su carencia auténtica. El poder verdadero es el que cumple su objetivo sin ser notado apenas, más que por los resultados, que constituyen la única evaluación del Líder.
Estimo que la violencia jamás ha sido, ni lo será, el mejor camino para lograr la paz. La declaración de una guerra, en la cual podría involucrarse a un gran número de naciones, es preciso evitarla mediante un consejo mundial de naciones donde en forma global se analice cada caso para tomar medidas –prudentes y sabias- con una estrategia adecuada, coherente y efectiva,  que conduzca  al camino verdadero de la paz, buscando las causas en las raíces profundas que, los líderes de talla mundial, saben ver más allá de la realidad aparente, que constituyen los grupos de intereses enfrentados.
La paz del planeta debe ser asegurada y, tanto ahora como en el futuro, ella debería dejar de depender de un solo hombre,  aunque tenga sus propias razones y haya asumido –unilateralmente- el liderazgo del mundo y exista un minúsculo entorno que le aplaudan como si en vez de ir a la guerra se tratara de una fiesta o competición olímpica.
Opino que debe rehacerse el contrato social dónde se reajusten los poderes delegados al Estado, asegurándose que, jamás podrá irse a una guerra sin antes haber llevado a cabo un plebiscito nacional o mundial, donde los ciudadanos tengan la oportunidad de votar por la paz y que su voto sea obedecido fielmente.
Ya lo decía Salomón, en el siglo IX –a.n.e.-: -“No te pongas en camino con el hombre osado, por cuanto podría perderte con él”.-
Muchas naciones y sus poblaciones, -inocentes en su mayoría-, se encuentran amenazados por el simple hecho de que, el verdadero enemigo muchas veces no da la cara. Si analizamos la historia, cada vez que una nación atacó bélicamente a otra, a los pocos días una manifestación de la naturaleza caía como una plaga sobre ella como una evidente demostración de que se recibe lo mismo que se da, y que, por encima del que se cree todopoderoso se encuentra el que ostenta el poder verdadero, es  decir, el regidor de la justicia divina que imparte  a cada quien según su merecimiento. Se cosecha lo mismo que se siembra.
Sin duda el siglo XXI  comenzó con un signo evidente: la notable decadencia  de algunas naciones y el afloramiento de un nuevo orden mundial, que, gradualmente, debe ser reajustado mediante el ya mencionado nuevo contrato social.
Es preciso reflexionar, -meditar en la quietud interior- sobre cual es la vía mejor para la paz.
Pienso que es tiempo oportuno de que las naciones dejen de ser objeto de manipulación por otras de mayores influencias y poder, por cuanto el planeta es uno sólo y la humanidad, también. Hay que respetar la autonomía de los países y exigir, además, que se respete la propia dignidad.
Hay que forjar la paz. Se podría agregar que los  líderes   mundiales  cuando recurren a la violencia para resolver situaciones precisan desarrollar su habilidad de lograr los resultados idóneos por medios pacíficos, pero efectivos. El que se altera, el que amenaza, el que manipula, el que arremete con violencia no es el líder verdadero; detrás del poder aparente reside el genuino, el que mueve los hilos de los acontecimientos. Las aguas vuelven por el cauce de la paz.  Hay que meditar por la paz mundial –visualizándola- y porque el Gran Ser Supremo ilumine las mentes de todos los bandos, a los unos por cuanto sembrando el terror no van a lograr sino cargarse con un karma que los alejará indefinidamente de los logros que  pudieran anhelar, ya que el terror se le anidará en la propia alma hasta pagar la última gota de sangre y sufrimiento que han provocado. Y a los otros, por cuanto, metiéndole más leña al fuego, no es la mejor manera de extinguirlo, sino, quitándole o echándole agua u otro elemento según la clase de combustible.
Opino que el siglo XXI podría ser el escenario ideal para  concebir y llevar a cabo el nuevo contrato social, en el cual es preciso establecer una cláusula que evite que una eventual guerra pueda ser decidida por un solo individuo, ni por muchos jefes de Estados, sino por la humanidad, mediante referéndum o plebiscitos; generalmente, la gente de los bandos en conflicto no quiere la guerra; el excelente paradigma comienza a serlo la U.E.,  cuyos tratados iniciales por  vías pacíficas, después de la segunda guerra mundial, constituyeron un medio para lograr los objetivos comunes por el camino de la paz, lo cual hace posible pensar en la Unión Mundial en un tiempo cercano.

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La paz no sólo es posible sino necesaria e indispensable. Para gozarla es preciso haber actuado con equidad, y justicia, en todos los actos de la vida.

Estar en armonía con mi conciencia constituye el mayor tesoro. Sentir que el balance refleja equilibrio, orden y libertad, es un bien inestimable y da fortaleza de ánimo y serenidad inalterable en el espíritu secundada por la justicia divina que me respalda si actúo de acuerdo con sus directrices.
Empero, cuando requiero reestablecer la paz interior preciso ver donde he fallado, a quien tengo que reparar situaciones o a quien debo pedir perdón o disculpas, etcétera, de manera de quedar en libertad de conciencia y en paz, efectuando las compensaciones correspondientes y oportunas.
Cumplir con el propio deber de hijos, padres, hermanos, ciudadanos, estudiantes, amigos, cónyuges, etc., es el único camino de la paz.
Debo conocer a fondo mis deberes y derechos, de manera que, en ambos casos, cumpliendo los primeros y ejerciendo los segundos, dentro de los justos límites, pueda mantener el equilibrio de la paz, ya que, controlar que los demás respeten mis derechos también es un camino hacia la paz.
Tengo, al igual que todas las personas, el derecho cósmico para ser feliz, vivir una vida digna, tener un trabajo mediante el cual pueda servir a la humanidad y me permita cultivar los talentos y dones con que la vida me ha dotado,  auto-expresando mi potencial humano y divino, alcanzando la plenitud humana y espiritual, en un ambiente de abundancia, prosperidad,  riqueza integral, amor y armonía.
Cada día hay mayor paz en mi vida y en el planeta. Al cultivar mi paz interior irradio hacia el mundo mis efluvios de luz que, por efectos de resonancia mórfica, fortalecen los lazos de fraternidad, tolerancia, respeto, amor y prudencia en las interrelaciones y en el cuido del propio hogar privado y común: el planeta.

***

Observo que entre los líderes mundiales, un gran número refleja prudencia en la toma de decisiones para el sostenimiento de la paz mundial; otros, precisan fortalecer sus convicciones.
Todo líder con funciones competentes está obligado a velar por la paz mundial o, de su respectivo país, por todos los canales regulares a su alcance, y para eso, en el respectivo contrato social, se le delegan las funciones inherentes; empero, el anhelo colectivo de paz es preciso que sea respetado.
Estimo que el deseo de paz  es unánime en todos los países del mundo. Parafraseando a un profundo pensador, Ralph Waldo Emerson, podría decirse que existen cuarenta millones de razones para la paz, pero ninguna excusa para no agotar todos los medios pacíficos posibles, salvo que el tiempo, y las circunstancias, requieran otros pasos que vayan más allá del poder de negociación inherente por los canales competentes.
Me parece que tiene sentido el espíritu del Tao cuando vislumbra que, quien demuestra el poder que ostenta quizá es porque en realidad se da cuenta de que éste es un bien compartido –no de exclusiva inherencia de una sola persona, sobre todo cuando el bienestar común debe guiar las decisiones en la elección de los mejores cursos de acciones-.
Los ciudadanos del mundo entero,  así como un gran número de líderes mundiales tienen conciencia clara de las acciones inherentes a la paz. Dale Carnegie decía, en su famoso libro “Cómo ganar amigos”, que “una gota de miel caza más moscas que un barril de hiel”. El camino de la paz cosecha siempre mejores frutos que otro diferente.
Sé que millones de personas, en todo el Planeta, diariamente, dan sus respectivos aportes mediante sus meditaciones, pidiendo al Creador Universal por la paz mundial y por las iluminación de los líderes en la toma perfecta de sus decisiones y de la ejecución efectiva de las mismas, en el desempeño del rol que se le ha confiado.
Mientras la humanidad lleve a cabo un nuevo pacto social mediante el cual se represente en forma más efectiva aún el anhelo del bien común, la meditación, y la oración, -aparte de mi propia expresión del deseo de paz y llevar a cabo acciones de buena voluntad pertinentes a la misma-, que es lo que cabe hacer a los ciudadanos del mundo-, en el fuero interno y en la propia mente, visualizo, cada día, un mundo en paz y en perfecta armonía. El amor a la paz todo lo puede.
Los líderes del futuro han de encontrar los canales institucionales suficientes para evitar que un sólo hombre pueda erigirse en dictador de un país o, que pueda decidir acciones contrarias a la paz, salvo la respectiva defensa colectiva, en el momento oportuno y con efectividad.
Algunas veces he reflexionado sobre el momento en que cada líder deja sus funciones respectivas, cuando en la quietud de su ser, y en la tranquilidad de su conciencia,  al rememorar los beneficios que aportó a la paz mundial, como percibirá las bendiciones de la humanidad –o de sus respectivos pueblos- y su nombre se llenará de gloria, aún cuando el cumplimiento del deber sea compensación suficiente; mientras que, “las lagrimas de los inocentes lloverán sobre las cabezas de quienes la hayan provocado”.  Me parece que, si el que decide una guerra tuviese conciencia de las terribles noches de tormento que le esperan cuando terminen sus funciones de poder y solitario nadie se acuerde de él, salvo los afectados que se constituyen en acreedores de los resultados de sus acciones, cuyas compensaciones, en la balanza divina, tiene que compensar inexorablemente, por cuanto, la justicia cósmica, -la del Creador Universal- paga y cobra, justamente, lógicamente, se abstendría; es un costo excesivamente elevado que, a conciencia, nadie lo asumiría.
La siguiente meditación me gusta llevarla a cabo en la quietud de mi hogar, con la cual, doy mi aporte de energía positiva para el sostenimiento de la paz y la iluminación del planeta. La paz empieza en la mente. Todo es posible si creo que puedo contribuir.
Tengo, al igual que todos, una misión en este mundo: en cada etapa la voy descubriendo interrogando mi ser  interior.
Trabajo, a mi manera,  para unificar el planeta en una sola familia; medito, periódicamente, por la paz del mundo.
Siento que formo una unidad con el cosmos y con el Creador Universal.
Estudio la obra de los sabios de todos los tiempos y países y transmito una síntesis del saber que logro asimilar en cada ciclo existencial.
 Formo una unidad con el Creador Universal; siento, cada día más y mejor mi conexión divina; permito que aflore en mi faz  la luz radiante del espíritu unido al Creador Universal, como canal de sabiduría y amor, con dedicado servicio y efectiva solución de los casos sometidos a mi consideración y competencia.
Sigo siempre adelante.

·                                 Meditación por la paz del mundo, los días jueves, entre las 22 y 24 horas, o cada vez que yo lo deseo.
·                                 Me he unido a esta cooperación por la paz y comparto el flujo de poder fruto de la suma magnético-espiritual conformada por quienes participan en ella.
·                                 Visualizo, el Planeta Tierra, envuelto en un círculo de luz luminosa o blanca, -transparente-;  luego:

Afirmo:
El Planeta Tierra es del Creador Universal, y de todos nosotros. 
El Creador Universal le protege, le guía y conduce por senderos de prosperidad, bienestar,   justicia y Paz;  le ilumina y le envuelve en un círculo de luz divina,  a él y a nosotros;  nos protege,  y nos lleva con éxito y felicidad  a cumplir  nuestro destino.
El orden divino y la armonía cósmica se establecen en el Planeta Tierra, y en nosotros,   aquí y ahora.  Hecho está; así es; así será.
Creador Universal, en Tus manos confiamos   el Planeta Tierra, y nuestras    vidas. Sea el Planeta Tierra, y nosotros, como Tú quieras, cuanto Tú deseas, de acuerdo a Tus Divinos Planes Cósmicos.
Seamos, el Planeta Tierra, y nosotros, conducidos por el  Camino  de la sabiduría, la prudencia, la comprensión, el progreso, la armonía y el orden divino, la  confianza y fe en un futuro mejor, el respeto mutuo, elevada y vigorosa auto-estima,  con Paz y ánimo contento, aquí y ahora.
Creador Universal, toda condición que en tu Justicia Divina lo requiera, en el Planeta Tierra, y en nosotros, transmútala –por la ley cósmica- en su condición positiva, instantáneamente, aquí y ahora. Hecho está. Seamos, el Planeta Tierra, y nosotros, tal como está decretado en Tus Divinos Designios. ¡Hoy!  Cada día mejor. Hecho está.
Gracias, Creador Universal, por haber escuchado nuestro pedido.
   



jueves, 10 de julio de 2014

EN EL CAMINO SUFÍ


EN EL CAMINO SUFÍ

©Giuseppe Isgró C.


El caminante recibió una pregunta directa de alguien que recorría la misma senda sufí: -“Si te despojas de los pensamientos de maestros como Rumi u otros y en la mañana, al despertarte, te miras en el espejo, observándote tal como eres, cómo te ve? Cómo te sientes?, Cómo amas? Cómo eres realmente? Es como decir: Quién eres tú cuando estás a solas contigo mismo, instante en que no puedes presumir con nadie o aparentar lo que no eres? Cómo tratas a los tuyos? Eres amables, cariñoso o un tirano? Te respetas, haciendo otro tanto con los demás? Te amas, valorando la divinidad que reside en tu interior? Eres capaz de amar a la divinidad interior que reside en los demás seres que te rodean o que encuentras en tu diario vivir? Poco más o menos, en esencia, esta era la pregunta, aparte de recibir las expresiones inherentes de simpatía.
Es mucho lo que una pregunta puede generar. Hay que dar las gracias al toparse con alguna que denota agudeza de esta índole, como si fuese planteada por un Sócrates, con la sabiduría añadida de Platón y de Rumi, simultáneamente. Quién puede sentirse preparado para estas profundidades desacostumbradas? Asemejan a los “leñazos” que impartían los maestros Zen a quienes querían “despertar” para que alcanzaran el estado de verdadera iluminación. Hacen pensar, comprendiendo!
No vayamos a creer que esa fue la pregunta de un discípulo a su maestro. No, en este caso la maestría reside en quien hace la pregunta que enfrenta, al otro, a la realidad exenta de apariencias.
La regla, en el camino, suele ser descentrar la atención del propio ego para centrarla en la Fuente. En la Fuente, se aviva la conciencia de Unidad que siempre ha existido. En la Unidad es fácil dar y recibir en grado sublime; fluye la luz, la energía, el amor y la sabiduría. La luz es el centro de la Verdad. Quién se atreve a ver la Verdad cara a cara? Tú? Yo? Quizá, hasta cierto punto! La Verdad es la meta eterna; es decir, la que existe y la que puede llegar a existir, -en el argot taoísta-, asimilándola cada quien por grados, hasta el infinito.
El pensamiento contenido en algunas preguntas es más profundo de lo que la persona misma que las plantea cree o percibe. La conciencia intuitiva permite que las palabras expresen contenidos que les trascienden.
Desconectarse de la Fuente para volver a centrarse en el ego. Es necesario? Para qué? Qué somos? Despojarse de todo lo añadido es descubrir la propia esencia, -o la propia ignorancia-, o el “conócete a ti mismo”, ni más ni menos equivalente a conocer a Dios, al Dios que reside en cada ser. Para ello sería necesario eliminar todas las capas que envuelven la luz interior, al igual que es preciso depurar, a elevadísima presión, el carbón, para descubrir el diamante que en él se encuentra encerrado. Requiere valor, fortaleza y humildad o simplicidad, hacerlo. En la naturaleza, todo es simple, sencillo; mucho más de lo que se cree o parece; la gente va en busca de cosas más complejas de lo que es requerido; temen dejar de ser importantes o se toman demasiado en serio. Es esencial vaciarse para adquirir la capacidad de llenarse con los nuevos nutrientes adecuados a las inquietudes de los tiempos. Sin vacuidad, cómo llenarse? Al coparse un determinado nivel de conciencia evolutiva, la propia esfera mental se activa automáticamente en el grado siguiente, como una esfera vacía que espera llenarse en la nueva etapa existencial desde el rango alcanzado en la anterior,  y así sucesivamente en el eterno ahora.
Parafraseando al sabio de Arunachala, Ramana Maharshi, el maestro de Paul Brunton, si se transmite y se recibe en la Unidad, -qué más se puede decir? Somos capaces de ello?
El caminante y el camino hacia la Fuente son la misma cosa: el caminante, el camino y la Fuente. Es un camino en apariencia solitario, pero aún dispersos en billones de mundos habitados, en determinadas esferas, formamos una Unidad con la Fuente y dentro de ella, todos los que vibramos al unísono. Son inexistentes las barreras de espacio y tiempo.
Una sola palabra puede decirlo todo; las hay que son alumbradoras al estilo socrático, capaces de inducir al “darse cuenta”, al percatarse. Gracias, es una palabra de gran poder que requiere mayor uso, aún. Doy las gracias por la pregunta que permite estas reflexiones. Es preciso, cada día, expresar gratitud por todo y a todos, como eslabones útiles de la Unidad.
Anclarse en Rumi, el segundo Mahoma es anclarse bien; o en cualquier otro maestro, como Shakyamuni, -Sidharta Gautama-, cuya inmensa obra elaborada por sus discípulos es apenas conocida; Pitágoras, Confucio, Apolonio de Tiana, o Hipolite León Denizard Rivail, por ejemplo. Empero, es indispensable trascender a todos los maestros y a todas las corrientes de pensamiento, pese a que el caminante debe conocerlos –y sintetizarlos- en su totalidad, conjuntamente con sus doctrinas,  para convertirse en un auténtico pensador, con autonomía mental y brillar con luz propia, con visión de líder, para ser, en primer lugar, dirigente de su propio aprendizaje.
Formar la Unidad en la Rueda de la Vida o en el Círculo y el Signo Más, es esencial. Adquirir conciencia de que ya se forma, -de manera indisoluble y permanente- canaliza los sentimientos de los atributos divinos, dando y recibiendo, cada quien, valor por valor, expresando gratitud al abrir los ojos y mirarse la cara en el espejo, cada mañana, tal como somos. Qué somos, si hemos emanados de la Fuente y el inmortal y eterno Espíritu es de la misma naturaleza espiritual que la Fuente?
En la trascendencia de la materia, en la Unidad de la conexión divina, es factible dar o recibir lo que ningún sentido físico es capaz de percibir o experimentar. Esa sutil vibración es la que sólo se puede transmitir y/o recibir de Espíritu a Espíritu, por medio del silencio.
Es válido preguntarse: Tanto hablar para no decir nada? Lao Tse, decía: -“El que habla no sabe; el que sabe, no habla”. Es posible. También lo es que el que no habla, en la mayoría de las veces es porque, realmente, no sabe, tal como se lo demostró Sócrates a Ión, al hacerle ver que su dominio de la escenificación de la obra homérica era por inspiración y no por el cultivo del arte. Expresaba contenidos mentales que electrizaban a sus oyentes, sin embargo, estaba muy lejos de explicar su significado o de entenderlo.
En la Apología de Sócrates, se demuestra como, al buscar el filósofo ateniense entender por qué la Pitonisa del Oráculo Délfico lo había designado como el hombre más sabio, se aprestó a visitar a todos aquellos a quienes consideraba como más sabios que él, y al formularle diversas preguntas claves se percató de que todos ellos creían saber mucho más de lo que realmente sabían, pero que no se daban cuenta de lo que ignoraban. Entonces, reflexionó, que la única razón por la cual había sido elegido como el más sabio no era porque supiera más que los otros, sino porque él sí se daba cuenta de lo que no sabía, acuñando aquel famoso aforismo, -aunque poco conocido tal como lo expresó-: -“Yo sólo sé que no sé aquello que no sé”-.
Igual le acontecía a la gata del cuento Zen que había aprendido a triunfar sin hacer daño; cuando los demás gatos le preguntaron cómo lo hacía, simplemente, no lo sabía; es decir, no sabía cómo ni porque sabía. Había desarrollado la conciencia perceptiva que le permitía saber sin saber, por intuición o por inspiración, por la fuerza de bloqueo y por la de empuje y por la percepción espiritual de los sentimientos, en la propia conciencia, equivalentes a los valores universales o atributos divinos inherentes a cada ser.
Empero, la fábula del rosal, de Niko Kazantzakis, es muy expresiva, cuando las ortigas le pidieron al rosal que le enseñara su secreto para hacer las rosas. Le contestó: -“Mi secreto es muy simple. Durante todo el invierno, con paciencia, confianza y amor yo trabajo la tierra y solo tengo una cosa en mi mente, la rosa. Las lluvias me azotan, los vientos me deshojan, las nieves me cubren, pero yo solo una cosa tengo en mi mente, la rosa. Éste es mi secreto, hermanas ortigas”-.
De igual manera, el caminante, -sufí, taoísta,  budista zen, espirita, yogui, filósofo, científico, masón, teósofo, rosacruz, martinista, cabalista, poeta, humanista, existencialista, o simplemente, libre pensador, frente a todas las pruebas de la vida, y a todas las circunstancias que afronta o asume, en la sencillez de la vida diaria, sólo una cosa tiene en su mente: la conciencia de la Unidad con la Fuente y meditando en la Fuente y en los valores que conforman los atributos divinos, adquiere la capacidad esencial, o la conciencia intuitiva, de dar valor por valor, en armonía con el Todo y con Todos, realizando la parte que le corresponde en la Gran Obra de acuerdo a los planes trazados por el Gran Arquitecto del Universo.

EL SUFISMO Y LA MUJER

 Si tomamos en cuenta que el inmortal Espíritu del ser humano no tiene sexo y que de igual manera puede animar un cuerpo de hombre u otro de mujer según el plan de vida elegido para un determinado ciclo de vida, la práctica mística del sufismo tiene igual importancia y trascendencia tanto para el hombre como para la mujer.

Dónde reside, entonces, la diferencia?

Hay alguna diferencia?

En principio, no existe diferencia alguna, sobre todo si centramos nuestra atención en el inmortal Espíritu y en la esencia del ser y la relación espiritual con su creador, mediante una practica de espiritualidad directa, sin intermediarios, centrada en Él y en la meditación de sus atributos divinos o valores universales, como fuente de ejercicio de todas las virtudes.

Ahora, que ya existe un reconocimiento más real sobre la equivalencia de las capacidades generales de ambos seres, la práctica mística del sufismo aporta beneficios por igual tanto a la mujer como al hombre. -Dónde podría existir una ligera ventaja para la mujer en relación al hombre? En la sensibilidad femenina, que por su misma naturaleza le hace más perceptiva o intuitiva; más creativa y receptiva, sin olvidarnos que por el rol de creadora física de la vida, en cooperación con el hombre, cumple funciones que trascienden las de éste y convierten a la mujer en un ser verdaderamente especial.

Precisamente, ese rol especial de la mujer, sublimizado con una práctica espiritual elevada, como lo es la del sufismo, que permite adquirir conciencia de la unidad que el ser conforma con su Creador, y por medio de esa conexión con la fuente, el ser se eleva, depura y embellece integralmente, volviéndose un ser majestuoso.

La constante meditación en los atributos divinos, además de la práctica del Dzikr, o el constante recuerdo del Creador, -mediante la repetición de su nombre- le permite desarrollar una elevada conciencia de los valores universales, soporte de las leyes cósmicas y fundamento y guía en la práctica de todas las virtudes, evidentemente, la mujer, inspirada por esa sabiduría divina que fluirá sin límites, al cumplir su rol de compañera, madre y guía de las nuevas generaciones, podrá imprimir en los niños que va educando esos mismos principios y valores, encaminando a la humanidad hacia su verdadera misión.

Es preciso recordar que, además, la mujer, hoy en día, está asumiendo roles importantes en todas las actividades humanas y lo está haciendo muy bien, compitiendo ventajosamente con el hombre, a tal punto que gran número de empresas, a nivel mundial, la prefieren como trabajadora en un grado muy superior al del hombre, para una gran diversidad de cargos.

Cuando a la mujer le toque jugar roles de legisladora, si se ha cultivado en los valores universales del sufismo, y los sustentados por corrientes de pensamientos similares, tales como el Budismo Zen, el Taoismo, el Espiritismo, la Teosofía, el Martinismo, la Cábala, la Masonería, y la filosofía platónica, es decir: la Doctrina Universal, sin duda prestará un valioso concurso para gestar esa sociedad que será lo más parecido a esa nueva edad de oro con que han soñado los grandes utopistas.

Una mujer cultivada en la espiritualidad mística del sufismo, desarrollando al máximo su potencial humano, comenzará a dejar de ser un simple objeto físico, y su dignidad autodefinida le impedirá ser explotada de múltiples formas como hasta ahora y directamente, obligará al hombre, de manera general, a valorarla y respetarla en mayor grado aún.

Sin duda que, al descubrir la mujer su divinidad interior y cultivar su ser de acuerdo a los atributos divinos del Creador, contribuirá a transformar, automáticamente, a toda la sociedad, encaminándola hacia su verdadero derrotero.

Imaginemos, por un momento, como se sublimizará la belleza femenina con un Espíritu depurado espiritualmente por la meditación de los valores universales y la práctica de todas las virtudes, en conexión divina. Cuan enriquecedor será compartir una existencia tan llena de contenido superior y el efecto positivo en su compañero e hijos, y en la sociedad en general por efecto de la resonancia magnética o campo morfo-genético.

Es preciso educar a la mujer para su emancipación total. Todavía, grupos de intereses que no se resignan en la transformación de la humanidad hacia la verdadera nueva era, aún por medio de la manipulación de la mujer quieren ejercer un control tipo inquisitorial en la sociedad. Al adoctrinar a la mujer, ésta se ocupa de hacerlo con sus cónyuges e hijos, y de esta manera, existen grupos que quieren perpetuar el oscurantismo en forma camuflada. Pero, la emancipación de la humanidad y de la mujer, es inevitable, por ser llegado el momento y el sufismo, al igual que todas las corrientes de pensamiento válidas de que se dispone, como herencia de todos, debe constituir una fuente de estudio constante.

Ese estudio de todas las fuentes constituye la Doctrina Universal; su único objetivo: la búsqueda de la verdad universal en todas sus vertientes.

El sufismo es un camino muy importante hacia la búsqueda de la verdad universal y acerca a cada ser a la fuente: el Ser Universal, en una espiritualidad directa, por medio del constante recuerdo, hasta percibir la Rueda de la vida o el Círculo y el Signo Más, meditando en Él y sus atributos divinos, adquiriendo, cada vez, una más clara conciencia de la Unidad perfecta e indisoluble.

Recordemos algunos aforismos de Ibn Arabi:

1.   –“Dedícate al recuerdo de Allah con cualquier tipo de dzikr. El más elevado de ellos es el Nombre, la repetición de la palabra Allah, Allah, Allah, sin añadir más”. –

2.   –“Que tu resolución al entrar en el retiro sea: “Lo que Allah quiera” y “Nada se le asemeja”-.

3.   –“Insiste en tu dzikr-recuerdo hasta que descubras a aquel al que recuerdas”-.

4.   –“Sabrás –ahí- que todos los caminos son circunferenciales y que no hay ninguno lineal”-.


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jueves, 24 de julio de 2014

LA EDUCACIÓN DE BOLÍVAR


LA EDUCACIÓN DE BOLÍVAR
Ensayo escrito en 1995

©Giuseppe Isgró C.


Bolívar, es uno de los genios más grandes que ha dado la humanidad, al lado de líderes políticos, militares y espirituales, como Solón, Creso, Shakyamuni, Pericles, Felipe de Macedonia, Demóstenes,  Alejandro Magno, Julio Cesar, Cicerón, Jesús, Marco Aurelio, Lincoln, Napoleón, José Martí, Gandhi, entre otros. Al igual que filósofos, científicos, artistas, escritores, educadores, etcétera, como Homero, Hesiodo, Confucio, Séneca, Plutarco, Rousseau, Benjamín Franklin, Allan Kardec, etcétera.
¿Cómo se desarrolló, para estar preparado y, llevar a cabo con éxito, la gran misión que la naturaleza de las cosas y la Divina Providencia le asignaron en el escenario del Continente Suramericano y mundial?
¿Cómo, en tan pocos años, llevó a cabo una síntesis tan admirable y coherente del saber universal, a cuyas grandes concepciones y proyectos siguieron acciones realizadoras, para plasmar lo pensado en la realidad?
Bolívar, haciendo lo que parecía imposible, una y otra vez, hizo lo posible: La Independencia Latinoamericana.
Ello marca el nacimiento de un nuevo mundo de realidades y posibilidades para el progreso de las causas de la humanidad y el desarrollo de los grandes valores universales del espíritu.
Bolívar nació en una familia de elevada condición socio-económico-cultural. Su padre poseía una importante biblioteca con libros de contenido vario, tales como: las obras completas de Benito J. Feijoo, erudito y ensayista español, entre ellas el Teatro Crítico Universal y los 19 tomos de las Cartas Eruditas y Curiosas, que contenían disertaciones sobre temas tan variados como filosofía, literatura, medicina, ciencias naturales, artes, etc.; obras literarias como la Odisea, Don Quijote, las Vidas Paralelas, de Plutarco, clásicos griegos, latinos y europeos, entre otros.
Los miembros de las familias como la de Bolívar, en la sociedad caraqueña de finales del siglo XVIII e inicios del XIX, al decir de los ilustres viajeros de la época, como Humboldt y el Conde Segur, eran de elevada cultura, buen gusto y distinción; las mujeres eran consideradas con nivel cultural superior a las de la Europa de entonces.
Si bien el contacto de Bolívar con su padre duró sólo hasta los tres años, su psiconsciente se alimentó con las imágenes de su personalidad, con efectos modeladores. Su madre fue una mujer culta, disciplinada y excelente administradora, por lo cual, su contacto con ella, hasta los nueve años, modeló, con certeza, la personalidad del futuro gran hombre, con los valores éticos-morales, costumbres y actitudes positivas frente a la vida, tan propios de una familia que, por generaciones, jugó un rol de preponderancia en la sociedad caraqueña.
El temprano contacto con las negras Hipólita, que lo amamantó, y Matea, con quien realizó sus primeros juegos infantiles, le pusieron en comunicación con un mundo que, al identificarse con él, y recibir expresiones de amor y bondad, le prepararon para apreciar, y valorar, en su justa dimensión, en el futuro, a cada una de las personas con las cuales estuvo  en contacto, independientemente de su condición social.
Quedar solo, a los nueve años, le enfrentó, tempranamente, a la vida, permitiéndole aprender a valerse por sí mismo, sin desestimar la importancia que tuvieron sus tutores en la formación de su carácter y personalidad. La educación que recibió fue acorde a su nivel socio-económico y de lo mejor que un niño de su condición podía recibir en la Caracas de la época.
Entre sus primeros maestros, en forma gradual y espaciados en el tiempo, se encuentra Francisco Antonio Carrasco, empleado de confianza, contador y cajero de la familia, en una tienda de importaciones, quien, en sus ratos libres o en las horas fuera del trabajo, le daba a Simoncito, lecciones de primeras letras, escritura y aritmética. Carrasco, actuó, en 1791, en calidad de “Curador Ad litem” tanto de Simón como de Juan Vicente. Fernando Vides, el mismo que fungió de testigo cuando Simón, que tenía cinco años, acompañado de su abuelo y del licenciado Sanz, tomó posesión, el 30 de julio de 1788, de su casa de Las Gradillas, también le dio clases de primeras letras, escritura y aritmética.
Bolívar, asistió formalmente a la escuela de Manuel Zidardia, pedagogo erudito, de larga trayectoria. José Antonio Negrete, fue su maestro en historia, y espiritualidad. Guillermo Pelgrom, ilustre educador, de gran cultura, le dio clases de latín y, posiblemente, le habló de la historia de Roma, y de los clásicos latinos, en comentarios acordes con su edad. Francisco de Paula Revé y Berdura, mejor conocido como Andujar, gran humanista y científico, a partir de 1795, luego de la partida de Don Simón Rodríguez, de quien se hablará en el siguiente segmento, fue maestro, de Bolívar, a nivel más avanzado, en: Gramática, geometría, álgebra, moral y dibujo. A tales efectos le acondicionó, en su casa, un salón donde instaló una academia de matemáticas exclusivamente para él, a la cual, sin embargo, asistieron gran número de niños y jóvenes. Un principio de la filosofía educativa de Andujar, expresa: -“Es necesario orden y método para ensañar con claridad”.

-II-

El maestro que ejerció mayor influencia en Bolívar, entre los ocho y los doce años, antes de las enseñanzas del profesor Andujar y de Andrés Bello, fue el Sócrates venezolano, Don Simón Rodríguez. Esto, no tanto por la legendaria aplicación del método Rousseauniano, leyenda plasmada por Jules Manzini, en su famosa biografía, publicada en París en 1912, con el título: -“Bolívar y la Emancipación de las Colonias Españolas desde los Orígenes hasta 1851”, la cual, modernas investigaciones dejan de sustentar, pese al gran número de biógrafos que la adoptaron, posteriormente, sino porque Simón Rodríguez era un excelente maestro.
Estaba al día con los más importantes e innovadores tratados educativos de España, estaba dotado de una sincera vocación para la enseñanza, la cual lo acompañará toda su larga vida.
Supo inculcar en su discípulo Simoncito, -su alumno de primeras letras, lengua castellana y latina, aritmética e historia, por recíproca elección espontánea y por la simpatía mutua que se tuvieron, mientras el maestro era amanuense en la casa de su abuelo Don Feliciano Palacios y Blanco, un gran amor al estudio y despertar su notable curiosidad. Preguntaba mucho y constantemente, constituyendo el primer paso para desarrollar sólidos conocimientos, firmes convicciones y poderoso entusiasmo.
Le enseñó a aprender de la vida misma, de la convivencia social y escrutando la naturaleza, con aguda observación, profunda concentración y reflexión constante.
Formó su carácter, templando su personalidad. Le inculcó el orden y afianzó su sentido de responsabilidad y autodisciplina.
El 03 de septiembre de 1792, Don Feliciano escribe a su hijo Esteban, que se encontraba en España, diciéndole: -“Te incluyo una lista para que me compres y me remitas los libros que contiene. Dichos libros, encargados por requerimiento de Don Simón Rodríguez, fueron, entre otros: Reflexiones sobre el Verdadero Arte de Escribir, de Servidori, con sus respectivas láminas; Arte de Escribir, y Discurso sobre la necesidad de la mejora de las escuelas, de Don José de Anduaga; Compendio de Este Arte; Método de enseñar el conocimiento de las letras y sus uniones en sílabas y dicciones; Aritmética y Elementos de Álgebra; Prevenciones a los Maestros; además de otras, lo cual da una idea de su interés por el estudio y la actualización profesional constante.
Paralelamente, Simón Rodríguez, fue maestro en la escuela de Primeras Letras, de Caracas, desde el 31-05-1791 hasta el 19-10-1795, por lo cual, su actividad de amanuense de Don Feliciano fue desarrollada a tiempo parcial, educando voluntaria y desinteresadamente a Bolívar.
Bajo su dirección, Simoncito, fortalece su capacidad para actuar con aprovechamiento del tiempo, con modestia y sosiego. El maestro, enseña divirtiendo, narrándole fábulas instructivas, como las de Esopo; leyéndole rasgos biográficos de hombres ilustres, trayendo a colación sucesos ilustrativos, estimulantes y formativos.
Estimuló al discípulo en ser: Fiel, servicial, comedido, benéfico, agradecido, consecuente, generoso, amable, diligente, cuidadoso, aseado, respetuoso, y a cumplir con lo prometido. Dichas cualidades afianzadas en su personalidad lo llevarán a desarrollar, en cada caso, las habilidades que las circunstancias precisaban.
Le habla de las cinco clases de necesidades, fundamento del derecho natural, como son, a saber: alimentarse, vestirse, alojarse, curarse y distraerse; y, de las virtudes de los sabios, entre ellas: la prudencia, la justicia, el coraje, la fortaleza, la templanza, la modestia, el discernimiento, el respeto a la vida, a la propiedad, a la reputación, propia y ajena, que constituye la moderna auto-estima, indicándole que de la propia reputación depende el crédito.
Don Simón Rodríguez solía expresar: -“Sólo el modesto es respetable, porque tiene en que fundar sus pretensiones. Pretende con orgullo porque sabe que ha de obrar con acierto. Esta especie de hombre es la que reúne, de ordinario, mayor número de virtudes y hace mayor suma de bien, -yerra a veces, es verdad, pero, -¿quién se expondrá a errar sino el que emprende?”
Otras de las máximas del maestro, son:
1.    –“Si la ignorancia reduce al hombre a la esclavitud, instruyéndole, el esclavo será libre”-.
2.    –“Pedir lo necesario, es el derecho natural; pedir lo que es debido, derecho civil; interesarse por el prójimo, benevolencia”-.
Bolívar, aprendió tempranamente que, el cumplimiento del deber es fuente certera de satisfacción, y a ser constante y esforzado en el logro de sus metas.
Don Simón Rodríguez, expresó: -“Todo es oficio; el que hace profesión de influir, debe saber en qué influye: -por qué, cómo y para qué”-.
Con el tiempo, Don Simón Rodríguez, sintetiza, fruto de su experiencia como educador, que toda persona debe recibir cuatro tipos de instrucción:
1.    –“Social, para hacer una Nación prudente”-.
2.    Corporal, para hacerla fuerte”-.
3.    Técnica, para hacerla experta”-.
4.    Y, “científica, para hacerla pensadora”-.
Como maestro efectivo, Don Simón Rodríguez, ayudó a Bolívar a comprender los elevados valores de la vida y a aprender por sí mismo, con lo cual, se convirtió, gradualmente, en uno de los más fecundos autodidactas que ha dado la humanidad.
Es posible que la influencia mayor de Simón Rodríguez, sobre el discípulo, la ejerció en el encuentro efectuado al inicio de 1805, en París, durante el segundo viaje de Bolívar a Europa, como se verá en otro artículo.
En el próximo segmento, se analizará la influencia, en la formación de Bolívar, de uno de los más importantes forjadores intelectuales que tuvo Bolívar: El Marqués de Ustariz, quien gestó al Estadista.

-III-

El 19 de abril de 1799, a los 16 años, Simón Bolívar, se embarca para España, con el objetivo de perfeccionar sus estudios.
Allí estará hasta mayo de 1802. Lleva con él las Vidas Paralelas, de Plutarco, de las cuales es asiduo lector. Su tío Esteban, queriéndolo preparar para la carrera diplomática, le pone al frente de profesores de lengua francesa, inglés e italiano; de matemáticas, baile, esgrima y equitación, durante aproximadamente un año.
Empero, la mayor influencia en su formación la ejercerá el sabio Marqués de Uztariz, a quien Bolívar estimaba como a uno de los siete sabios de Grecia. Lo admiró, expresándose de él, siempre, con veneración.
El Marqués de Uztariz poseía una de las mejores bibliotecas personales y había cultivado una sólida y profunda cultura clásica y filosófica. Francisco de Miranda que le conoció en 1778, se expresó elogiosamente de él, por: -“sus profundos conocimientos en las ciencias morales y políticas y por sus virtudes públicas y privadas pocos comunes”-.
Fue quien convirtió a Bolívar en un verdadero estudiante y estimuló el desarrollo de su personalidad a niveles muy elevados. Bajo su guía, estudió con profesores selectos las materias de: Matemáticas, idiomas vivos, filosofía, literatura e historia.
Profundizó el estudio de los autores clásicos de la antigüedad, entre ellos: filósofos como Platón, con sus obras La República y Las Leyes; Aristóteles, de quien estudió, con toda seguridad, su libro La Política; Epitecto y su famoso Manual; Marco Tulio Cicerón y sus Discursos, Sobre las leyes, La República, De los Deberes, Del Supremo Bien, etcétera; Séneca y sus Epístolas Morales a Lucilo y los Tratados Morales; historiadores como Herodoto y sus Nueve Libros de Historia; Tucidide y La Guerra del Peloponeso; Diógenes Laercio y Sus Vidas de los más ilustres Filósofos Griegos; Polibio y su Historia Universal; Tácito y los Anales del Imperio Romano; Suétonio y la Vida de los Doce Césares; Tito Livio y su Historia de Roma desde su fundación; Julio César y su Guerra Civil y Las Guerras de las Galias, obra ésta, que será su libro de cabecera durante sus futuras campañas.
Las lecturas de Bolívar incluyeron: Oradores como: Demóstenes y sus Discursos Políticos y privados; poetas, como Homero y sus clásicos La Ilíada y La Odisea. Hesiodo: Teogonía y Los trabajos y los días. Virgilio: La Eneida y Las Bucólicas.
Entre los autores clásicos europeos, leyó a Vittorio Alfieri, el poeta de: -“Quise, siempre quise, fortísimamente quise”-; Dante: La Divina Comedia; Maquiavelo: El Principe y El Arte de la Guerra; Voltaire: El siglo de Luis XIV y Cartas Filosóficas; Rousseau: El Contrato Social, Emilio o la Educación, Confesiones, Discurso sobre la Economía, etc.;  John Lock: Ensayo sobre el Gobierno Civil y el Ensayo sobre el Entendimiento Humano. Es preciso destacar que la influencia de John Lock, además de la de Aristóteles, se observará, años más tarde, en las dos Constituciones escritas por Bolívar: la de Angostura y la de Bolivia.
Bolívar leyó, de Francis Bacon: Novum Organum y La Nueva Atlántida; de Condillac: su Ensayo sobre el origen del conocimiento humano, el comercio y el gobierno, el lenguaje del cálculo, etc.; de Lavosier: Elementos de Química; de Spinoza: Ética y Tratado Teólogico-político; de Holbach: Sistemas de la naturaleza y sistema social; de Hume: Sobre el humano entendimiento; de Adam Smith: La Riqueza de las Naciones; de Montesquieu: El Espíritu de las Leyes; de Bufón: Épocas de la Naturaleza, Historias Naturales, generales y particulares y Discurso sobre el estilo; de Hobbes: Leviatán, obra ésta que Bolívar estimaba mucho; de Diderot: Sistema Social; de Cervantes: Don Quijote; de Garcilaso de la Vega, El Inca, los Comentarios Reales y La Florida del Inca; de Bartolomé de Las Casas, Breve relación de la destrucción de India y su Vida de Cristóbal Colón.
Leyó, también, a Helvetius, D`Lambert, Filangieri, Rollin, Berthot; Labaide; Mably, Robertson, -de quien leyera su Vida de Carlos V y la Historia de América; Lord Chesterfield y los dos tomos de sus famosas Cartas a su hijo. Conoció –y leyó- la Enciclopedia, y un gran número de otros autores.
La enumeración que precede refleja las principales obras de los autores citados, de las cuales existen referencias, directas e indirectas, de que Bolívar las leyó. Es posible que algunas las leyera con mayor profundidad; que otras las haya solamente hojeado y continuado su lectura en épocas futuras, y cierto número de ellas, en su contenido las conociera por sus conversaciones, tanto con el Marqués de Ustariz, como con otros intelectuales con quienes entró en contacto.
Bolívar, solía expresar: -“Más se aprende conversando con el Marqués de Ustariz que en las obras de los sabios”. Bajo su guía, Bolívar comenzó a amar las grandes obras del espíritu humano, a meditar sobre sus ideas y a conversar con él sobre los variados temas de sus lecturas. Adquirió el hábito que lo mantendrá durante toda su vida, de alimentar su espíritu con las obras de los grandes pensadores de todos los tiempos.
El Marqués de Ustariz, es realmente quien gestó al futuro gran Estadista que luego sería Bolívar. Con él consolidó Bolívar su acervo cultural que tanta confianza le daría al emitir con brevedad juicios profundos y certeros, en cada una de sus actuaciones. En la casa del Marqués de Ustariz se efectuaban reuniones constantes con intelectuales destacados, cuyo intercambio de ideas, en el cual participó Bolívar, fue un medio importante para ampliar sus horizontes culturales y su visión de líder continental.
Cuando se va rastreando la influencia de las lecturas de Bolívar, se descubren las huellas de las mismas en muchos acontecimientos importantes de su trayectoria; por ejemplo: su decreto de la “Guerra a Muerte”, en el cual obligaba a los que vivían en Venezuela, durante la guerra de la independencia, -realistas y patriotas- a definirse por el bando de la causa patriótica, se inspiró en el emitido por Solón, cuando éste decretó que en épocas de peligro para la Patria ningún ciudadano podía permanecer indiferente.
La Carta con las instrucciones para la educación de su sobrino Fernando, -que constituye de por sí una joya de la Pedagogía moderna, de lectura obligada para todo intelectual- denota la influencia de las lecturas de Aristóteles y de Plutarco; del primero, cuando se refiere a la educación musical, -sugiriendo que no era preciso impartírsela salvo que mostrara una predisposición especial para dedicarse a este arte- reflejando el pensamiento aristotélico al respecto y del segundo, en lo referente al estudio de la historia, debiéndola estudiar comenzando desde la más reciente hasta remontarse,  gradualmente, a la más antigua, emulando el plan de Plutarco en la redacción de sus Vidas Paralelas. En el Resumen sucinto de la Vida del General Sucre, emula el arte de la biografía al estilo del gran Maestro de Queronea, al poner énfasis en los detalles edificantes, la cual constituye una auténtica obra maestra.
Adelante.



Publicado en el Diario EL TIEMPO, I) 28/07/1995; II) 04/08/1995; y III) 11/08/1995.

domingo, 13 de julio de 2014

PAZ


PAZ

©Giuseppe Isgró C.


-Para que haya paz en el mundo es preciso, antes, que cada persona la cultive en su interior.

-En toda paz, hasta quienes, aparentemente,  pierden, resultan  ganadores.-
©Giuseppe Isgró C.


El camino del medio es la Paz. El que ostenta el poder no tiene por que demostrarlo, por cuanto, hacerlo, es signo de su carencia auténtica. El poder verdadero es el que cumple su objetivo sin ser notado apenas, más que por los resultados, que constituyen la única evaluación del Líder.
Estimo que la violencia jamás ha sido, ni lo será, el mejor camino para lograr la paz. La declaración de una guerra, en la cual podría involucrarse a un gran número de naciones, es preciso evitarla mediante un consejo mundial de naciones donde en forma global se analice cada caso para tomar medidas –prudentes y sabias- con una estrategia adecuada, coherente y efectiva,  que conduzca  al camino verdadero de la paz, buscando las causas en las raíces profundas que, los líderes de talla mundial, saben ver más allá de la realidad aparente, que constituyen los grupos de intereses enfrentados.
La paz del planeta debe ser asegurada y, tanto ahora como en el futuro, ella debería dejar de depender de un solo hombre,  aunque tenga sus propias razones y haya asumido –unilateralmente- el liderazgo del mundo y exista un minúsculo entorno que le aplaudan como si en vez de ir a la guerra se tratara de una fiesta o competición olímpica.
Opino que debe rehacerse el contrato social dónde se reajusten los poderes delegados al Estado, asegurándose que, jamás podrá irse a una guerra sin antes haber llevado a cabo un plebiscito nacional o mundial, donde los ciudadanos tengan la oportunidad de votar por la paz y que su voto sea obedecido fielmente.
Ya lo decía Salomón, en el siglo IX –a.n.e.-: -“No te pongas en camino con el hombre osado, por cuanto podría perderte con él”.-
Muchas naciones y sus poblaciones, -inocentes en su mayoría-, se encuentran amenazados por el simple hecho de que, el verdadero enemigo muchas veces no da la cara. Si analizamos la historia, cada vez que una nación atacó bélicamente a otra, a los pocos días una manifestación de la naturaleza caía como una plaga sobre ella como una evidente demostración de que se recibe lo mismo que se da, y que, por encima del que se cree todopoderoso se encuentra el que ostenta el poder verdadero, es  decir, el regidor de la justicia divina que imparte  a cada quien según su merecimiento. Se cosecha lo mismo que se siembra.
Sin duda el siglo XXI  comenzó con un signo evidente: la notable decadencia  de algunas naciones y el afloramiento de un nuevo orden mundial, que, gradualmente, debe ser reajustado mediante el ya mencionado nuevo contrato social.
Es preciso reflexionar, -meditar en la quietud interior- sobre cual es la vía mejor para la paz.
Pienso que es tiempo oportuno de que las naciones dejen de ser objeto de manipulación por otras de mayores influencias y poder, por cuanto el planeta es uno sólo y la humanidad, también. Hay que respetar la autonomía de los países y exigir, además, que se respete la propia dignidad.
Hay que forjar la paz. Se podría agregar que los  líderes   mundiales  cuando recurren a la violencia para resolver situaciones precisan desarrollar su habilidad de lograr los resultados idóneos por medios pacíficos, pero efectivos. El que se altera, el que amenaza, el que manipula, el que arremete con violencia no es el líder verdadero; detrás del poder aparente reside el genuino, el que mueve los hilos de los acontecimientos. Las aguas vuelven por el cauce de la paz.  Hay que meditar por la paz mundial –visualizándola- y porque el Gran Ser Supremo ilumine las mentes de todos los bandos, a los unos por cuanto sembrando el terror no van a lograr sino cargarse con un karma que los alejará indefinidamente de los logros que  pudieran anhelar, ya que el terror se le anidará en la propia alma hasta pagar la última gota de sangre y sufrimiento que han provocado. Y a los otros, por cuanto, metiéndole más leña al fuego, no es la mejor manera de extinguirlo, sino, quitándole o echándole agua u otro elemento según la clase de combustible.
Opino que el siglo XXI podría ser el escenario ideal para  concebir y llevar a cabo el nuevo contrato social, en el cual es preciso establecer una cláusula que evite que una eventual guerra pueda ser decidida por un solo individuo, ni por muchos jefes de Estados, sino por la humanidad, mediante referéndum o plebiscitos; generalmente, la gente de los bandos en conflicto no quiere la guerra; el excelente paradigma comienza a serlo la U.E.,  cuyos tratados iniciales por  vías pacíficas, después de la segunda guerra mundial, constituyeron un medio para lograr los objetivos comunes por el camino de la paz, lo cual hace posible pensar en la Unión Mundial en un tiempo cercano.

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La paz no sólo es posible sino necesaria e indispensable. Para gozarla es preciso haber actuado con equidad, y justicia, en todos los actos de la vida.

Estar en armonía con mi conciencia constituye el mayor tesoro. Sentir que el balance refleja equilibrio, orden y libertad, es un bien inestimable y da fortaleza de ánimo y serenidad inalterable en el espíritu secundada por la justicia divina que me respalda si actúo de acuerdo con sus directrices.
Empero, cuando requiero reestablecer la paz interior preciso ver donde he fallado, a quien tengo que reparar situaciones o a quien debo pedir perdón o disculpas, etcétera, de manera de quedar en libertad de conciencia y en paz, efectuando las compensaciones correspondientes y oportunas.
Cumplir con el propio deber de hijos, padres, hermanos, ciudadanos, estudiantes, amigos, cónyuges, etc., es el único camino de la paz.
Debo conocer a fondo mis deberes y derechos, de manera que, en ambos casos, cumpliendo los primeros y ejerciendo los segundos, dentro de los justos límites, pueda mantener el equilibrio de la paz, ya que, controlar que los demás respeten mis derechos también es un camino hacia la paz.
Tengo, al igual que todas las personas, el derecho cósmico para ser feliz, vivir una vida digna, tener un trabajo mediante el cual pueda servir a la humanidad y me permita cultivar los talentos y dones con que la vida me ha dotado,  auto-expresando mi potencial humano y divino, alcanzando la plenitud humana y espiritual, en un ambiente de abundancia, prosperidad,  riqueza integral, amor y armonía.
Cada día hay mayor paz en mi vida y en el planeta. Al cultivar mi paz interior irradio hacia el mundo mis efluvios de luz que, por efectos de resonancia mórfica, fortalecen los lazos de fraternidad, tolerancia, respeto, amor y prudencia en las interrelaciones y en el cuido del propio hogar privado y común: el planeta.

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Observo que entre los líderes mundiales, un gran número refleja prudencia en la toma de decisiones para el sostenimiento de la paz mundial; otros, precisan fortalecer sus convicciones.
Todo líder con funciones competentes está obligado a velar por la paz mundial o, de su respectivo país, por todos los canales regulares a su alcance, y para eso, en el respectivo contrato social, se le delegan las funciones inherentes; empero, el anhelo colectivo de paz es preciso que sea respetado.
Estimo que el deseo de paz  es unánime en todos los países del mundo. Parafraseando a un profundo pensador, Ralph Waldo Emerson, podría decirse que existen cuarenta millones de razones para la paz, pero ninguna excusa para no agotar todos los medios pacíficos posibles, salvo que el tiempo, y las circunstancias, requieran otros pasos que vayan más allá del poder de negociación inherente por los canales competentes.
Me parece que tiene sentido el espíritu del Tao cuando vislumbra que, quien demuestra el poder que ostenta quizá es porque en realidad se da cuenta de que éste es un bien compartido –no de exclusiva inherencia de una sola persona, sobre todo cuando el bienestar común debe guiar las decisiones en la elección de los mejores cursos de acciones-.
Los ciudadanos del mundo entero,  así como un gran número de líderes mundiales tienen conciencia clara de las acciones inherentes a la paz. Dale Carnegie decía, en su famoso libro “Cómo ganar amigos”, que “una gota de miel caza más moscas que un barril de hiel”. El camino de la paz cosecha siempre mejores frutos que otro diferente.
Sé que millones de personas, en todo el Planeta, diariamente, dan sus respectivos aportes mediante sus meditaciones, pidiendo al Creador Universal por la paz mundial y por las iluminación de los líderes en la toma perfecta de sus decisiones y de la ejecución efectiva de las mismas, en el desempeño del rol que se le ha confiado.
Mientras la humanidad lleve a cabo un nuevo pacto social mediante el cual se represente en forma más efectiva aún el anhelo del bien común, la meditación, y la oración, -aparte de mi propia expresión del deseo de paz y llevar a cabo acciones de buena voluntad pertinentes a la misma-, que es lo que cabe hacer a los ciudadanos del mundo-, en el fuero interno y en la propia mente, visualizo, cada día, un mundo en paz y en perfecta armonía. El amor a la paz todo lo puede.
Los líderes del futuro han de encontrar los canales institucionales suficientes para evitar que un sólo hombre pueda erigirse en dictador de un país o, que pueda decidir acciones contrarias a la paz, salvo la respectiva defensa colectiva, en el momento oportuno y con efectividad.
Algunas veces he reflexionado sobre el momento en que cada líder deja sus funciones respectivas, cuando en la quietud de su ser, y en la tranquilidad de su conciencia,  al rememorar los beneficios que aportó a la paz mundial, como percibirá las bendiciones de la humanidad –o de sus respectivos pueblos- y su nombre se llenará de gloria, aún cuando el cumplimiento del deber sea compensación suficiente; mientras que, “las lagrimas de los inocentes lloverán sobre las cabezas de quienes la hayan provocado”.  Me parece que, si el que decide una guerra tuviese conciencia de las terribles noches de tormento que le esperan cuando terminen sus funciones de poder y solitario nadie se acuerde de él, salvo los afectados que se constituyen en acreedores de los resultados de sus acciones, cuyas compensaciones, en la balanza divina, tiene que compensar inexorablemente, por cuanto, la justicia cósmica, -la del Creador Universal- paga y cobra, justamente, lógicamente, se abstendría; es un costo excesivamente elevado que, a conciencia, nadie lo asumiría.
La siguiente meditación me gusta llevarla a cabo en la quietud de mi hogar, con la cual, doy mi aporte de energía positiva para el sostenimiento de la paz y la iluminación del planeta. La paz empieza en la mente. Todo es posible si creo que puedo contribuir.
Tengo, al igual que todos, una misión en este mundo: en cada etapa la voy descubriendo interrogando mi ser  interior.
Trabajo, a mi manera,  para unificar el planeta en una sola familia; medito, periódicamente, por la paz del mundo.
Siento que formo una unidad con el cosmos y con el Creador Universal.
Estudio la obra de los sabios de todos los tiempos y países y transmito una síntesis del saber que logro asimilar en cada ciclo existencial.
 Formo una unidad con el Creador Universal; siento, cada día más y mejor mi conexión divina; permito que aflore en mi faz  la luz radiante del espíritu unido al Creador Universal, como canal de sabiduría y amor, con dedicado servicio y efectiva solución de los casos sometidos a mi consideración y competencia.
Sigo siempre adelante.

·                                 Meditación por la paz del mundo, los días jueves, entre las 22 y 24 horas, o cada vez que yo lo deseo.
·                                 Me he unido a esta cooperación por la paz y comparto el flujo de poder fruto de la suma magnético-espiritual conformada por quienes participan en ella.
·                                 Visualizo, el Planeta Tierra, envuelto en un círculo de luz luminosa o blanca, -transparente-;  luego:

Afirmo:
El Planeta Tierra es del Creador Universal, y de todos nosotros. 
El Creador Universal le protege, le guía y conduce por senderos de prosperidad, bienestar,   justicia y Paz;  le ilumina y le envuelve en un círculo de luz divina,  a él y a nosotros;  nos protege,  y nos lleva con éxito y felicidad  a cumplir  nuestro destino.
El orden divino y la armonía cósmica se establecen en el Planeta Tierra, y en nosotros,   aquí y ahora.  Hecho está; así es; así será.
Creador Universal, en Tus manos confiamos   el Planeta Tierra, y nuestras    vidas. Sea el Planeta Tierra, y nosotros, como Tú quieras, cuanto Tú deseas, de acuerdo a Tus Divinos Planes Cósmicos.
Seamos, el Planeta Tierra, y nosotros, conducidos por el  Camino  de la sabiduría, la prudencia, la comprensión, el progreso, la armonía y el orden divino, la  confianza y fe en un futuro mejor, el respeto mutuo, elevada y vigorosa auto-estima,  con Paz y ánimo contento, aquí y ahora.
Creador Universal, toda condición que en tu Justicia Divina lo requiera, en el Planeta Tierra, y en nosotros, transmútala –por la ley cósmica- en su condición positiva, instantáneamente, aquí y ahora. Hecho está. Seamos, el Planeta Tierra, y nosotros, tal como está decretado en Tus Divinos Designios. ¡Hoy!  Cada día mejor. Hecho está.
Gracias, Creador Universal, por haber escuchado nuestro pedido.
   



jueves, 10 de julio de 2014

EN EL CAMINO SUFÍ


EN EL CAMINO SUFÍ

©Giuseppe Isgró C.


El caminante recibió una pregunta directa de alguien que recorría la misma senda sufí: -“Si te despojas de los pensamientos de maestros como Rumi u otros y en la mañana, al despertarte, te miras en el espejo, observándote tal como eres, cómo te ve? Cómo te sientes?, Cómo amas? Cómo eres realmente? Es como decir: Quién eres tú cuando estás a solas contigo mismo, instante en que no puedes presumir con nadie o aparentar lo que no eres? Cómo tratas a los tuyos? Eres amables, cariñoso o un tirano? Te respetas, haciendo otro tanto con los demás? Te amas, valorando la divinidad que reside en tu interior? Eres capaz de amar a la divinidad interior que reside en los demás seres que te rodean o que encuentras en tu diario vivir? Poco más o menos, en esencia, esta era la pregunta, aparte de recibir las expresiones inherentes de simpatía.
Es mucho lo que una pregunta puede generar. Hay que dar las gracias al toparse con alguna que denota agudeza de esta índole, como si fuese planteada por un Sócrates, con la sabiduría añadida de Platón y de Rumi, simultáneamente. Quién puede sentirse preparado para estas profundidades desacostumbradas? Asemejan a los “leñazos” que impartían los maestros Zen a quienes querían “despertar” para que alcanzaran el estado de verdadera iluminación. Hacen pensar, comprendiendo!
No vayamos a creer que esa fue la pregunta de un discípulo a su maestro. No, en este caso la maestría reside en quien hace la pregunta que enfrenta, al otro, a la realidad exenta de apariencias.
La regla, en el camino, suele ser descentrar la atención del propio ego para centrarla en la Fuente. En la Fuente, se aviva la conciencia de Unidad que siempre ha existido. En la Unidad es fácil dar y recibir en grado sublime; fluye la luz, la energía, el amor y la sabiduría. La luz es el centro de la Verdad. Quién se atreve a ver la Verdad cara a cara? Tú? Yo? Quizá, hasta cierto punto! La Verdad es la meta eterna; es decir, la que existe y la que puede llegar a existir, -en el argot taoísta-, asimilándola cada quien por grados, hasta el infinito.
El pensamiento contenido en algunas preguntas es más profundo de lo que la persona misma que las plantea cree o percibe. La conciencia intuitiva permite que las palabras expresen contenidos que les trascienden.
Desconectarse de la Fuente para volver a centrarse en el ego. Es necesario? Para qué? Qué somos? Despojarse de todo lo añadido es descubrir la propia esencia, -o la propia ignorancia-, o el “conócete a ti mismo”, ni más ni menos equivalente a conocer a Dios, al Dios que reside en cada ser. Para ello sería necesario eliminar todas las capas que envuelven la luz interior, al igual que es preciso depurar, a elevadísima presión, el carbón, para descubrir el diamante que en él se encuentra encerrado. Requiere valor, fortaleza y humildad o simplicidad, hacerlo. En la naturaleza, todo es simple, sencillo; mucho más de lo que se cree o parece; la gente va en busca de cosas más complejas de lo que es requerido; temen dejar de ser importantes o se toman demasiado en serio. Es esencial vaciarse para adquirir la capacidad de llenarse con los nuevos nutrientes adecuados a las inquietudes de los tiempos. Sin vacuidad, cómo llenarse? Al coparse un determinado nivel de conciencia evolutiva, la propia esfera mental se activa automáticamente en el grado siguiente, como una esfera vacía que espera llenarse en la nueva etapa existencial desde el rango alcanzado en la anterior,  y así sucesivamente en el eterno ahora.
Parafraseando al sabio de Arunachala, Ramana Maharshi, el maestro de Paul Brunton, si se transmite y se recibe en la Unidad, -qué más se puede decir? Somos capaces de ello?
El caminante y el camino hacia la Fuente son la misma cosa: el caminante, el camino y la Fuente. Es un camino en apariencia solitario, pero aún dispersos en billones de mundos habitados, en determinadas esferas, formamos una Unidad con la Fuente y dentro de ella, todos los que vibramos al unísono. Son inexistentes las barreras de espacio y tiempo.
Una sola palabra puede decirlo todo; las hay que son alumbradoras al estilo socrático, capaces de inducir al “darse cuenta”, al percatarse. Gracias, es una palabra de gran poder que requiere mayor uso, aún. Doy las gracias por la pregunta que permite estas reflexiones. Es preciso, cada día, expresar gratitud por todo y a todos, como eslabones útiles de la Unidad.
Anclarse en Rumi, el segundo Mahoma es anclarse bien; o en cualquier otro maestro, como Shakyamuni, -Sidharta Gautama-, cuya inmensa obra elaborada por sus discípulos es apenas conocida; Pitágoras, Confucio, Apolonio de Tiana, o Hipolite León Denizard Rivail, por ejemplo. Empero, es indispensable trascender a todos los maestros y a todas las corrientes de pensamiento, pese a que el caminante debe conocerlos –y sintetizarlos- en su totalidad, conjuntamente con sus doctrinas,  para convertirse en un auténtico pensador, con autonomía mental y brillar con luz propia, con visión de líder, para ser, en primer lugar, dirigente de su propio aprendizaje.
Formar la Unidad en la Rueda de la Vida o en el Círculo y el Signo Más, es esencial. Adquirir conciencia de que ya se forma, -de manera indisoluble y permanente- canaliza los sentimientos de los atributos divinos, dando y recibiendo, cada quien, valor por valor, expresando gratitud al abrir los ojos y mirarse la cara en el espejo, cada mañana, tal como somos. Qué somos, si hemos emanados de la Fuente y el inmortal y eterno Espíritu es de la misma naturaleza espiritual que la Fuente?
En la trascendencia de la materia, en la Unidad de la conexión divina, es factible dar o recibir lo que ningún sentido físico es capaz de percibir o experimentar. Esa sutil vibración es la que sólo se puede transmitir y/o recibir de Espíritu a Espíritu, por medio del silencio.
Es válido preguntarse: Tanto hablar para no decir nada? Lao Tse, decía: -“El que habla no sabe; el que sabe, no habla”. Es posible. También lo es que el que no habla, en la mayoría de las veces es porque, realmente, no sabe, tal como se lo demostró Sócrates a Ión, al hacerle ver que su dominio de la escenificación de la obra homérica era por inspiración y no por el cultivo del arte. Expresaba contenidos mentales que electrizaban a sus oyentes, sin embargo, estaba muy lejos de explicar su significado o de entenderlo.
En la Apología de Sócrates, se demuestra como, al buscar el filósofo ateniense entender por qué la Pitonisa del Oráculo Délfico lo había designado como el hombre más sabio, se aprestó a visitar a todos aquellos a quienes consideraba como más sabios que él, y al formularle diversas preguntas claves se percató de que todos ellos creían saber mucho más de lo que realmente sabían, pero que no se daban cuenta de lo que ignoraban. Entonces, reflexionó, que la única razón por la cual había sido elegido como el más sabio no era porque supiera más que los otros, sino porque él sí se daba cuenta de lo que no sabía, acuñando aquel famoso aforismo, -aunque poco conocido tal como lo expresó-: -“Yo sólo sé que no sé aquello que no sé”-.
Igual le acontecía a la gata del cuento Zen que había aprendido a triunfar sin hacer daño; cuando los demás gatos le preguntaron cómo lo hacía, simplemente, no lo sabía; es decir, no sabía cómo ni porque sabía. Había desarrollado la conciencia perceptiva que le permitía saber sin saber, por intuición o por inspiración, por la fuerza de bloqueo y por la de empuje y por la percepción espiritual de los sentimientos, en la propia conciencia, equivalentes a los valores universales o atributos divinos inherentes a cada ser.
Empero, la fábula del rosal, de Niko Kazantzakis, es muy expresiva, cuando las ortigas le pidieron al rosal que le enseñara su secreto para hacer las rosas. Le contestó: -“Mi secreto es muy simple. Durante todo el invierno, con paciencia, confianza y amor yo trabajo la tierra y solo tengo una cosa en mi mente, la rosa. Las lluvias me azotan, los vientos me deshojan, las nieves me cubren, pero yo solo una cosa tengo en mi mente, la rosa. Éste es mi secreto, hermanas ortigas”-.
De igual manera, el caminante, -sufí, taoísta,  budista zen, espirita, yogui, filósofo, científico, masón, teósofo, rosacruz, martinista, cabalista, poeta, humanista, existencialista, o simplemente, libre pensador, frente a todas las pruebas de la vida, y a todas las circunstancias que afronta o asume, en la sencillez de la vida diaria, sólo una cosa tiene en su mente: la conciencia de la Unidad con la Fuente y meditando en la Fuente y en los valores que conforman los atributos divinos, adquiere la capacidad esencial, o la conciencia intuitiva, de dar valor por valor, en armonía con el Todo y con Todos, realizando la parte que le corresponde en la Gran Obra de acuerdo a los planes trazados por el Gran Arquitecto del Universo.

EL SUFISMO Y LA MUJER

 Si tomamos en cuenta que el inmortal Espíritu del ser humano no tiene sexo y que de igual manera puede animar un cuerpo de hombre u otro de mujer según el plan de vida elegido para un determinado ciclo de vida, la práctica mística del sufismo tiene igual importancia y trascendencia tanto para el hombre como para la mujer.

Dónde reside, entonces, la diferencia?

Hay alguna diferencia?

En principio, no existe diferencia alguna, sobre todo si centramos nuestra atención en el inmortal Espíritu y en la esencia del ser y la relación espiritual con su creador, mediante una practica de espiritualidad directa, sin intermediarios, centrada en Él y en la meditación de sus atributos divinos o valores universales, como fuente de ejercicio de todas las virtudes.

Ahora, que ya existe un reconocimiento más real sobre la equivalencia de las capacidades generales de ambos seres, la práctica mística del sufismo aporta beneficios por igual tanto a la mujer como al hombre. -Dónde podría existir una ligera ventaja para la mujer en relación al hombre? En la sensibilidad femenina, que por su misma naturaleza le hace más perceptiva o intuitiva; más creativa y receptiva, sin olvidarnos que por el rol de creadora física de la vida, en cooperación con el hombre, cumple funciones que trascienden las de éste y convierten a la mujer en un ser verdaderamente especial.

Precisamente, ese rol especial de la mujer, sublimizado con una práctica espiritual elevada, como lo es la del sufismo, que permite adquirir conciencia de la unidad que el ser conforma con su Creador, y por medio de esa conexión con la fuente, el ser se eleva, depura y embellece integralmente, volviéndose un ser majestuoso.

La constante meditación en los atributos divinos, además de la práctica del Dzikr, o el constante recuerdo del Creador, -mediante la repetición de su nombre- le permite desarrollar una elevada conciencia de los valores universales, soporte de las leyes cósmicas y fundamento y guía en la práctica de todas las virtudes, evidentemente, la mujer, inspirada por esa sabiduría divina que fluirá sin límites, al cumplir su rol de compañera, madre y guía de las nuevas generaciones, podrá imprimir en los niños que va educando esos mismos principios y valores, encaminando a la humanidad hacia su verdadera misión.

Es preciso recordar que, además, la mujer, hoy en día, está asumiendo roles importantes en todas las actividades humanas y lo está haciendo muy bien, compitiendo ventajosamente con el hombre, a tal punto que gran número de empresas, a nivel mundial, la prefieren como trabajadora en un grado muy superior al del hombre, para una gran diversidad de cargos.

Cuando a la mujer le toque jugar roles de legisladora, si se ha cultivado en los valores universales del sufismo, y los sustentados por corrientes de pensamientos similares, tales como el Budismo Zen, el Taoismo, el Espiritismo, la Teosofía, el Martinismo, la Cábala, la Masonería, y la filosofía platónica, es decir: la Doctrina Universal, sin duda prestará un valioso concurso para gestar esa sociedad que será lo más parecido a esa nueva edad de oro con que han soñado los grandes utopistas.

Una mujer cultivada en la espiritualidad mística del sufismo, desarrollando al máximo su potencial humano, comenzará a dejar de ser un simple objeto físico, y su dignidad autodefinida le impedirá ser explotada de múltiples formas como hasta ahora y directamente, obligará al hombre, de manera general, a valorarla y respetarla en mayor grado aún.

Sin duda que, al descubrir la mujer su divinidad interior y cultivar su ser de acuerdo a los atributos divinos del Creador, contribuirá a transformar, automáticamente, a toda la sociedad, encaminándola hacia su verdadero derrotero.

Imaginemos, por un momento, como se sublimizará la belleza femenina con un Espíritu depurado espiritualmente por la meditación de los valores universales y la práctica de todas las virtudes, en conexión divina. Cuan enriquecedor será compartir una existencia tan llena de contenido superior y el efecto positivo en su compañero e hijos, y en la sociedad en general por efecto de la resonancia magnética o campo morfo-genético.

Es preciso educar a la mujer para su emancipación total. Todavía, grupos de intereses que no se resignan en la transformación de la humanidad hacia la verdadera nueva era, aún por medio de la manipulación de la mujer quieren ejercer un control tipo inquisitorial en la sociedad. Al adoctrinar a la mujer, ésta se ocupa de hacerlo con sus cónyuges e hijos, y de esta manera, existen grupos que quieren perpetuar el oscurantismo en forma camuflada. Pero, la emancipación de la humanidad y de la mujer, es inevitable, por ser llegado el momento y el sufismo, al igual que todas las corrientes de pensamiento válidas de que se dispone, como herencia de todos, debe constituir una fuente de estudio constante.

Ese estudio de todas las fuentes constituye la Doctrina Universal; su único objetivo: la búsqueda de la verdad universal en todas sus vertientes.

El sufismo es un camino muy importante hacia la búsqueda de la verdad universal y acerca a cada ser a la fuente: el Ser Universal, en una espiritualidad directa, por medio del constante recuerdo, hasta percibir la Rueda de la vida o el Círculo y el Signo Más, meditando en Él y sus atributos divinos, adquiriendo, cada vez, una más clara conciencia de la Unidad perfecta e indisoluble.

Recordemos algunos aforismos de Ibn Arabi:

1.   –“Dedícate al recuerdo de Allah con cualquier tipo de dzikr. El más elevado de ellos es el Nombre, la repetición de la palabra Allah, Allah, Allah, sin añadir más”. –

2.   –“Que tu resolución al entrar en el retiro sea: “Lo que Allah quiera” y “Nada se le asemeja”-.

3.   –“Insiste en tu dzikr-recuerdo hasta que descubras a aquel al que recuerdas”-.

4.   –“Sabrás –ahí- que todos los caminos son circunferenciales y que no hay ninguno lineal”-.